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Nevaco Global
21 de junio de 2026

Panorama. Ya nada será igual: la crisis de Trump, la lucha de clases y el fantasma que acecha a Milei

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Javier Milei en sus paradojas. Mientras el gobierno festeja lo que considera éxitos en su política económica, el descontento social crece por la situación de la economía real y los escándalos de Adorni, a la vez que sus aliados Donald Trump y Benjamin Netanyahu atraviesan una crisis histórica que conmociona a todo el planeta. Momentos claves y difíciles de la rebelión popular en Bolivia, que enfrenta la traición y la represión en la frontera norte de nuestro país. La lucha contra Milei, inseparable de las peleas junto a los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Para calibrar lo que pasa, conviene retroceder un poco en el tiempo y recuperar una imagen. La de la madrugada del 27 de octubre de 2025. Esa noche, la sensación de Javier Milei era de euforia. No de cualquier euforia, sino de esa típica que se siente tras haberse salvado de un gran peligro. Atrás habían quedado Espert, la huída en moto de Lomas de Zamora, el 3 % de Karina, las derrotas legislativas una detrás de la otra, la paliza sufrida en la provincia de Buenos Aires, la corrida cambiaria que hacía pensar que todo se aproximaba al final. Cuando ese domingo, después de semanas agónicas, se terminaron de contar los votos, él tenía muy claro a quién tenía que agradecer por haberlo rescatado cuando estaba a punto de caer al precipicio. Tomó entonces su celular, abrió la red social de Elon Musk y escribió: “Gracias Presidente Donald Trump por confiar en el pueblo argentino. Nuestras Naciones nunca debieron dejar de ser aliadas. Nuestros pueblos quieren vivir en libertad. Cuente conmigo para dar la batalla por la civilización occidental, que logró sacar de la pobreza a más del 90% de la población mundial”.

No eran las Fuerzas del Cielo las que lo habían salvado, aquellas cuyos orígenes para pensar el esoterismo de los hermanos Milei Juan Luis González rastreó en una vieja anécdota familiar, sino los billetes verdes del norte. Aquel rescate histórico, aquella intervención directa e inédita del Tesoro de los Estados Unidos sobre la política argentina que actuó como chantaje electoral, le había dado una segunda vida a Javier Milei cuando en el horizonte se avizoraba lo peor para él. Pero en ese mismo punto de apoyo de aquel momento se encuentra hoy el Talón de Aquiles del gobierno de La Libertad Avanza: de ahora en más no se puede pensar el devenir de su mandato sin tener en cuenta el factor de que su salvador Donald Trump atraviesa una crisis histórica, que ha quedado de manifiesto esta semana.

Javier Milei tiene a sus aliados (en crisis) en el escenario internacional, y nosotros tenemos a los nuestros en todos aquellos y aquellas que luchan contra el imperialismo, la explotación y la opresión en distintas partes del mundo. De eso trata esta nota.

La agenda del debate público local, en su gran mayoría, ignora o disminuye la importancia de estos hechos. Las pantallas de TV, las portadas de los diarios, los comentarios en buena parte de las radios, están copados por el mundial y los escándalos de Adorni. A lo sumo, Trump aparece como un tema “internacional”. De Bolivia ya casi ni se habla.

De un lado, el oficialismo mileísta intenta vender lo que considera algunas buenas noticias económicas, como la baja del riesgo país, un índice de inflación algo menor al del verano o un saldo positivo de superávit comercial que presentan como una “demostración” del supuesto éxito de su modelo, encaminado a profundizar cada día más el extractivismo (y para nada exento de escándalos en su camino, como la reciente privatización de la hidrovía Paraguay-Paraná, por la cual circula gran parte del comercio exterior argentino).

Del otro, la mayor parte de los partidos de oposición del régimen busca capitalizar la secuencia infinita de escándalos del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para desgastar el capital político de La Libertad Avanza, con miras a las elecciones de 2027. Aprovechan también el inevitable ruido mediático que provoca la corrupción oficialista para que sus internas pasen por debajo del radar de los temas que le interesan a la mayor parte de la población. Es el caso del peronismo que, por ejemplo, estuvo estos días sumido en pirotecnia verbal tras las declaraciones de la legisladora “axelista” Bereni Yañez, quien pidió que Cristina Kirchner “deje de hinchar las bolas”. Entre Adorni y el mundial, la decadencia de esta interna queda en segundo plano.

En el medio, también existen dirigentes oficialistas y semioficialistas como Patricia Bullrich y Mauricio Macri que aprovechan el mayor desprestigio del gobierno para ensayar juego propio y posicionarse de cara a las elecciones de 2027. Es parte de este cuadro la prefiguración de variantes de “mileísmo sin Milei”, llegado el caso. No pocos exponentes del gran poder económico y de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) están detrás de estos movimientos, que también están ligados a los enfrentamientos del gobierno con Paolo Rocca, Javier Madanes Quintanilla y a algunas de las principales tensiones del modelo económico, como la apertura comercial o el tipo de cambio.

