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Nevaco Global
16 de agosto de 2026

Ricardo Ffrench Davis: “El gran error de la izquierda es haber descuidado el crecimiento económico, pero el crecimiento no es bajar impuestos”

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“Esta va a ser la última entrevista que voy a dar”, lanza inmediatamente, con voz entrecortada, al inicio de esta entrevista. Sonriente y comedido, Ricardo Ffrench-Davis, quien es reconocido como el más disidente de los economistas chilenos que estudiaron en la Universidad de Chicago en la década de los ‘60 y ‘70 y que fueron bautizados como los “Chicago Boys”, no duda en declararse un “progresista, socialdemócrata y socialcristiano” a sus 90 años de edad recién cumplidos.

Habla lento, se toma espacios de silencio mientras responde y chequea mentalmente cada número que se le viene a la cabeza. El profesor emérito de la Universidad de Chile, quien sigue ocupando su tradicional oficina atiborrada de libros en el piso 15 de la torre principal de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la casa de estudios, lanzará el próximo mes el libro “Reformas económicas en Chile”, en el que realiza un análisis histórico del período comprendido entre 1973 y 2024. A esa obra se suma al libro “El otro economista de Chicago”, una conversación con Andrea Costa-Allendes en la que recorre la vida, pensamiento y trayectoria de Ffrench-Davis.

“Chile no solo enseña de valiosos aciertos sino también de profundos errores”, dice usted en su libro. ¿Cómo resumiría las últimas cinco décadas de cambios económicos y sociales del país con sus luces y sombras?

-La gran sombra estuvo en la dictadura, porque con pleno poder para hacer los cambios que hubiese querido, no logró tener un crecimiento sostenible: apenas promedió 2,9% de crecimiento. El régimen tuvo las dos más grandes crisis que la economía chilena haya tenido desde los años ‘30 del siglo pasado. En esas dos ocasiones hubo caídas del PIB de 14% y de 17% y la recuperación se demoró muchos años. Por ejemplo, en el caso de la década de los ‘80, recién en el año 1988 recuperamos el PIB per cápita del año 1981.

-Las hubo en el gobierno de don Patricio Aylwin, porque ahí se pudo enfrentar una herencia económica con desequilibrios muy peligrosos. En los años 1988-1989, el gobierno militar redujo impuestos, aumentó gastos, creó un gran incremento de demanda, pero se pasaron de largo. A fines del gobierno militar se crea el Banco Central autónomo y por unanimidad de sus cinco consejeros se decide hacer un ajuste intenso, dada la explosión inflacionaria de entonces. Se lanza una tasa de interés gigante, con ventas de bonos para recoger plata. Con ese escenario nace la democracia.

Usted habla también en su libro que Chile fue la cuna de un experimento neoliberal…

-Porque se creó una economía que durante 16 años y medio solo creció 2,9%. Una economía que entre el 1973 y 1989 se alejó del PIB per cápita de Estados Unidos y también de los G7 (grupo de las siete economías más avanzadas del mundo).

Con la llegada de Aylwin se acortaron muchos puntos de esa distancia. ¿Por qué? Porque con Aylwin se partió para el otro lado. Ese gobierno pensó en que había que regular los movimientos de capital financiero, en que había que subir los impuestos, aumentar el gasto social y la inversión fiscal y que había que apoyar a las pymes. Y eso se hizo en los cuatro años de don Patricio (Aylwin); se reguló la cuenta de capitales, se puso un encaje para subirle el costo a los ingresos de capitales. La tasa de inversión promedio de la dictadura fue ocho puntos del PIB menor que la tasa de inversión del ‘90 al ‘98. Esa es la diferencia entre crecer 2,9% y crecer 7,1%.

A partir de 1990 comenzaron a llegar los capitales y la confianza y el gobierno de don Patricio manejó las riendas y a su gente. Fue capaz de negociar con Renovación Nacional, donde estaba Sebastián Piñera, quien era un demócrata; fue gran alumno mío, un alumno de “siete”.

Pero, desde la otra cara de la medalla, muchos de los pilares de las reformas “neoliberales” de la dictadura fueron adoptados por la Concertación a partir de la llegada de la democracia e, incluso, profundizados. ¿Por qué cree que esa coalición optó por mantener el modelo?

-Hay tiempos distintos. La Concertación asumió con unas reglas dejadas por la dictadura. Se optó por eso. En ese momento, la reflexión fue: ‘No estamos por la guerra civil, queremos tener una transición pacífica’, lo que se contraponía con la postura de otras fuerzas que decían que había que luchar hasta el final.

Pero otra cosa es lo que se hizo en economía. Ahí no hay una línea. Al comienzo estuvieron dadas las reglas, pero gracias a Renovación Nacional pudimos tener un alza tributaria, la que no fue de la dimensión que queríamos. Eso no fue seguir las reglas de la dictadura, la que nos dejó sin impuestos a las utilidades de las empresas. De hecho, una parte de ese impuesto que venía no se cobraba y la otra se devolvía con el reintegro. Nosotros repusimos ese impuesto y no con el 10%, sino con el 15%. También el IVA entró en el acuerdo. Ese fue el punto de partida.

Pero al final del día el modelo capitalista adoptado por la Concertación es similar al dejado por el régimen militar con un Banco Central Autónomo, baja de aranceles, apertura al exterior y privatizaciones, entre otros pilares…

-… Las privatizaciones (del gobierno militar) fueron muy mal hechas, a precio de liquidación. A su vez, la baja de aranceles bajando el tipo de cambio fueron un error frontal.

-Muy exitosa, pero fue perdiendo el impulso, porque el gran empujón que se hizo con Aylwin se trancó. Después de eso se pensaba que la tarea estaba hecha. No me gusta hablar de personas, pero después de eso se dejaron de hacer las reformas, como impulsar más intensamente la educación, apoyar a las pymes, cuidar el tipo de cambio y cuidar la macroeconomía. Hay que mirar lo que pasó con la cuenta corriente en ese momento en Chile.

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