Este negocio ilegal supera en facturación a muchas de las mayores empresas de Colombia
Un estudio alerta que este fenómeno podría repetirse con los llamados minerales de transición, en los que Colombia tiene gran potencial.
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Justo cuando se cumple un año del acuerdo comercial que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, firmaron en un club de golf de Escocia, el mandatario de la Casa Blanca ha reavivado la guerra comercial con una nueva tanda de aranceles a todo el mundo, Unión Europea incluida. Este viernes vencía la tasa global del 10% que impuso tras su regreso al poder con el objetivo, dijo, de "reequilibrar" las relaciones comerciales. Con aquella decisión, la UE se vio salpicada por el pulso arancelario del magnate republicano, pero, un año después de la tregua, los datos indican que los Veintisiete han resistido bastante bien el envite.
En virtud del acuerdo alcanzado hace un año, Estados Unidos se comprometió a mantener un arancel máximo del 15% a las importaciones europeas, a cambio de que la UE aumentara sus inversiones y compras estratégicas, y rebajara sustancialmente los gravámenes a los productos estadounidenses. Según datos de la Comisión Europea, el comercio entre Estados Unidos y la UE creció en 2025 un 4,5% respecto al año anterior. En total, el intercambio alcanzó un valor de un billón ochocientos mil millones de euros. Aunque el bloque mantiene un superávit comercial con respecto a los americanos, este se redujo ligeramente, de un 1,3% a un 1%, lo que equivale a 20.000 millones.
Si miramos solo los bienes, tanto las importaciones como las exportaciones de la UE a Estados Unidos aumentaron en los últimos meses. Si nos centramos en los servicios, las exportaciones europeas se mantuvieron, mientras que las importaciones vieron un incremento notable: 8,1%. Fuentes comunitarias reconocen que la situación varía notablemente de un sector a otro. "Si analizamos un poco más a fondo y examinamos sector por sector, veremos algunos sectores donde sí ha habido un impacto. Los automóviles son un ejemplo", reconocieron. De hecho, en el caso de los coches, las exportaciones "han caído significativamente".
Bruselas argumenta que el acuerdo ha permitido dar una cierta estabilidad a los exportadores. Aunque lo cierto es que el coste es importante. Los exportadores europeos pagan ahora alrededor de 31.000 millones de euros en aranceles adicionales, en comparación con los 7.000 millones de euros que pagaban antes del aumento del gravamen.
La UE se comprometió en Escocia a "eliminar los aranceles sobre todos los productos industriales estadounidenses y proporcionar acceso preferencial al mercado para una amplia gama de productos agrícolas y pesqueros estadounidenses". Y lo ha hecho. El pasado mes de junio la Eurocámara y el Consejo, donde están representados los gobiernos del bloque, aprobaron formalmente la medida.
Lo hicieron, eso sí, introduciendo una serie de salvaguardas para cubrirse las espaldas. Pactaron un mecanismo que permita hacer frente a posibles aumentos significativos de importaciones procedentes de Estados Unidos "que causen o amenacen con causar graves perjuicios a los productores nacionales". Además, dejaron la puerta abierta a suspender las medidas si Washington no respeta su parte del trato.
Porque Estados Unidos ha cumplido su promesa, mantener un arancel máximo del 15% sobre las importaciones desde territorio comunitario, pero no sin altibajos. Desde que Trump y Washington sellaron el pacto en julio del pasado año, el presidente de Estados Unidos ha amenazado varias veces a la UE con nuevos gravámenes o con un incremento del mismo.
Estados Unidos se comprometió a hacer varias excepciones a ese arancel del 15%, dando un trato preferencial a ciertos productos como aviones y sus componentes, ciertos medicamentos y algunos químicos. Todos, productos que eran importantes para la industria estadounidense.
Washington y Bruselas se comprometieron a "considerar" otros sectores "importantes para sus economías". La UE quería incluir sectores clave como, por ejemplo, el vino. Pero esa negociación no ha dado sus frutos. El comisario europeo de comercio, Maros Sefcovic, ha asegurado en un comunicado que han elaborado una lista compartida "recientemente" con sus homólogos estadounidenses para abordar la cuestión. Según fuentes comunitarias, esa lista incluye sectores importantes para el bloque, pero también algunos productos de los que se beneficiaría Estados Unidos. "Por ejemplo, tenemos componentes necesarios para la producción de energía, la extracción y el transporte de gas natural licuado", explicaron.
Les interesa a ambos porque otra de las promesas de la UE es "adquirir gas natural licuado, petróleo y productos de energía nuclear estadounidenses, con un volumen de compras estimado en 750.000 millones de dólares hasta 2028". Según la Comisión Europea, los operadores europeos hicieron compras por valor de 250.000 millones de dólares en 2028. "La relación de inversión en energía ha experimentado un crecimiento muy, muy significativo durante el último año", han asegurado fuentes comunitarias. "Vemos una serie de contratos a largo plazo que se están firmando con compradores europeos esencialmente en toda Europa", añadieron, insistiendo en que creen que se cumplirá el objetivo.
