Cada intervención pública de Juan Roig, presidente de Mercadona, sirve para reivindicar la figura del ‘jefe’. No en el sentido literal y el que se refiere a una escala jerárquica dentro del modelo corporativo, sino a quien el empresario valenciano considera que es el auténtico mandamás dentro de cualquier compañía o, al menos, dentro de la suya: el cliente.
Tal es el grado de relevancia que otorga Roig, quien cumple hoy 77 años, que asume que más allá de una elección adecuada de productos, de la distribución interna o de una red logística que permita abastecer los puntos de venta de manera adecuada, el cliente es quien mayor grado de influencia tiene para un negocio: «Tiene el poder sobre la vida o la muerte de una empresa», destaca el empresario valenciano.
Ahí está el argumento principal que sitúa al cliente en el vértice de la pirámide organizativa de Mercadona. Para la compañía de distribución, comprender y satisfacer las exigencias de quien entra diariamente en sus establecimientos representa una garantía de supervivencia empresarial en un mercado altamente competitivo en el que la confianza con el cliente debe establecerse diariamente, sin darse por sentada.
El máximo dirigente de Mercadona recordó el peso capital que tiene el cliente en su filosofía empresarial desde la tribuna del Congreso AECOC, celebrado en octubre de 2025 en el Roig Arena, el pabellón de la capital valenciana que lleva su nombre. Allí, subrayó el peso determinante que ejerce la demanda en el devenir de cualquier negocio y, en consecuencia, la necesidad de decidir en función de lo que el cliente requiera. Un aspecto que, entre otras cuestiones, llevó a la cadena a tener que rectificar el cambio de modelo de venta de los productos frescos.
El mero hecho de catalogar al cliente como ‘el jefe’ ya ofrece una perspectiva del peso que le confiere Juan Roig dentro de su organización. Con una red de establecimientos que supera los 1.600 locales entre España y Portugal, Mercadona busca en todo momento satisfacer las necesidades de los clientes desde la sencillez, la reducción de propuestas en beneficio de los productos de calidad con los que el cliente va a «acertar en lugar de elegir» y la cobertura de las necesidades básicas de los compradores.
En palabras de Roig, las demandas esenciales del público van más allá del suministro básico para cubrir solicitudes cotidianas y compras recurrentes: «Es el cliente el que quiere que le llenemos la tripa, aseo personal y del hogar, pero desde nuestro punto de vista lo que quiere es seguridad alimentaria, calidad, servicio, surtido y presupuesto», ha explicado el ejecutivo a la hora de detallar los pilares estratégicos de la compañía.
Es por ello que la estrategia de la compañía pasa por ejercer de filtro de calidad para garantizar la mejor elección posible al comprador. «Nosotros, además, queremos que el cliente acierte, no queremos tener todos los productos del mercado, sino que hemos de seleccionar lo mejor para el jefe», ha remarcado el presidente de Mercadona.
Un camino en el que, además, han tenido un peso fundamental los interproveedores, figura que también quiso ensalzar el propio Juan Roig durante su discurso: «Para conseguirlo hemos de tener interproveedores de confianza, que sean especialistas en lo que hacen».
Se trata de un modo de reafirmar el compromiso del grupo con las dos bases sobre las que cimenta su expansión y crecimiento: por un lado, la búsqueda de la satisfacción del cliente como elemento definitorio del futuro de cualquier negocio; por otro, una red sólida de proveedores que garantice la eficiencia y la calidad necesarias para dar una respuesta ágil a quien sostiene y justifica la actividad de la empresa: el consumidor.