WASHINGTON — Noor Dubow afirma que vota con regularidad por candidatos republicanos que, a su juicio, se alinean con sus posturas económicas, aunque nunca ha sido admirador de Donald Trump y parte de la retórica deshumanizante del presidente hacia los inmigrantes le ha disgustado.
Pero este año, cuando Dubow emitió su voto anticipado en las elecciones de mitad de mandato, se inclinó más hacia los demócratas debido a su frustración por la decisión de Trump de ir a la guerra con Irán.
“¿Dónde están los republicanos en el Congreso?”, preguntó Dubow, de 44 años, despachador en una empresa de logística de transporte por camión en Columbus, Ohio. Desde su puesto, tiene una visión privilegiada de la disrupción que el alza de los precios del combustible está provocando en la economía. “¿Por qué los republicanos no le exigen cuentas a Trump?”, dijo.
La guerra con Irán, que Trump suele describir como un “pequeño desvío”, se ha convertido en un lastre evitable para el presidente, quien en su día prometió mantener a Estados Unidos fuera de guerras en el extranjero. Estrategas republicanos reconocen en privado que la guerra está dañando gravemente el esfuerzo del partido por conservar el control del Congreso durante los dos últimos años de la presidencia de Trump, a medida que el aumento de los precios de la gasolina eleva los costos en casi todos los sectores y surgen nuevas hostilidades.
Los elevados costos de la energía y el cansancio de los votantes por una guerra que ya cumple casi ocho meses —y que Trump predijo al inicio que duraría cuestión de semanas— están pesando con fuerza sobre los candidatos republicanos.
Independientemente del resultado de las elecciones del 3 de noviembre, una encuesta de AP-NORC publicada la semana pasada encontró que votantes de los dos principales partidos políticos quieren que el próximo Congreso se concentre en hacer la vida más asequible y poner fin a la guerra con Irán, que ha tenido enormes repercusiones para la economía global.
La situación sólo se ha vuelto más complicada para los republicanos en campaña. El conflicto se ha extendido, con rebeldes hutíes respaldados por Irán que han llevado a cabo una serie de ataques contra la infraestructura petrolera y aeropuertos de Arabia Saudí. Una coalición encabezada por Arabia Saudí ha respondido con sus propios ataques mortales contra territorio controlado por los hutíes en Yemen.
El Departamento de Estado informó que reducía el personal en cuatro embajadas de Estados Unidos en Oriente Medio durante el fin de semana, tras recibir información de inteligencia de que Irán ha intensificado los esfuerzos para atacar a personal estadounidense en la región y en otros lugares.
Los precios del diésel continúan cerca de máximos históricos en Estados Unidos, lo que crea problemas para los republicanos en estados de tradición conservadora como Iowa, Kansas, Ohio y Texas, donde se encuentran inmersos en contiendas competitivas con los demócratas.
Aun así, Trump ha minimizado de forma constante el impacto económico del conflicto mientras moviliza a sus simpatizantes para intentar mantener el control del Partido Republicano sobre ambas cámaras del Congreso.
Trump insiste repetidamente en que el fin de la guerra está cerca, solo para amenazar con que una nueva e intensa ronda de bombardeos podría estar a la vuelta de la esquina una vez pasen las elecciones, a menudo dentro del mismo discurso de campaña o en una sola conversación con reporteros.
También sostiene que los altos precios de la gasolina son una molestia temporal que vale la pena pagar para desarmar a Irán.
Trump dijo en un mitin el fin de semana en Michigan que no se arrepiente de haber iniciado la guerra e incluso argumentó que su impacto económico ha sido menos severo de lo que esperaba.
“Alguien dijo: ‘Si pudieras hacerlo de nuevo...’”, le dijo Trump al público afín. “Yo dije: ‘¿Están bromeando?’. Pensé que la gasolina estaría al doble o al triple. Y es un pequeño precio a pagar por quitarle un arma nuclear a unos maníacos”.
El mensaje contradictorio del presidente sobre Irán ha dejado a los candidatos republicanos en una posición difícil, si no insostenible, señaló Christopher Borick, director del Observatorio de Opinión de la Universidad de Lehigh.