Con una mirada puesta en el mediano plazo, hemos planteado desde la Fundación Producir Conservando una agroindustria al 2035 que exporte entre 75.000 y 85.000 millones de dólares. Datos de la Secretaría de Agricultura dan cuenta de un récord de 52.300 millones de dólares exportados por la agroindustria en 2025, sobre un total vendido por el país de 87.100 millones de dólares.
La agroindustria en 2025 representó el 60% del total exportado y tuvo un crecimiento del 9% respecto de 2024. El planteo entonces es lograr en 2035 un promedio de 80.000 millones exportados por el sector y ello implica un crecimiento del 53%, esto es crecer algo más de un 5% anual los próximos 10 años.
El resto de los motores del crecimiento de las exportaciones en la Argentina al 2035 (energía, minería y la industria del conocimiento) crecerán a tasas anuales mayores que el 5% citado anteriormente y ello los pone en el escenario hoy casi con exclusividad, pero arrancan desde niveles mucho menores. Las proyecciones oficiales marcan que al 2035 la energía lograría exportaciones de 40.000 a 50.000 millones de dólares que es dentro de diez años algo menos de los 52.000 millones de dólares exportados hoy por la agroindustria.
El desafío de las cadenas agroindustriales es no solo lograr una mejora significativa en los volúmenes exportados, sino en el valor promedio en dólares por tonelada.
Para ello, por un lado, con un adecuado marco macroeconómico se deberán utilizar todas las tecnologías disponibles para mejorar productividad y eficiencia en todas las distintas etapas de las actividades realizadas. En forma simultánea, lograr condiciones que incentiven a agregar valor a las materias primas producidas a través de un mayor procesamiento industrial y diferenciación por calidad de productos, mejorando de esta forma el valor unitario por tonelada exportada y por tonelada producida.
Sin dudas, el logro de nuevas inversiones para aumentar valor en el procesamiento industrial en las distintas zonas productivas y producir productos de mayor calidad y precio final es el desafío que viene para las cadenas agroindustriales. Ello generará en forma adicional nuevos empleos y el esperado derrame al conjunto de la sociedad del crecimiento planteado.
La diferenciación del precio final obtenido tendrá que ver con el tipo de producto, la calidad del mismo, el nivel de proteína, presentación y trazabilidad del proceso productivo y valores intangibles como la sustentabilidad ambiental del proceso productivo mirado como balance final.
Este proceso de diferenciación y agregado de valor ya se ha iniciado por ejemplo en el complejo oleaginoso, generando biodiésel, harinas proteicas y aceites de distinta calidad en los granos forrajeros y su transformación a proteínas animales, en la cadena láctea, donde a pesar de algunos problemas puntuales se generan aumentos de productividad y mayores inversiones en procesamiento industrial y agregado de valor. Sin dudas el camino es este y la Argentina recién está comenzando a transitarlo.
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