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Nevaco Global
6 de septiembre de 2026

Pese al consumo débil, Milei evitó la crisis del tercer año y se mantiene competitivo de cara a las elecciones del 2027

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Conseguir la reelección se transformó una objetivo casi imposible, al menos en América latina. Casi todas las elecciones presidenciales hasta ahora mostraron alternancia en la región: Chile, Perú, Colombia, Bolivia, Uruguay, y habría que sumar incluso a Estados Unidos en la lista. Hubo excepciones también, como México o El Salvador.

Incluso en la Argentina sucede lo mismo. La última reelección fue la de Cristina Kirchner en 2011. Luego el candidato kirchnerista (Daniel Scioli) no pudo ganar en 2015, Mauricio Macri perdió en 2019 tras gobernar cuatro años y Sergio Massa no logró suceder a Alberto Fernández tras su paso como ministro de Economía de aquella administración.

Javier Milei ya avisó que va en búsqueda de su reelección. Pero la historia reciente de Argentina y lo que viene sucediendo en casi todos los países de la región dejan en claro que no se trata de un objetivo sencillo. Por el contrario, a priori podría decirse que las chances no juegan a su favor.

Los distintos índices y encuestas que miden la aprobación presidencial acrecentaron las dudas en los últimos dos meses. La aprobación de la gestión llega a solo 35%, un nivel que ni por asomo alcanza para ganar en primera vuelta. Ir al balotaje es sumamente riesgoso. En Perú o en Chile, por ejemplo, las elecciones se dirimieron por una diferencia de menos del 1% de los votos.

Además de no haber mantenido a sus respectivos partidos en el poder, los tres últimos gobiernos sufrieron crisis cambiarias en el tercer año de gestión. Incluso a Cristina Kirchner en su segundo mandato le pasó en 2014 (devaluación en enero y repunte inflacionario), a Macri en 2018 (salvataje del FMI en medio de una escalada del dólar) y a Alberto Fernández en 2022 (tuvo tres ministros de Economía en un mes (Martín Guzmán, Silvina Batakis y Sergio Massa).

Aunque todavía no terminó el 2026 la posibilidad de una crisis de ese estilo parece descartada. Y el Gobierno fue muy cuidadoso a la hora de evitar cualquier cimbronazo. De hecho mantuvo los agregados monetarios bajo estricto control con dos objetivos: forzar una baja de la inflación y al mismo tiempo evitar mayores presiones cambiarias.

Nada es gratis. La calma cambiaria está logrando el objetivo de bajar la inflación, pero no hay plata para mover el consumo interno.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Central reflejó esta realidad. Las consultoras esperan que una reducción de la inflación a 1,7% en agosto, manteniéndose con comodidad abajo del 2% hasta fin de año.

Algunos economistas como Fernando Marull consideran que en septiembre podría incluso bajar un escalón adicional hasta 1,6%, pues los ajustes en alimentos son menores (0,3 a 0,4% semanal) y ya se anunciaron menores aumentos en luz, gas y telefonía móvil. De mantenerse estos niveles, el 2027 proyectaría un nivel de inflación más cercano al 20%, lo que sería una reducción muy significativa, teniendo en cuenta que el 2026 cerrará en torno al 30 por ciento.

La contracara del REM pasó por el nivel de actividad, revisado fuertemente a la baja. Ahora la proyección es que el PBI aumente solo 2,4% este año. Es un crecimiento muy inferior al 3,5% proyectado por ejemplo por el FMI hace pocos meses. Se explica por sectores que vuelan como energía, minería y agro, pero otros que siguen muy flojos, como industria, comercio y construcción. “Es una economía donde el 20% anda muy bien, pero un 40% muy mal”, resumió Rodolfo Santángelo, economista y socio de la consultora Macroview.

Haber evitado una crisis cambiaria y reducido la inflación alcanzan para mantener a Milei competitivo, pero no para asegurar el triunfo electoral el año próximo. Una de sus principales ventajas es que ningún opositor hoy aparece con un apoyo mayor. El grado de rechazo es similar tanto para el Presidente como para cualquier posible contrincante.

Cómo siga la economía posiblemente determinará si le alcanza o no al actual Gobierno para seguir otros cuatro años. El propio Santángelo definió el panorama como “gris”: no hay crisis a la vista, pero tampoco grandes mejoras por delante.

La baja de la inflación es un dato relevante, porque muestra que el superávit fiscal y el control monetario rinde frutos. Además. permite que los salarios empiecen a levantar, mejorando el poder adquisitivo.

Es deseable, y quizás esperable, que el crédito también empiece a levantar. El pico de mora ya quedó atrás y el Tesoro ya cambió en la última licitación, al no renovar la totalidad de los vencimientos de bonos. Esto dejó a las entidades con más liquidez, que tarde o temprano deberían volcar al sector privado.

En las últimas dos semanas también se dio un escenario más favorable en el plano financiero. Bajaron las tasas en pesos y cayó levemente el dólar. Además, el riesgo país perforó los 500 puntos básicos, pese a un aumento de la tensión internacional. El barril de petróleo subió por encima de los 90 dólares y cayeron los bonos de EE.UU., con un significativo aumento de tasas. El bono del Tesoro norteamericano a dos años rinde un 4,4% anual, niveles que no se veían hace mucho tiempo.

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