Quien ha visto perdida toda su credibilidad es Hugo Tlalpan Luna, el secretario general del sindicato de Volkswagen, quien el fin de semana enfrentó con severidad el cuestionamiento de por qué no avisó, no alertó, del proceso de despido de cientos de trabajadores de la planta automotriz. Un conflicto que lo ha rebasado por completo, ya que nadie le cree su versión de que él no tenía conocimiento del ajuste laboral que ha emprendido la empresa alemana y que dejaría en la calle a más de mil 300 obreros.
Los reclamos han llegado hasta el seno del Comité Ejecutivo del Sindicato Independiente de los Trabajadores de la Industria Automotriz Volkswagen de México (Sitiavw) que, se supone, es un órgano controlado por Tlalpan, pero en el cual han aflorado sentidos reclamos de que no se está haciendo un correcto manejo del Sitiavw para enfrentar una de las mayores olas de supresión de puestos de trabajo en la empresa más importante del estado de Puebla.
A todos tomó por sorpresa que cuando se suponía que el único tema laboral pendiente era esperar la votación de la oferta salarial y contractual –del 10.04 por ciento– que la semana pasada presentó la empresa, el viernes por la mañana se desató un despido masivo de obreros, que se había alertado desde un año atrás.
El problema es que Tlalpan en lugar de hablar del tema y fijar una posición sindical, optó por el silencio. No dio la cara a las bases del sindicato y en general a la opinión pública.
Sus únicas expresiones que se conocieron –a lo largo del viernes– en conversaciones de WhatsApp se redujeron a la insignificante respuesta que versaba: “Estamos atendiendo el tema”.
Los pocos obreros que lo pudieron ver ese día, con sorpresa y rabia, indicaron que su dirigente gremial estaba más preocupado en advertirles que no debían hablar con la prensa sobre el tema de los despidos, en lugar de definir una estrategia de lucha en contra del cese masivo de operarios de compañía teutona.
Un comportamiento que en cuestión de horas ha derrumbado por completo su autoridad y su credibilidad frente a los casi 7 mil trabajadores de VW que, lo mínimo que esperaban, es que su dirigente gremial emitiera una posición firme de rechazo a la reducción de la planta laboral, que podría alcanzar hasta el 20 por ciento de los asalariados de la trasnacional.
El viernes desde muy temprano, Hugo Tlalpan se concentró en las oficinas del Sitiavw. Creía que era un centro seguro de refugio. Eso no fue así.
A las pocas horas de que se fueron multiplicando los despidos de obreros y sobre todo, cuando el consorcio anunció que se suprimió el tercer turno laboral que participa en el armado de los modelos Jetta y Tiguan, docenas de obreros llegaron a las puertas del Sitiavw a exigir una respuesta.
Esa situación provocó que, de manera improvisada, se convocara a un pleno del Comité Ejecutivo del sindicato, según cuentan fuentes bien informadas.
Tlalpan supuso que los miembros de la dirigencia iban a “cerrar filas” en torno a la conducción que ha decido darle al sindicato en estos momentos de crisis.
Ese cálculo no le funcionó al secretario general. A los pocos minutos de iniciar la reunión, el ambiente se llenó de tensión y se polarizó, pues se formaron dos grupos: los que todavía se atrevían a defender a Tlalpan y los que empezaron a reclamar al dirigente su errático comportamiento.
La “chispa” que prendió los ánimos fue cuando Tlalpan dijo que no sabía de los despidos.
De inmediato se escucharon gritos y reclamos, siendo uno de ellos que decía: “Ustedes cuatro era imposible que no supieran nada de los despidos, a nosotros no nos pueden mentir”, en clara alusión a Tlalpan Luna y los cuatro secretarios que ocupan las carteras de Trabajo A, B, C y D del Comité Ejecutivo.
La sesión no pudo concluir y no tuvo mayor alcance porque de las palabras se pasaron a los golpes.