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Nevaco Global
13 de octubre de 2026

Fenómeno El Niño: ¿cómo proteger la competitividad de la agroexportación peruana?

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El Fenómeno El Niño vuelve a poner a prueba la capacidad de respuesta de la agroexportación peruana. El fenómeno puede afectar la calidad, las carreteras, los puentes, la cadena de frío, los puertos y, finalmente, el cumplimiento de los compromisos asumidos.

El ENFEN mantiene el estado de alerta por El Niño Costero y señala que la mayor probabilidad de una magnitud extraordinaria se concentra entre septiembre de 2026 y enero de 2027. La pregunta, entonces, no es si el sector puede eliminar los efectos del clima. La pregunta es cómo puede reducir pérdidas, proteger sus relaciones comerciales y salir de esta campaña con mejores capacidades productivas, logísticas y comerciales.

El exceso de agua: cuando el suelo permanece inundado, los espacios que contienen aire se llenan de agua y las raíces reciben menos oxígeno. Como consecuencia, se reduce la absorción de agua y nutrientes, disminuye el crecimiento y aumentan las condiciones favorables para la aparición de enfermedades.

La importancia de atender las señales tempranas no es teórica. Trabajé en la selva, en Campo Verde, cerca de Pucallpa, en una empresa con 400 hectáreas de maíz amarillo duro. Un día se observó un hilo de agua atravesando el terreno. Era una señal de alerta. Al día siguiente, el campo quedó inundado con 1,6 metros de agua y la cosecha se perdió. Una observación oportuna, acompañada por una decisión rápida, puede no evitar el fenómeno, pero sí reducir su impacto.

El estrés combinado de calor y sequedad: cuando aumenta la temperatura y disminuye la humedad, la planta pierde agua rápidamente. Para defenderse, cierra los estomas. Sin embargo, estos permiten el ingreso de dióxido de carbono para la fotosíntesis. Si permanecen cerrados durante mucho tiempo, disminuye la producción de energía, se detiene el crecimiento y se deteriora la calidad de la fruta.

Las lluvias intensas pueden interrumpir el tránsito en las carreteras, activar quebradas, dañar puentes y retrasar el traslado hacia plantas de empaque y puertos.

La experiencia de los pequeños productores muestra que la pérdida no siempre ocurre dentro de la chacra. Hace años, estuve en Aguaytía con productores de algodón y cacao durante una inundación. El agua no llegó a sus parcelas; sin embargo, las carreteras quedaron bloqueadas y no pudieron llevar sus productos a los centros de acopio. No perdieron la cosecha por la inundación, pero sí perdieron la venta. La logística, por tanto, no es un servicio complementario: es parte de la producción y de la rentabilidad agrícola.

La continuidad operativa requiere rutas alternativas, proveedores logísticos de respaldo, mantenimiento preventivo de cámaras de frío y acuerdos anticipados con transportistas.

Una crisis climática se transforma rápidamente en una experiencia de cliente. El comprador no solo evalúa el calibre, el sabor, la firmeza o la vida de anaquel; también evalúa si el proveedor informa a tiempo, ofrece alternativas, entrega trazabilidad y responde con rapidez ante una contingencia.

Por eso, la gestión comercial durante El Niño debe incorporar principios de customer experience. Cada exportador debería establecer protocolos de comunicación con sus clientes que contemplen alertas tempranas sobre riesgos relacionados con el volumen, la cosecha y la condición de la fruta; trazabilidad por lote; y propuestas de reemplazo cuando una variedad, un calibre o una fecha de entrega no puedan cumplirse.

La Marca Perú y las marcas de las empresas se protegen en los momentos difíciles. Un cliente puede aceptar una menor disponibilidad si recibe información transparente y soluciones concretas; difícilmente aceptará una mala sorpresa al momento de recibir la carga.

Primero, revisar la exposición. La empresa debe clasificar sus unidades según su nivel de exposición a inundaciones, disponibilidad de agua, acceso vial, cercanía a plantas de empaque y etapa fenológica.

Segundo, proteger el flujo de caja. Cuando cae el volumen, los costos fijos no disminuyen en la misma proporción y el costo por kilogramo puede elevarse rápidamente. Cada empresa debería trabajar con escenarios de producción, precio, descarte, flete y tipo de cambio.

Tercero, priorizar calidad sobre volumen. Una fruta con baja firmeza, problemas de condición o una vida de anaquel corta puede recibir descuentos o ser rechazada en destino. En una campaña compleja, producir menos, pero con consistencia, puede proteger mejor el margen y la relación con el comprador.

Cuarto, diversificar mercados y calendarios. La concentración en pocos destinos, variedades o semanas de cosecha aumenta la vulnerabilidad. La diversificación de cultivos, zonas de producción, ventanas comerciales y canales de venta permite amortiguar parte del impacto.

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