Perú podría recortar hasta 22 días la ruta comercial entre Brasil y Asia-Pacífico
El Perú busca consolidarse como conexión estratégica entre Brasil y Asia-Pacífico, con potencial reducción de 22 días en tiempos logísticos.
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Durante el último tercio del pasado siglo existió un momento en el que la venta de televisores aumentaba de forma espectacular. Era cuando se celebraba ... un Mundial de Fútbol. Eso ya no pasa. En las casas hay teles de sobra, una o dos por inquilino y los partidos se pueden ver en múltiples dispositivos. Pero antes no era así. Solo había una tele por hogar y una cadena de emisión -TVE- que si no retransmitía los partidos tenías que oír la crónica en la radio o leer la ficha técnica del encuentro en el periódico del día siguiente.
Coincidiendo con el inicio de los Mundiales de Fútbol de 1978, 1982 y 1986, miles de almerienses vivieron uno de los momentos más emocionantes y esperados de sus vidas: la compra del primer televisor en color. Durante semanas, y a la hora del almuerzo en familia, se hablaba de ello con una ilusión inmensa. Padres y madres ahorraban con esfuerzo y sacrificio, soñando con el día del inicio del campeonato para entrar en una tienda y elegir el aparato que transformaría para siempre el salón-comedor o el cuartico de estar de la vivienda.
La visita al comercio era una experiencia emocionante, fascinante. Frente a los escaparates, las familias contemplaban maravilladas las imágenes llenas de color, con los ojos brillantes y el corazón acelerado. Los niños sentíamos una alegría indescriptible al imaginar los partidos mundialistas en aquella pantalla tan moderna y deslumbrante donde las camisetas de los futbolistas se verían como eran de verdad: en color.
Cuando, por fin, la televisión llegaba dentro de unas inmensas y pesadas cajas de cartón, la emoción era inmensa. Los operarios de la tienda la instalaban con mimo en el mejor lugar de la casa y toda la familia contemplaba la operación con el orgullo de tener un aparato moderno a su disposición. Más que una compra, era la realización de un sueño compartido cargado de ilusión, emoción y felicidad.
Antes del inicio del Mundial de 1978 en Argentina -al que fue convocado con España el almeriense Antonio Biosca (1948)- las grandes tiendas de electrodomésticos de la capital prepararon sus campañas de promoción de las teles en color. «Bazar Almería» diseñó su publicidad en la agencia «García Ridao». Ofrecía un «Vanguard» en color a buen precio y entre cada doce compradores sorteaba una motillo «Derbi Variant», el ciclomotor automático rival del «Vespino».
Esta tienda del Paseo con sucursales en varios puntos de la capital también disponía de otras marcas de teles en color: «Telefunken», «Philips», «ITT» o «Elbe». Era posible adquirir una por 65.000 pesetas al contado o bien en plazos de 2.150 pts. al mes. Además, si entregabas el aparato viejo te hacían descuento.
«Muebles y electrodomésticos «Joami» en La Cañada distribuía en 1978 las de la marca «Yonder», al igual que «Contreras» en la calle Alcalde Muñoz. «Muebles Mago», del empresario Manuel Abad González, vendía la marca «Werner», multinacional que sorteó entre los compradores de toda España viajes a Argentina para ver los partidos del Mundial. Uno de esos desplazamientos le tocó a la almeriense María Jesús París Beltrán.
«Electrodomésticos Manrique», en 1978, distribuía en su tienda de la calle Trajano la tele en color «Zenith». El anuncio de la empresa de Francisco Sánchez reconocía que la pantalla costaba «un poco más», pero era porque tenía el sistema «Chromacolor» y se escuchaba en «alta fidelidad».
El Mundial de fútbol de España en 1982, celebrado en España, fue el auténtico «boom» de la venta de televisores en color
El Mundial de fútbol de 1982, celebrado en España, fue el auténtico «boom» de la venta de televisores en color. La expectación creada con la organización del evento disparó la atención de millones de aficionados que, lejos de poder asistir a los estadios de las sedes, se lanzaron a las tiendas a comprar una TV. Todos pensando que la selección ganaría el campeonato, pero aquello fue un fracaso deportivo. España quedó eliminada en la segunda ronda del torneo. A pesar de ser la anfitriona, firmó una de las actuaciones más decepcionantes de su historia.
Durante la primavera de 1982 la marca «Grundig» lanzó una campaña de publicidad a nivel nacional advirtiendo a los compradores que las existentes en el mercado a precios casi irrisorios poseían «tecnología del pasado» y que podían proceder de contrabando, defraudación de impuestos, robos, importaciones ilegales, ventas sin factura o sin certificados de garantía.
Días antes del Mundial, los distribuidores locales de otras marcas reaccionaron rápido y encargaron a la agencia «Klave» una campaña con las magnificencias de la TV «Brandt», que era más barata que la «Grundig». Ofrecían a los compradores dos años de garantía y regalaban un crucero a Ibiza durante un fin de semana con todos los gastos pagados. La tele «Brandt» se vendía en «Muebles Vallejo» de la calle Santos Zárate; en «Muebles Restoy»; en «Electrohogar Jumi» de Manuel Gálvez ubicada en el incipiente barrio de Nueva Andalucía; en «Bazar Orberá» y en «Muebles Pavía».
La marca «Sanyo» contraatacó en junio de 1982. Su campaña consistía en poner a disposición de los compradores un servicio técnico permanente por si había algún fallo técnico en los aparatos que impidieran ver los partidos. El anuncio decía: «Le brindamos asistencia técnica en el caso improbable de que la necesite…» Las teles «Sanyo» se vendían en la Carrera del Duende, en la tienda «Industrial Electrónica Aznarez».
Lo cierto es que para el Mundial de fútbol de España se vendieron TV en color «a porrillo». Tantas que, dos años después, ya había más hogares con televisión en color que con el tradicional aparato en blanco y negro. Así, para el Mundial de México 86, hace 40 años, entre el 55 % y el 60 % de los hogares disponía de uno. Esto, según un estudio que hizo la Fundación Telefónica liderado por Santiago Lorente, equivalía a unos 6 millones de aparatos en funcionamiento en las casas de España.
En Almería la cosa iba más lenta, pero tampoco se quedaba atrás, como ocurría en zonas rurales del centro de la península. El precio de uno de la marca «Sanyo», «Philips», «Telefunken» o «Sony» en 1986 oscilaba entre las 45.000 y las 110.000 pesetas, dependiendo fundamentalmente del tamaño de la pantalla y de las tecnologías que incorporara, como el mando a distancia o el sonido estéreo. Se trataba de una gran inversión porque el Salario Mínimo Interprofesional hace cuatro décadas era de unas 40.140 pesetas al mes, por lo que comprar una TV de gama media equivalía a más de un mes o casi dos de sueldo íntegro.
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