Tren Saltillo-Nuevo Laredo y modernización de puentes
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La suba de las tasas de interés en los mercados globales es por estas horas el tema que domina las agendas de los inversores y también está presente en el encuentro de ministros de Finanzas del G-20 en Carolina del Norte. Para el equipo económico representa un nuevo escollo: se encarece el costo del dinero y la posibilidad de volver a los mercados financieros se aleja cada vez más.
El plan financiero presentado por Luis “Toto” Caputo ya preveía este escenario. En ese sentido, todas las fuentes de fondeo para pagar la deuda en 2027 dependen del mercado interno, más compra de dólares y financiamiento de organismos.
La tasa de 10 años del bono del Tesoro norteamericano subió ayer a 4,80% anual, mientras que la de 30 años se mantiene arriba de 5,20% anual, los niveles más altos en por lo menos 15 años.
También Japón dio la nota y los rendimientos en los bonos a diez años saltó al 3% anual, un nivel que no se veía desde 1996. Esto significa que los tiempos del dinero barato o casi regalado están cada vez más lejanos.
El FMI señala que varios bancos centrales de economías desarrolladas y emergentes están revisando al alza sus tasas de referencia o sus expectativas de política monetaria. El organismo identifica una combinación de inflación, shocks de oferta, precios energéticos y riesgos fiscales que está obligando a los responsables de política económica a actuar con mayor cautela.
La particularidad de 2026 es que la inflación ya no responde solamente al exceso de demanda. Los conflictos geopolíticos y las interrupciones potenciales del suministro energético pueden elevar los precios incluso cuando la economía pierde velocidad.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció que duplicará las compras de bonos del Tesoro a partir de la licitación del 9 de septiembre y mantendrá esta postura hasta noviembre. Con el anuncio buscó subir las paridades y bajar las tasas. Pero más allá de una reacción inicial positiva, con el paso de los días esta iniciativa se diluyó. Ahora habrá que esperar si tiene resultados concretos una vez que empiece a comprar desde la semana próxima.
Este incremento significa que una reducción del riesgo país para la Argentina no tendría todo el impacto positivo que se puede esperar. Al nivel actual de 500 puntos básicos, implica un rendimiento de los bonos dolarizados en torno al 10% anual.
Y si bien hay margen para una compresión, aún volviendo a los 400 puntos de julio sería insuficiente para colocar deuda en los mercados internacionales, ya que el Gobierno debería avalar una tasa todavía alta del 9% anual en dólares.
En la última licitación de la semana pasada, el Tesoro decidió no colocar un nuevo tramo del Bonar 2029 (AO29) justamente para no convalidar una tasa cercana a dos dígitos para un bono corto. Por eso, salió con todos títulos en pesos de corto plazo, que vencen dentro del actual mandato presidencial.
Si bien el contexto internacional complica al Gobierno, que por ahora no podrá conseguir financiamiento en los mercados, también hay algunas variables que juegan a favor. El petróleo se mantiene firme en niveles de USD 90 lo que beneficia a las exportaciones argentinas. El recrudecimiento del conflicto en el Golfo Pérsico provocó una suba del barril en los últimos días. La balanza energética ya supera los USD 6.800 millones de superávit y seguirá en aumento.
Pero además la soja también opera firme, a USD 480 la tonelada internacional, lo que representa un buen incentivo para la próxima campaña. Se trata de un incremento cercano al 25 por ciento.
El aumento de tasas largas en Estados Unidos representa un problema para la mayoría de las familias y un tema de preocupación para el gobierno de Donald Trump. Para quienes tienen préstamos a tasa variable, por ejemplo hipotecarios, una política monetaria más restrictiva significa mayores cuotas. Para quienes buscan una hipoteca o financiamiento empresarial, significa que pedir dinero prestado se vuelve más caro.
También cambia el atractivo de ahorrar. Las tasas más elevadas pueden mejorar los rendimientos de depósitos y bonos, pero al mismo tiempo reducen el incentivo para consumir e invertir.
Los gobiernos tampoco quedan al margen. Países con elevados niveles de deuda enfrentan mayores costos de financiamiento cuando los rendimientos de sus bonos suben.
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