Todos estos espacios, sin embargo, tienen algo en común, que es darle la espalda a la agudización de la crisis social. De parte del gobierno, las “buenas noticias” de su modelo financiero y extractivista van acompañadas de la crisis de buena parte de la economía real y la dura situación de sectores claves como la industria, el comercio o la construcción. Un dato nada más: a la par del hundimiento de los salarios, las jubilaciones y la pérdida de puestos de trabajo, durante el primer cuatrimestre, de acuerdo a datos del Indec, las ventas en supermercados se hundieron 3,3% frente al mismo período de 2025, y los mayoristas 3,2%. Por su parte, el peronismo, enfocado nada más en denunciar y preparar las elecciones, sostiene de hecho a Milei para que haga el trabajo sucio hasta el lejanísimo diciembre de 2027, sin proponerse enfrentar ni mucho menos derrotar sus planes antes. Si para muestra basta un botón, allí estuvieron los votos que el peronismo le aportó en el Senado al gobierno para el nombramiento de jueces. O, también, la CGT, completamente borrada en el medio de una situación difícil. E incluso dirigentes como Juan Grabois se han tomado un mes entero de silencio, mientras mantuvo una oscurísima reunión con el magnate de ultraderecha Peter Thiel, vinculado a la inteligencia artificial al servicio de las guerras de Estados Unidos e Israel.

Pero hay más: en todos estos cálculos, parece estar ausente o muy disminuída la situación internacional y su impacto en Argentina, cuyo destino debería ser imposible de pensar por fuera del caos del orden mundial.

Sin ir más lejos, en la frontera norte de nuestro país, en Bolivia, van más de 50 días de rebelión popular contra el ajuste y la represión asesina del presidente Rodrigo Paz, apoyado por Donald Trump y el gran poder económico al que favorece con sus medidas. Este viernes se declaró el estado de excepción, luego de que la COB traicionara y pactara con el gobierno, allanándole el camino para intentar dejar aislados a los bloqueos, marchas y resistencia campesinos y populares, que desde hace casi dos meses despliegan una enorme fuerza social. La rebelión en Bolivia es importante también para nuestro país, porque en la lucha de clases está en potencia la posibilidad de ser un puntapié de la contraofensiva contra los planes del imperialismo en la región, y es por eso que en estos momentos la buscan derrotar con represión y traición. Vale recordar que Estados Unidos, por ejemplo, considera que Bolivia, junto a Chile y Argentina, son parte del “triángulo del litio” que el país del norte considera como un tema de seguridad nacional para sí mismo, en la disputa geopolítica con China. Milei apoya a Paz e incluso le envió un avión Hércules con ayudar Apoyar entonces la rebelión popular es apoyar la pelea contra el saqueo y el extractivismo y es parte indisociable de la propia lucha contra Milei o contra Kast y los planes del imperialismo en la región. La federación campesina Túpac Katari y otras organizaciones se pronunciaron en contra de la capitulación de los burócratas sindicales y, a la hora de cerrar esta nota, la situación está abierta. Son momentos claves en los que el escenario está abierto, se define hora a hora y en los que hay que estar de pie junto al pueblo boliviano para rechazar el estado de excepción, como lo hicieron los miles que este miércoles marcharon en Buenos Aires y lo volvieron a hacer este sábado en apoyo a su lucha. Si gana la rebelión popular en Bolivia, ganamos quienes luchamos contra Milei y el imperialismo. Las lecciones de esta rebelión popular, cuando termine, habrá que mirarlas también desde el ángulo de la preparación para futuros combates en otros países: la necesidad de recuperar los sindicatos y todas las organizaciones de masas de manos de los burócratas, para ponerlas al servicio de la lucha y sin traidores, y de construir un partido revolucionario para que, cuando lleguen momentos decisivos, tener una dirección para vencer.

Tanto o más relevante es, aún, la fenomenal crisis que atraviesa Donald Trump, el “salvador” de Milei. Vale recordar que después de una semana de muchísimo vértigo, en la cual fue anunciado un memorándum de entendimiento para dar fin a la guerra con Irán, este viernes fue finalmente cancelada la reunión en Suiza a la que iba a viajar el vicepresidente estadounidense J.D. Vance para suscribir el acuerdo. Los recientes ataques de Israel contra el Líbano, acompañados de declaraciones genocidas de funcionarios sionistas (“todo el Líbano debe arder”) fueron parte de la crisis que llevó a la cancelación del viaje. El cumplimiento del acuerdo está atravesado por muchísimas dudas e incertidumbre de cara a los próximos meses.

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Ya antes de eso, sin embargo, una enorme crisis política estaba desatada. El solo anuncio de firmar el memorándum con Irán implicaba una derrota estratégica de grandes dimensiones para Estados Unidos y particularmente para Trump. Después de más de 4 meses de guerra se predisponía a firmar sin haber conseguido un cambio de régimen, sin haber podido derrotar militarmente a un país que se consideraba en los papeles muy inferior a la principal potencia mundial, sin haber detenido el enriquecimiento de uranio ni los programas misilísticos y presentando la apertura del estrecho de Ormuz como una “victoria” cuando la realidad indica que el mismo estaba abierto antes de la guerra. Una derrota en toda la línea.

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