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Nevaco Global
24 de agosto de 2026

Islas Feroe: la independencia de los corderos

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Identidad.Aficionados ondean la bandera de las islas Faroe en el estadio de Tórsvollur, en la capital Torshavn. El archipiélago tiene su propia selección reconocida por la UEFA y la FIFA

Si la venganza es un plato que se sirve mejor frío, la independencia se puede servir de muchas maneras. En el caso de las islas Faroe, si llega el momento, sería con los platos de cordero fermentado que son la esencia de la gastronomía del archipiélago y -aunque no para todos los paladares- forman parte del menú degustación (455 euros , más otros 321 con maridaje de vinos) del restaurante PAZ (las iniciales del chef Paul Anders Ziska), el más remoto del mundo con dos estrellas Michelín.

La independencia, de todos modos, es un plato que muchas veces no aparece en el menú a pesar de que a la gente le guste, otras es retirado de manera repentina de la carta con el pretexto de que no es de temporada, y en ocasiones el restaurante se niega a servirlo después de que el comensal lo haya pedido. En septiembre de 1946 las autoridades locales del archipiélago organizaron un referéndum no refrendado por Copenhague, el sí a la soberanía ganó por muy poco, pero el rey y el parlamento daneses no aceptaron el resultado y lo declararon ilegal. A cambio, ofrecieron a las islas el estatus de territorio autónomo que tiene ahora, con un amplio nivel de autogobierno dentro de la corona de Dinamarca, con su propio primer ministro y parlamento.

Sólo un 34% de los 50.000 habitantes de las Faroe están satisfechos, según las encuestas, con ese estatus, a un 42% le gustaría más autonomía, al menos un 20% quiere la independencia inmediata, y más del 40% votan a partidos soberanistas, aunque los resultados de las elecciones son determinados no sólo por esa cuestión, sino también por una economía que depende enormemente de la pesca (un 25% del PIB y un 90% de las exportaciones, 600.000 toneladas al año), y fluctúa mucho en función del precio del salmón en los mercados internacionales.

En las elecciones del pasado marzo ganó la derecha a una socialdemocracia acusada de no haber cumplido sus promesas electorales, como reducir la jornada laboral y hacer que baje el precio de la vivienda. El éxodo de los jóvenes a Copenhague, Londres y otras capitales europeas en busca de diversión y oportunidades laborales en un sector que no sea la pesca constituye un problema, a pesar de que el índice de natalidad es muy alto (1.91 hijos por mujer, siendo habituales las familias con cuatro o cinco niños). Es una sociedad mucho más religiosa y conservadora que las de los países nórdicos (hasta el 2025 el aborto estaba prohibido excepto en casos de violación, peligro para la salud física o mental de la madre y riesgo de anormalidades en el feto).

Las amenazas de Trump a Groenlandia (otro territorio autónomo danés con un estatus político similar) han llevado a los faroeses a poner en pausa el debate entre independencia o más autonomía, pensando que el horno no está actualmente para bollos. El archipiélago, compuesto por 18 islas y 750 islotes y peñones deshabitados, se encuentra en medio de un corredor marítimo codiciado no sólo por los salmones, sino también por las grandes potencias, con un considerable tráfico de submarinos rusos, barcos de guerra británicos y estadounidenses y pesqueros españoles y franceses. No forma parte de la UE pero sí de la OTAN.

Las Faroe pertenecieron a Noruega hasta 1380, cuando se fusionaron la corona de ese país y la danesa. Su sistema de representación proporcional elige 33 diputados al Logting , uno de los parlamentos más viejos del mundo, gobernando siempre coaliciones basadas en el compromiso. La que salió de las últimas elecciones está compuesta por dos partidos de derecha (uno independentista, el Partido Popular) y otro unionista (el Partido de la Unión, agrario, cristiano y pro negocios) con un tercero de centro izquierda (socialdemócratas, contrarios a la soberanía), y presencia menor de otros grupos (Progreso, República y Partido del Centro). El primer ministro, Beinir Johanneson, sólo tiene 28 años.

En un verano tan caluroso como el actual, fácilmente podría confundirse con el paraíso un lugar donde a mediados de agosto las temperaturas máximas son de trece grados, los ingresos por cabeza superan los 63.000 euros al año, sólo hay once semáforos en todo el territorio, el aparcamiento y los autobuses en la capital (Torshavn) son gratis, hay tantos restaurantes con estrella michelín como de comida rápida (un Burger King), la recepción de móvil es excelente incluso en las cimas más remotas (las islas son volcánicas aunque no ha habido erupciones desde hace más de 50.000 años), la delincuencia casi no existe, como los insectos, los coches se dejan abiertos, el primer ministro no tiene guardaespaldas y su número de teléfono es público, no hay cárcel, la población es de 80 nacionalidades distintas, y la expectativa de vida es de 82.6 años.

El turismo es escaso (50.000 visitantes al año, uno por habitante, y un total de mil habitaciones de hotel) y, a pesar de la belleza natural (fiordos, acantilados, casitas de colores con tejados de hierba donde a veces pastan las ovejas, más cataratas que poblaciones...) sólo aterrizan quince vuelos diarios. Aún así, en el 2019 las Faroe se declararon oficialmente “cerradas por mantenimiento”, y las autoridades pusieron el cerrojo a las atracciones más frecuentadas, mientras mejoraban los senderos para caminatas y las instalaciones en busca de un modelo sostenible. No hay árboles por culpa del viento salino del Atlántico.

Las “islas de las ovejas” ( faroe quiere decir oveja en nórdico antiguo, hay 70.000, más que personas) tienen su propia selección de fútbol que compite en torneos de la Uefa y de la Fifa con resultados dignos, su propia moneda (la libra faroesa, que vale lo mismo que la danesa), idioma (parecido al islandés y que estuvo prohibido), iglesia, aerolínea, código telefónico y matrículas de coches. Ningún punto se halla a más de cinco kilómetros del mar, un 70% del territorio tiene una elevación de 200 metros o más, y el archipiélago está conectado por un sistema de túneles, cuatro de ellos bajo el agua, el más largo de once kilómetros y el único del mundo que tiene una rotonda para regular el escaso tráfico. Las únicas excepciones al autogobierno son el sistema legal, la política cambiaria, la defensa y las relaciones exteriores, aunque puede suscribir acuerdos.

¿Un paraíso? Si no fuera por la lluvia y el viento constantes, el aislamiento y esa cocina cuya estrella es el cordero fermentado...

Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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