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4 de noviembre de 2026

Ganadero que votó por Laura Fernández y Rodrigo Chaves les envió un fuerte mensaje

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Distintos representantes del sector agropecuario se hicieron presentes en la movilización convocada para este 3 de noviembre, donde pequeños y medianos productores alzaron la voz en contra del Gobierno.

En medio de los manifestantes, un ganadero envió un fuerte mensaje a la presidenta de la República, Laura Fernández, y a las autoridades del Poder Ejecutivo, referente a su accionar con el sector productivo.

La marcha, que originalmente fue convocada para protestar contra la adhesión de Costa Rica al Acuerdo Transpacífico, se mantuvo en pie como un espacio para visibilizar las demás exigencias políticas que tiene el agro nacional.

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Milton Mora, productor del sector ganadero, indicó que participó de la manifestación en apoyo a sus colegas, quienes se verían afectados por la obligatoriedad del areteo del ganado.

“Yo no soy tan político, pero a veces hay que apoyar a la gente porque, al menos, algo que nos va a afectar mucho es esa cosa del areteo. Porque es un montón de problemas, mucha gente no está en la capacidad de llevarlo a cabo (económicamente hablando), pero sin embargo, lo metieron a la fuerza”.

Además, le envió un mensaje directo a las autoridades de Gobierno: “Sí me gustaría que la presidenta o don Rodrigo Chaves, que inclusive voté por ellos, de verdad pongan los pies sobre la tierra y escuchen al pueblo. Al pueblo de verdad, que es el que les da de comer a todos”.

Por su parte, Carlos Cordero, quien salió a las 5:00 a. m. desde Pérez Zeledón con chonete y botas de hule, se movilizó en protesta por el mismo tema.

“¿La gente que tiene mucho ganado?, pues está bien, que lo haga, si así lo ve que para ellos es un gran beneficio, que lo haga. Nosotros, los que manejamos de 100, de 150, de 20 para abajo, que hemos sobrevivido nosotros con unas vaquitas de leche, con un poquito de ganado, con unos cerdos, con unas gallinas. Todo eso como que quieren eliminarlo, la producción. Nosotros tenemos que producir lo que nosotros nos comemos. A nosotros nadie nos ha mantenido y nos quieren cortar las alas".

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Precisamente, el areteo ha sido un tema constante de denuncia por parte de los pequeños productores, ya que su implementación resulta muy costosa y la obligatoriedad ha provocado caídas drásticas en las subastas de ganado.

El sector agrícola también se hizo presente. Gerardo Cerdas, en representación de la Red de Agroecología, indicó que su participación busca defender el agro nacional tras años de abandono.

“Nosotros venimos a demandar que, así como hay políticas para el beneficio de las zonas francas o de otros sectores importantes de la economía, se apoye al sector más importante de todos, que es la producción de alimentos”.

El productor explicó que el sector, lo que busca es obtener una política gubernamental de estímulo que permita un sector agropecuario firme y fortalecido. Asimismo, advirtió que Costa Rica en la actualidad es dependiente de las importaciones.

“No se trata solamente del precio de la comida, se trata de su calidad nutritiva, se trata de su acceso y de la seguridad alimentaria y de la soberanía alimentaria que son fundamentales para este país. Así que sí se puede, es cuestión política”.

