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28 de junio de 2026

La Segunda Revolución Americana

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Partidarios de Donald Trump el 6 de enero de 2021, en día en el que asaltaron el Capitolio en Washington

El 16 de diciembre de 1773, un centenar de Hijos de la Libertad se disfrazaron de indígenas y abordaron tres barcos procedentes de Londres, que llevaban días varados en el puerto de Boston, la capital colonial de Massachusetts, en Nueva Inglaterra. En cuestión de tres horas, abrieron con sus hachas 342 cajas de té, propiedad de la Compañía Británica de las Indias Orientales, y las arrojaron al mar en señal de protesta.

Para sufragar la deuda que había dejado la Guerra de los Siete Años, el Parlamento británico había aprobado una serie de impuestos y aranceles a las colonias, que los rechazaron con boicots bajo un lema que todavía hoy se puede leer en las calles de Boston y las matrículas de Washington

El lema rezaba: “No a los impuestos sin representación”. El Motín del Té, paradigma del espíritu revolucionario de EE.UU., escaló las tensiones entre metrópolis y colonias, y tan solo dos años después tuvieron lugar a escasos kilómetros, en Lexington y Concord, los primeros enfrentamientos armados, el inicio militar de la Revolución Americana.

EE.UU. cumplirá el próximo sábado, 4 de julio, 250 años desde la Declaración de Independencia de la monarquía británica. Para la reconocida historiadora y profesora de Harvard Jill Lepore, un cuarto de milenio después, el país está inmerso en una nueva revolución.

“Una insurgencia conservadora que comenzó en la década de 1950 ha logrado casi todos sus objetivos. Ha socavado, reemplazado y se ha hecho con el control de las instituciones liberales que arbitran el conocimiento: tribunales, prensa y universidad”, alerta a La Vanguardia .

Autora de These Truths o We the People , Lepore analiza la historia de su país con una mirada crítica, sin el ensalzamiento habitual en los manuales patrios. En su opinión, nació con un “pecado original”, la esclavitud, que si bien fue abolida en 1865, sus estructuras no desaparecieron: se transformaron en segregación, desigualdad económica o violencia policial, entre otros impactos.

La Declaración, redactada en gran parte por Thomas Jefferson, sostiene que “todos los hombres son creados iguales”, pero la mayoría de los padres fundadores tenían esclavos en propiedad. De hecho, en la Constitución de 1787, se estableció que, para calcular la representación de cada estado en la Cámara de Representantes, se contaría a las personas libres más “tres quintos de todas las demás personas”. Este eufemismo se refería a los esclavos, pues los estados del sur querían contarlos para ganar representación política.

Según Lepore, “el largo y terrible legado de la esclavitud —en forma de desigualdad y discriminación racial— acecha a EE.UU. hoy en día. Y una de las características de la administración Trump, y del trumpismo, es su empeño furioso por negar, minimizar e incluso borrar esta historia”. Desde que regresó al poder, cuatro años después de liderar la insurrección del 6 de enero, se ha empeñado en ensalzar estatuas de esclavistas y eliminar todo rastro de esclavitud de EE.UU., en los museos, los documentos oficiales y hasta las celebraciones por el 250º aniversario. Tampoco hay rastro de los pobladores originales.

Para celebrar la efeméride, en la que muchos americanos aprovechan para reunirse con sus familias, el Congreso creó hace una década la comisión independiente America 250. Sin embargo, su trabajo quedó en un segundo plano cuando Trump firmó una orden con la que creó otra comisión, Freedom 250, que ha acaparado los principales eventos. La mayoría de estadounidenses no se siente representada por los actos organizados, según Gallup. Los conciben, más bien, como una celebración de Trump, un presidente que aspira abiertamente a ser rey, y a su movimiento MAGA.

Primero, organizó una oración en la principal avenida de Washington, el National Mall. Después, aprovechó su 80 aniversario para celebrar un combate de UFC en el jardín sur de la Casa Blanca. El miércoles, inauguró una Gran Feria Estatal Americana en la capital con un discurso partidista. El 4 de julio, dará otro discurso, que ha bautizado como “el mitin de Trump más espectacular”.

Además, por el 250º aniversario, Trump ha demolido el ala este de la Casa Blanca para construir un salón de baile, ha proyectado un arco de triunfo y pintó la piscina reflectante de Washington. También está tratando de crear un billete de 250 dólares con su cara, y ayer presentó los nuevos pasaportes con su imagen y la Declaración de Independencia.

La copia de este documento, ratificado por el Segundo Congreso Continental en Filadelfia, saldrá de los Archivos Nacionales y recorrerá todo el país. En él, 56 representantes de las 13 colonias citaron 27 agravios contra el rey de Gran Bretaña, una justificación moral para su libertad.

“Sostenemos como evidentes estas verdades: todos los hombres son creados iguales; están dotados por su Creador derechos inalienables; y entre ellos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, reza su fragmento más citado, gravado sobre el memorial a Jefferson en Washington. “Que siempre que cualquier forma de Gobierno se vuelva destructiva de estos fines, es el Derecho del Pueblo alterarla o abolirla”.

Si levantaran cabeza los padres fundadores, verían unos EE.UU. en los que la policía migratoria realiza redadas en lugares de trabajo e iglesias, y arrestos en función del color de piel. Un país en el que se deporta a inmigrantes a países que no son el suyo sin pasar por un juez, y en el que muere un récord de personas bajo custodia policial. Donde el presidente gobierna a base de decretos, invadiendo la autoridad del Congreso sobre la guerra o los aranceles.

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