Los europeos buscan proveedores alternativos a Rusia, e incluso antes de la guerra comercial, se habían incrementado las compras a EEUU. Pero en la práctica, Bruselas no puede comprometerse a ninguna cifra porque en último término, esto depende de las necesidades y la voluntad de empresas privadas. No existen modelos de compra conjunta por parte del Ejecutivo en este ámbito. Lo mismo ocurre con otra de las promesas. "Se prevé que las empresas europeas inviertan 600.000 millones de dólares adicionales en sectores estratégicos de Estados Unidos hasta 2028", firmaron las partes en julio. Pero esto depende también de los planes de inversión de empresas privadas.
El Ejecutivo comunitario ha asegurado que, desde 2025, las empresas europeas han anunciado planes de inversión en Estados Unidos por valor de 242.000 millones de euros (280.000 millones de dólares). También confía en que se cumpla con lo pactado, pero no tiene garantías.
La UE y Estados Unidos se comprometieron a cooperar en un sector de especial importancia para ambos, el aluminio y el acero, "para proteger sus respectivos mercados nacionales del exceso de capacidad". Al mismo tiempo dijeron que trabajarían para garantizar las cadenas de suministro, "incluso mediante soluciones de contingentes arancelarios".
Esta promesa se ha cumplido a medias. Bruselas ha hecho su parte, Washington, no. Este mes de julio entró en vigor un nuevo modelo que limita la cantidad de acero que puede importarse al bloque libre de aranceles e incrementa el gravamen una vez se supera la cuota del 25% al 50%, al nivel de Estados Unidos. La UE buscaba a cambio que Washington rebajara los aranceles a productos europeos derivados del acero. Algo que, de momento, no se ha cumplido.
Fuentes comunitarias defendieron que el acuerdo ha permitido tener "estabilidad y relativa previsibilidad" en lugar de "aranceles volátiles y escalatorios". El propio comisario de comercio ha insistido en que "un año después de la firma del acuerdo comercial entre la UE y EEUU, la historia se caracteriza por el cumplimiento, la estabilidad y la cooperación constructiva". Pero lo cierto es que la historia es más compleja y no ha acabado. Desde que se firmó el acuerdo, Trump ha amenazado en repetidas ocasiones a la UE con aumentar los aranceles. En algunos casos, por no cumplir con lo pactado, en otros, como en la disputa por Groenlandia, como herramienta de presión política. Esa estabilidad es, en realidad, frágil.
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La guerra entre Estados Unidos e Irán reabre un viejo frente en uno de los lugares más vulnerables de la economía mundial: las rutas por las que circula buena parte de la energía que consumen las principales potencias. El recrudecimiento de los ataques ha colocado bajo presión simultáneamente el estrecho de Ormuz, a la salida del golfo Pérsico, y el de Bab el-Mandeb, que conecta el mar Rojo con el océano Índico. El riesgo dejó de ser una amenaza teórica después de que los hutíes de Yemen anunciaran ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo. La ofensiva amplió una guerra hasta ahora concentrada alrededor de Irán y del golfo Pérsico hacia una segunda arteria fundamental para el transporte de crudo. La respuesta de Donald Trump fue prometer nuevos castigos contra Teherán y sus aliados, mientras el Ejército estadounidense completaba su decimotercera noche consecutiva de bombardeos sobre territorio iraní. Los mercados reaccionaron de inmediato. El barril de Brent, referencia en Europa, cerró el jueves en 100,69 dólares después de subir un 7% en una sola sesión. Se trata de su precio de cierre más elevado desde mayo y supone un incremento cercano al 40% desde el comienzo de la guerra a finales de febrero. El temor no se limita a que desaparezcan barriles del mercado, sino que también incluye el aumento de los seguros, los fletes y el tiempo necesario para trasladar cada cargamento. Del golfo al mar Rojo La nueva escalada altera el mapa energético de Oriente Próximo. Durante los últimos meses, el foco había estado situado sobre Ormuz, por donde salían las exportaciones de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Las restricciones a la navegación obligaron a algunos productores a reducir su actividad y a buscar vías alternativas para colocar su petróleo en los mercados internacionales. Arabia Saudí consiguió amortiguar parte del golpe utilizando su oleoducto Este-Oeste, que transporta crudo desde los campos próximos al golfo Pérsico hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. La infraestructura tiene una capacidad cercana a los siete millones de barriles diarios, aunque solo alrededor de cinco millones estarían disponibles para exportaciones. Emiratos cuenta, por su parte, con una conducción hacia Fuyaira, situada fuera de Ormuz. Son las principales alternativas terrestres de la región, pero no pueden sustituir todo el volumen que normalmente navega por el estrecho. El problema es que el crudo enviado a Yanbu todavía necesita atravesar Bab el-Mandeb para llegar por la ruta más corta a los grandes compradores asiáticos. Los ataques hutíes amenazan ahora precisamente esa salida. La vía utilizada para esquivar el bloqueo iraní puede convertirse así en el segundo punto de estrangulamiento del conflicto. Los hutíes aseguran haber atacado con misiles y drones los petroleros saudíes Encelia y Layla. Al menos uno de ellos emitió una señal de socorro cerca del puerto de Jizán después de sufrir un incendio en la proa. Aunque no todos los detalles han podido confirmarse de forma independiente y el tráfico marítimo no se ha...