Una tonelada de carga puede costar ocho veces más moverla un kilómetro en Centroamérica que en Estados Unidos. Ese sobrecosto logístico explica, según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), por qué los tratados de libre comercio no alcanzan para que la región le venda más a México.
El informe, firmado por la economista Martha Cordero, identifica un corredor donde los camiones avanzan a una velocidad promedio de apenas 17 kilómetros por hora. Los trámites en los pasos fronterizos pueden extenderse más de 20 horas.
Ese cuello de botella golpea con particular dureza a los productos perecederos, los alimentos procesados y las mercancías que dependen de una reposición rápida.
También afecta a las manufacturas integradas en cadenas de producción y a los bienes de alto valor sensibles al tiempo de entrega, para los que cada hora detenida en una frontera se traduce en pérdidas.
Mientras la CEPAL documenta el rezago estructural, los organismos aduaneros de la región ya ensayan correcciones. Las autoridades centroamericanas avanzan en un esquema de reconocimiento mutuo de certificaciones para empresas catalogadas como Operadores Económicos Autorizados (OEA), según informó Infobae a mediados de octubre.
El mecanismo, respaldado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y acompañado por la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca), ya muestra resultados concretos en dos pasos clave.
En Peñas Blancas, entre Costa Rica y Nicaragua, el tiempo de importación bajó de 10.5 a 1.3 horas. En Paso Canoas, en el límite entre Costa Rica y Panamá, el proceso pasó de 7.6 horas a cerca de una hora, de acuerdo con datos del BID.
La representante del BID en Guatemala, María José Jarquín, sostuvo ante la agencia EFE que el siguiente paso es traducir esos avances en beneficios concretos para las empresas que invierten en certificarse. Jarquín adelantó que el organismo seguirá la coordinación con la Sieca para impulsar un comercio regional más ágil.
Esas mejoras conviven, sin embargo, con el diagnóstico de fondo que plantea la CEPAL: el 74% del comercio entre México y Centroamérica se mueve por carretera y la infraestructura terrestre arrastra deficiencias estructurales que ningún acuerdo arancelario resuelve por sí solo.
El Índice de Desempeño Logístico 2023 del Banco Mundial, que puntúa en una escala de uno a cinco, retrata esas brechas. Panamá encabeza la lista con 3.1 puntos, gracias a sus puertos y su conectividad.
México, Costa Rica y Honduras comparten un nivel intermedio con 2.9 puntos cada uno. El Salvador suma 2.7, Guatemala y República Dominicana empatan en 2.6, y Nicaragua cierra la tabla con 2.5, el registro más bajo de toda la subregión.
El estudio de la CEPAL identifica una segunda paradoja: México invierte en la región, pero esa inversión todavía no genera proveedores. Entre 2015 y 2024, el acervo de inversión mexicana en el exterior pasó de USD 143,000 millones a casi USD 223,000 millones, pero Centroamérica y República Dominicana concentran apenas el 3% de ese monto.
Aun así, México figura entre los diez principales inversionistas en la mayoría de esos países. Es el tercer inversionista en Nicaragua, con un 13% promedio de los flujos recibidos entre 2015 y 2024, y el cuarto en República Dominicana, con un 5% promedio en el mismo período.
Su participación llega al 10.4% del acervo de inversión extranjera directa en El Salvador, al 7.5% en Honduras y al 7.4% en Guatemala. Empresas como América Móvil, Grupo Bimbo, Grupo Lala, Coca-Cola FEMSA, Cemex y Grupo Posadas ilustran esa presencia, concentrada en alimentos, bebidas, telecomunicaciones, materiales de construcción, finanzas y turismo.
El documento advierte que la mayoría de esos capitales buscan abastecer mercados locales o regionales, no desarrollar proveedores integrados a las cadenas productivas mexicanas. La inversión existe, pero todavía no funciona como puente hacia las exportaciones.