La seguridad de las cadenas internacionales de suministro de fertilizantes se convirtió en una preocupación central para las principales economías del mundo. Frente a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y las dificultades que enfrenta el comercio global de estos insumos, los ministros de Agricultura del G7 se reunirán el próximo lunes en París para analizar medidas que permitan garantizar el abastecimiento y reducir los riesgos para la producción agrícola.
La convocatoria fue impulsada por la presidencia francesa del grupo en un contexto marcado por las interrupciones en el tránsito a través del estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio internacional de energía, fertilizantes y materias primas agrícolas.
La preocupación no se limita al sector agropecuario. Las dificultades para movilizar fertilizantes a nivel global ponen en evidencia la dependencia que tienen numerosas cadenas productivas de una infraestructura logística altamente integrada y sensible a conflictos geopolíticos.
Los fertilizantes son uno de los eslabones fundamentales de la producción agrícola moderna. Su disponibilidad influye directamente en los niveles de rendimiento de los cultivos y, en consecuencia, en la oferta global de alimentos.
Por ese motivo, cualquier alteración en las cadenas de suministro internacionales puede generar efectos que trascienden al sector agrícola y terminan impactando en los precios y la disponibilidad de productos.
Las autoridades francesas advirtieron que el aumento de los costos y las dificultades de abastecimiento ya están afectando a explotaciones agrícolas de distintas regiones del mundo.
La situación llevó a los miembros del G7 a promover una instancia específica de coordinación para analizar el problema y buscar respuestas conjuntas.
La reunión contará con la participación de representantes de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia, Canadá y Japón, además de organismos internacionales como la FAO, la OCDE y el Sistema de Información sobre los Mercados Agrícolas (AMIS).
Buena parte de la preocupación internacional se explica por la relevancia que tiene el golfo Pérsico dentro del comercio mundial de fertilizantes.
Diversos informes estiman que la región concentra entre el 30% y el 35% de las exportaciones globales de urea y entre el 20% y el 30% de las de amoniaco, dos de los principales insumos utilizados por la agricultura mundial.
Además, hasta un 30% del comercio internacional de fertilizantes transita por el estrecho de Ormuz.
La interrupción parcial de esta ruta generó demoras operativas, restricciones de capacidad y un incremento significativo de los costos logísticos asociados al transporte marítimo.
A ello se sumó el aumento del precio internacional del gas natural, materia prima esencial para la fabricación de fertilizantes nitrogenados.
La combinación de ambos factores provocó una fuerte presión sobre toda la cadena de abastecimiento, desde la producción hasta la distribución final.
Según reportes internacionales citados por las autoridades francesas, los precios de la urea y el amoniaco registraron incrementos superiores al 20% en mercados estratégicos.