Mientras la vitivinicultura atraviesa uno de los procesos de transformación más profundos de las últimas décadas, otra producción comienza a ganar terreno en el campo mendocino. Los frutos secos se consolidan como la principal alternativa agrícola de la provincia y, entre ellos, el pistacho se perfila como el cultivo con mayor potencial de crecimiento. Adaptado al cambio climático, con una demanda que supera ampliamente a la oferta y un mercado todavía en expansión, el llamado "oro verde" promete modificar el paisaje productivo del norte y el este de Mendoza.
Los frutos secos ya representan la principal alternativa agrícola de la provincia y el pistacho aparece como el cultivo con mayor proyección. (Gentileza)
Hace apenas cinco años, encontrar pistachos argentinos no era una tarea sencilla. El fruto aparecía de manera esporádica en algunas dietéticas, generalmente importado y estaba lejos de formar parte de los hábitos de consumo de la mayoría de los hogares. Hoy la realidad es muy distinta. El pistacho se convirtió en un ingrediente habitual de heladerías, chocolaterías, panaderías y restaurantes, mientras las dietéticas amplían su oferta para responder a una demanda que no deja de crecer.
Ese cambio en el consumo también comenzó a sentirse en el campo.
En distintos puntos del norte y del este mendocino, donde durante décadas el paisaje estuvo dominado por viñedos, empiezan a multiplicarse las nuevas plantaciones de pistacho. La escena refleja un proceso más profundo que atraviesa a la agricultura provincial: la búsqueda de cultivos capaces de adaptarse a las nuevas condiciones climáticas, con mejores perspectivas de rentabilidad y mercados que todavía ofrecen un amplio margen de crecimiento.
No se trata de un fenómeno aislado ni de una moda pasajera. La expansión de los frutos secos viene desarrollándose desde hace más de dos décadas y hoy encuentra en el pistacho a su principal protagonista.
Martín Zanetti conoce esa evolución desde un lugar privilegiado. Es titular de Vivero Productora (VIPRO), ubicado en San Martín, considerado uno de los mayores viveros especializados en frutos secos y olivos del país.
"Somos el vivero más grande de Argentina en producción de plantas de frutos secos y de olivos", explica.
Desde allí producen plantas de nogal, almendro y pistacho destinadas a emprendimientos de distintas provincias. Esa actividad le permite observar con anticipación las tendencias del sector, ya que todo nuevo proyecto comienza, inevitablemente, con la compra de plantas.
Según describe, el crecimiento de los frutos secos no fue uniforme, sino que respondió a distintas etapas.
"El crecimiento de las plantaciones de frutos secos se ha dado en etapas. En el año 2000 comenzó una, con crecimiento del nogal a nivel país. Se plantaron mucho en Catamarca, La Rioja y Mendoza. Después, desde 2005 hasta 2015, Mendoza creció mucho más que el resto de las provincias. Lo mismo ha venido pasando con el almendro."
Sin embargo, aclara que ninguna de esas especies experimenta hoy el ritmo de expansión que registra el pistacho.
"Hay una revolución con el pistacho y va a crecer en Mendoza a razón de mil hectáreas por año", dice.
La cifra resulta significativa si se considera que actualmente la provincia cuenta con alrededor de 900 hectáreas implantadas. Si ese ritmo se mantiene, la superficie cultivada podría duplicarse en apenas un par de años.
La misma tendencia observan desde la Asociación de Frutos Secos de Mendoza.