Volver a la edición
Nevaco Global
10 de julio de 2026

La noche que hundieron al Rainbow Warrior, el barco insignia de Greenpeace que desafiaba los ensayos nucleares franceses

Cargando análisis estratégico...

Dos cargas explosivas ocultas en el casco bastaron para hundir el buque insignia de Greenpeace. El crimen escaló a un escándalo internacional cuando la investigación reveló que el ataque no había sido obra de delincuentes comunes, sino del propio Estado francés, que planificó el sabotaje en territorio aliado para impedir la resistencia civil contra sus pruebas nucleares.

Semanas antes, a comienzos de julio de 1985, el Rainbow Warrior acababa de completar una misión humanitaria: la evacuación de los habitantes de la isla de Rongelap, afectada durante décadas por la radiación de los ensayos nucleares estadounidenses. Tras esa operación, el barco atracó en el puerto de Auckland para reabastecerse y realizar tareas de mantenimiento. Su siguiente destino era el atolón de Mururoa, donde intentaría interponerse a los nuevos ensayos atómicos franceses.

Pero los servicios secretos se adelantaron. La noche del 10 de julio de 1985, el puerto de Waitematā se convirtió en escenario del primer atentado terrorista de la historia de Nueva Zelanda. El antiguo pesquero reacondicionado —cuyo nombre evocaba una profecía indígena sobre los protectores de la Tierra— quedó condenado cuando dos explosiones rompieron la calma de la bahía.

La tragedia alcanzó su punto más dramático cuando el fotógrafo portugués Fernando Pereira regresó al interior de la embarcación tras la primera detonación para recuperar sus cámaras. La segunda carga explotó segundos después y lo dejó atrapado mientras el barco se hundía. El atentado desmintió las versiones oficiales del Palacio del Elíseo y convirtió una operación secreta de sabotaje en uno de los episodios más emblemáticos de la historia del activismo ambiental.

La operación que la inteligencia francesa bautizó como Operación Satánica comenzó meses antes de las explosiones. La primera integrante del plan fue Christine Huguette Cabon, agente de la Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE), quien se infiltró en las oficinas de Greenpeace en Auckland bajo la identidad falsa de “Frédérique Bonlieu”. Su misión era obtener información sobre los movimientos del Rainbow Warrior: rutas de navegación, horarios y detalles de la tripulación que preparaba una campaña contra los ensayos nucleares franceses en Mururoa.

Con esos datos, un equipo de buzos tácticos y agentes de apoyo ingresó clandestinamente en Nueva Zelanda utilizando pasaportes falsos. Algunos se presentaron como turistas; otros, como tripulantes del yate Ouvea, la embarcación utilizada como apoyo logístico de la operación. Los explosivos magnéticos fueron trasladados en balsas inflables hasta el muelle Marsden, donde estaba atracado el barco de Greenpeace.

El objetivo era claro: inutilizar la embarcación antes de que pudiera llegar al área de pruebas nucleares francesas. En esas aguas, el gobierno desarrollaba un controvertido programa de ensayos que consistía en detonar artefactos nucleares en galerías subterráneas excavadas bajo los atolones de Mururoa y Fangataufa. Las explosiones liberaban energía equivalente a decenas de veces la bomba de Hiroshima, fracturaban la roca volcánica y alimentaban el temor a filtraciones radiactivas en el océano Pacífico. Para los movimientos ecologistas, aquel territorio se había convertido en el principal símbolo de la oposición internacional a las pruebas nucleares francesas.

Por eso, la noche del ataque, la tripulación aprovechó la escala en Auckland para reabastecer el barco y realizar tareas de mantenimiento. Horas antes, varios integrantes de Greenpeace habían celebrado el cumpleaños del activista Steve Sawyer. Cerca de la medianoche, mientras la mayoría dormía, los agentes franceses entraron en acción.

Los buzos colocaron dos cargas en el casco. La primera explosión, ocurrida a las 23:38, abrió una brecha en la estructura y obligó a la tripulación a evacuar. Cuando algunos miembros regresaron para evaluar los daños, entre ellos Fernando Pereira, una segunda detonación sacudió la embarcación. Faltaban quince minutos para la medianoche.

El fotógrafo portugués había vuelto para recuperar sus cámaras y su equipo profesional. La nueva explosión (ocurrida a las 23:45) abrió una vía de agua imposible de contener: el Rainbow Warrior comenzó a hundirse y desapareció bajo la superficie en apenas cuatro minutos. Pereira quedó atrapado en el interior y murió ahogado.

Después del hundimiento y la muerte de Fernando Pereira, la policía neozelandesa inició una investigación que pronto pondría en jaque al gobierno francés. Desde París, la respuesta inicial fue negar cualquier participación en el atentado. El gobierno de François Mitterrand calificó las acusaciones como absurdas y sostuvo que Francia jamás atacaría civiles en el puerto de un país aliado.

La versión oficial comenzó a desmoronarse por una combinación de errores operativos y testimonios inesperados. Durante la noche del ataque, el grupo civil de vigilancia costera Auckland Boat Watch había informado movimientos sospechosos: personas desembarcando de una balsa neumática y trasladándose hacia una camioneta Toyota HiAce.

Esa pista coincidió con las sospechas que despertó una pareja que se presentó como turistas suizos bajo los nombres de Sophie y Alain Turenge. Cuando devolvieron el vehículo alquilado, la policía descubrió irregularidades en su documentación y comprobó que sus pasaportes eran falsos.

Los supuestos turistas eran en realidad los agentes franceses Dominique Prieur y Alain Mafart. Su detención, junto con el rastreo del yate Ouvea, permitió reconstruir la operación encubierta y establecer el vínculo con la Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE).

La presión internacional logró que ya no pudieran sostener que nada tuvieron que ver: el primer ministro francés Laurent Fabius terminó admitiendo en una conferencia de prensa y ante las cámaras de televisión de todo el país que agentes del servicio secreto francés habían ejecutado el sabotaje bajo órdenes del Estado.

Continúa la lectura estratégica

Accede a la nota completa y mantente a la vanguardia de los movimientos financieros globales.

Leer artículo en Nevaco Global

Nevaco Report — Monitoreo en tiempo real de mercados globales y análisis macroeconómico.

También podría interesarte