Rupia bajo presión, pero RBI no apresurará alzas de tasas
Rupia bajo presión, pero RBI no apresurará alzas de tasas
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Mientras la relación comercial entre México y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas, Ciudad de México acaba de consolidar una apuesta que pocos esperaban tan rápido: un acuerdo comercial ampliado con la Unión Europea, firmado el pasado 22 de mayo durante la primera cumbre EU-México en más de diez años.
“El resultado no fue solo protocolo diplomático: fue un documento con implicaciones económicas reales y un mensaje político contundente.”
El tratado original entre México y la UE, vigente desde 2000, cubría únicamente bienes industriales. La versión actualizada va mucho más lejos:
Además, Von der Leyen anunció la movilización de aproximadamente 5.800 millones de dólares en inversiones alineadas con el Plan México de Sheinbaum.
Costa fue más allá de los números al describir el pacto como una “declaración geopolítica” y prueba de un compromiso conjunto con la cooperación basada en reglas, según reportó Foreign Policy.
El contexto lo explica todo. Más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, una dependencia que el propio Banco de México reconoció esta semana al recortar su pronóstico de crecimiento para 2025 de 1.6% a 1.1%, citando la incertidumbre en torno a la revisión del TMEC.
Funcionarios del gobierno Trump han dejado abierta la posibilidad de abandonar el acuerdo trilateral, mientras que negociaciones bilaterales con México ya están en marcha con rondas pactadas para junio y julio, justo durante el Mundial de Fútbol que ambos países co-organizan.
Para el exfuncionario comercial mexicano Juan Carlos Baker, el acuerdo con Europa “llega en un momento más que oportuno”: depender de un solo mercado que impone reglas de forma unilateral, advirtió en Animal Político, es un riesgo que México debe mitigar con diversificación estratégica.
No todo es optimismo. La UE ya es la segunda fuente de inversión extranjera en México, pero analistas señalan que ese potencial no se ha aprovechado plenamente debido a la incertidumbre regulatoria del país. La reforma judicial impulsada por Sheinbaum al inicio de su mandato —que introdujo elecciones directas de jueces— sacudió la confianza de los inversionistas.
El nuevo tribunal de inversiones incluido en el acuerdo apunta directamente a esa preocupación, ofreciendo una garantía institucional que el mercado europeo exigía.
Con el TMEC en el aire y Washington endureciendo su postura arancelaria, México tiene ahora una razón más para profundizar su apuesta atlántica. La pregunta es si las condiciones internas estarán a la altura del momento histórico.
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