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Si tuviera que elegir, seleccionaría la crónica que aún no he escrito, ya que ningún autor puede darse por satisfecho con lo que ya se ha publicado. Dejando a un lado la ironía, mi deseo se centra en una crónica del 4 de mayo de 2025: 'Volver a Salamanca'. En ella recordaba los orígenes de la ciencia económica, la cual no se fundó en Gran Bretaña, sino en la Universidad de Salamanca, de la mano de los teólogos Francisco de Vitoria y Luis de Molina. Con eso queda todo dicho; su elogio de la economía permite juzgar las buenas y malas decisiones que adoptan hoy en día nuestros gobiernos. Mi intención, en términos más generales, es ilustrar hasta qué punto la historia española es poco conocida en España y desconocida fuera de ella. España no sabe gestionar bien sus relaciones públicas, aun cuando en ella se encuentran todos los fundamentos de la modernidad. 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El tiempo es necesario para el desarrollo: el crecimiento nunca es instantáneo, sino lento y gradual. Mi profesor de economía en París, Raymond Barre, que más tarde fue primer ministro, solía señalar irónicamente que era mejor tener una mala política económica que durara mucho tiempo que una buena que no durara. Es la naturaleza a largo plazo de la política económica lo que hace o deshace el desarrollo: la economía se toma su tiempo. La gente está impaciente por enriquecerse, y los gobiernos tienen prisa por lograr resultados visibles de los que puedan presumir ante su electorado. La fragilidad de la economía, o su rechazo, se debe ante todo a que el factor tiempo de la economía no es el factor tiempo de la política o de la psicología de las multitudes. Por ello, los gobiernos, sensibles a esta psicología, pretenden acelerar el crecimiento con sus intervenciones. Esto puede funcionar a veces hasta las próximas elecciones. Pero no más allá. El resultado de la intervención gubernamental suele ser una inflación descontrolada. La otra razón para rechazar la economía es el igualitarismo. El desarrollo, si se ajusta a las enseñanzas de Salamanca y de todos los que siguieron su obra pionera, beneficia al pueblo en su conjunto. Pero nadie piensa globalmente: cada cual quiere su enriquecimiento inmediato, el suyo propio, no necesariamente el de sus vecinos o el de los chinos. ¿Qué nos importa si la nación y el mundo se enriquecen, pero si nosotros personalmente perdemos un empleo o vemos caer nuestros ingresos? Es entonces cuando intervienen los gobiernos para establecer, o pretender establecer, la igualdad inmediata mediante la redistribución. No hay nada malo en el igualitarismo o la redistribución 'per se', pero todo es cuestión de umbral: sabemos que si la redistribución es excesiva, el espíritu emprendedor se hunde, sustituido por la pasividad o la especulación. La dificultad del ejercicio consiste, pues, en localizar el umbral de equilibrio entre el imperativo de un desarrollo basado en la libertad empresarial y la exigencia política de garantizar lo que se conoce como justicia social: casi imposible de cuantificar. Nuestras firmas Si quieres leer más artículos de Guy SormanSuscríbete a ABCNo sé quién en España sabe más de economía que de Vitoria o Molina. Entre los políticos, lo dudo. En la enseñanza general, ambos brillan ciertamente por su ausencia. Es lamentable, porque sólo un conocimiento generalizado de la ciencia económica, o al menos de sus datos esenciales, obligaría a los gobiernos a frenar sus intervenciones. Este conocimiento permitiría a los ciudadanos comprender, aunque sin entusiasmo, lo esencial que es la paciencia para la prosperidad. Al evocar a Francisco de Vitoria, ¿estamos lejos de nuestras preocupaciones inmediatas? En absoluto: hoy el mundo duda entre volver a un crecimiento de inspiración liberal o precipitarse en el abismo de la recesión. El conocimiento nos salvaría de la recesión. Existe una estrecha relación históricamente demostrada entre el libre comercio, los derechos de aduana y la paz entre las naciones. En tiempos de Napoleón I, el bloqueo continental, es decir, la denegación del comercio entre naciones, provocó una guerra generalizada en Europa, especialmente en la Península, que no respetaba las prohibiciones comerciales. En los años treinta, fueron los derechos de aduana impuestos por EE.UU. los que llevaron a la Alemania nazi a desarrollar una industria de guerra autosuficiente. Este proteccionismo de EE.UU. también impulsó a Japón a crear un imperio colonial, puesto que ya no le era posible abastecerse libremente de petróleo y otras materias primas. El siglo XX nos enseñó que la guerra comercial conducía a la guerra militar. No pretendo que la economía determine por sí sola las relaciones entre las naciones, pero ignorar los efectos del error económico conduce a lo peor: estamos en el umbral de lo peor.

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