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Nevaco Global
26 de julio de 2026

“Reinventarse”: cómo enfrenta la industria frigorífica la caída histórica del consumo de carne vacuna

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"Todos nos estamos reinventando para ver cómo mantenemos la industria", afirma Maximiliano Arca, gerente del Frigorífico San Francisco. Mientras el consumo de carne vacuna alcanza el nivel más bajo de los últimos 30 años, las empresas ajustan producción, reducen costos y buscan nuevas estrategias para sostener la actividad. En ese escenario, el cerdo gana protagonismo y amortigua parcialmente el impacto sobre la industria.

El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de la Carne de la República Argentina (CICCRA), durante el primer semestre del año el consumo cayó un 11 %, ubicándose en 47 kilos por habitante al año, el registro más bajo de los últimos treinta años. La reducción representa unas 132.000 toneladas menos consumidas y equivale a una baja de 4,2 kilos por argentino en comparación con el mismo período anterior.

Aunque el consumo total de proteínas se mantiene relativamente estable, en torno a los 116 kilos por persona al año, el escenario cambió para la carne vacuna. La pérdida del poder adquisitivo, el aumento sostenido de los precios y el crecimiento de las exportaciones, que reducen la disponibilidad para el mercado interno, aparecen entre los principales factores que explican esta tendencia.

En ese contexto, LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con Maximiliano Arca, gerente general del Frigorífico San Francisco, una empresa que abastece exclusivamente al mercado interno y distribuye su producción en nueve provincias. Describió cómo impacta la retracción del consumo sobre la actividad cotidiana, cuáles son hoy los principales desafíos y por qué considera que el sector debe reinventarse para sostenerse.

—¿Cómo está atravesando el frigorífico este momento que vive la industria de la carne en Argentina?

El frigorífico no está siendo ajeno a todo lo que está pasando. También sentimos la caída de la actividad de la industria y nos está pegando de forma directa e indirecta. En algunos lugares, como San Francisco, la baja ronda el 8 %, mientras que en otras zonas llega al 12 % o al 14 %. Estamos todos atravesando la misma situación. La retracción del consumo no sólo aparece reflejada en las estadísticas nacionales. También se percibe puertas adentro de las plantas frigoríficas y obliga a reorganizar la producción para adecuarla a una demanda más reducida.

—¿Cómo se traduce esta caída del consumo interno en la actividad diaria?

Se reduce la producción, hay menos faena y también menos repartos. Hay ciudades donde antes íbamos tres veces y ahora vamos dos. También disminuyeron las horas de producción. Es cierto que el rubro venía trabajando con muchas horas tanto en la faena como en el reparto, por lo que algunos horarios volvieron a una situación más normal, pero la baja de actividad igualmente se siente en una escala importante.

—¿Estamos ante una crisis coyuntural por la caída del consumo o frente a un cambio más profundo en el negocio frigorífico?

La verdad es que ha tenido un efecto profundo sobre el negocio frigorífico. Año tras año va cayendo el consumo de carne vacuna y esto va a significar un cambio profundo para la actividad. Frente a un mercado interno cada vez más exigente, las empresas buscan nuevas formas de sostener la competitividad.

—¿Cuál es hoy el principal desafío para sostener la actividad?

Todos nos estamos reinventando. Tratamos de ser más eficientes, de llegar a otras provincias, de buscar más clientes para vender más. Todos estamos viendo cómo mantener la industria frente al impacto que existe actualmente.

Arca diferencia claramente la realidad de los frigoríficos de la situación que viven hoy los productores ganaderos, quienes, según su visión, atraviesan un escenario distinto gracias al impulso de las exportaciones.

—¿Cómo impacta esta situación en los productores ganaderos de la región?

Hoy el productor tiene una previsibilidad que hace años no tenía. Puede decidir a quién vender, cuánto vender y cómo producir. Aunque el consumo interno bajó, las exportaciones crecen año tras año y eso hace que el panorama para ellos sea bueno, incluso con mejores perspectivas hacia adelante.

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