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Nevaco Global
30 de agosto de 2026

Clima de Negocios: elección caliente en la aristocracia rural, entre denuncias, “guerra” de ex aliados y la mirada atenta del Gobierno

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La Sociedad Rural Argentina (SRA) está a un paso de definir lo que probablemente sean las elecciones más tensas y polémicas en sus 160 años de historia.

La disputa por la conducción de una de las principales entidades gremiales del agro nacional se da en un contexto en el que el sector “vuela”, con una cosecha total de más de 170 millones de toneladas –unos USD 50.000 millones en exportaciones– y con el reclamos por la baja de retenciones siempre sobre la mesa.

La “guerra” –por varios motivos, termina siéndolo– es entre dos ex socios que ahora no se pueden ni ver. Nada nuevo bajo el sol argentino: una pelea más entre un presidente y su vice. Llegaron juntos al poder y terminaron mal.

Nicolás Pino y Marcos Pereda Born fueron la renovación que destronó al status quo ruralista y se quedaron con la conducción de la entidad con el discurso de “somos distintos”. Renovaron el estatuto y reeligieron. Luego, empezaron las tensiones hasta que llegó la ruptura por la interpretación de cada una sobre la idea de alternancia, que supuestamente juraron que existiría.

Pino, muy cercano al presidente Javier Milei, quiere mantener el poder y Pereda jura que es su turno y que su ahora rival quiere entronizarse. Incluso, días atrás, emitió un comunicado diciendo que la SRA corre riesgo de “convertirse en la Formosa de Gildo Insfrán”. Fuerte. Al Gobierno no le da lo mismo que gane uno u otro aunque en el fondo ambos sectores son cercanos a la apertura y el tono general de la gestión Milei. “No nos metemos, pero es verdad que Nicolás es más cercano”, dijo una fuente oficial la semana pasada.

Así, esta interna caliente entra en su recta final hacia la asamblea general prevista para el 9 de septiembre, mientras los 3.000 socios de la entidad están votando de manera electrónica estos días. Ambos sectores dicen que “están bien”, que creen que van ganando (cerca de Pino arriesgan un 70-30 en su favor). En medio de la contienda surgieron sospechas sobre que una inversiones para aggiornar el sistema de registros genealógicos. “Nada que ver”, dicen desde el búnker de Pino, aunque debió pedir perdón por la situación en su último discurso en Palermo, con Milei a pocos metros.

La SRA es lo que podría definirse como el club de los “ruralistas VIP”: el espacio donde se reúnen los grandes terratenientes y propietarios del ganado argentino. Es la aristocracia agraria histórica, más allá del intento de sus autoridades por ampliar la base de socios y de cierto baño de popularidad que se dieron junto a las otras entidades cuando se conformó la famosa Mesa de Enlace que enfrentó a Cristina Kirchner por la Resolución 125, aquella que terminó con el voto “no positivo” de Julio Cobos. Pasaron casi dos décadas y los derechos de exportación que paga principalmente la soja siguen siendo el gran flagelo del sector.

La entidad nació en 1866 con un objetivo fundacional ambicioso: “velar por el patrimonio agropecuario del país”. Tiene unos 3.900 socios y en sus cúpulas se sucedieron apellidos como Martínez de Hoz, Anchorena, Miguens, Blaquier, Frers, Zorreguieta, Crotto, Alchouron y Etchevehere. Muchos de sus dirigentes pasaron luego por cargos públicos en gobiernos tanto democráticos como dictaduras. La SRA integra el Grupo de los Seis, que nuclea a los actores económicos más poderosos del país, junto a los bancos, la bolsa, el comercio, la construcción y la industria. En ese contexto, asoma como una entidad de las más alineadas con el Gobierno: no es para menos, el agro es uno de los ganadores del modelo. En esa postura de “aguante” a Milei están junto a la Cámara de Comercio y la Bolsa de Comercio, mientras que la UIA y la Cámara de la Construcción parecen haber notado el contexto y ahora empezaron mostrarse algo más críticos, luego de casi tres años de caída constante de sus actividades (habrá que ver qué dice la UIA esta semana en el Día de la Industria).

Pino (62) estudió Producción Agropecuaria en la UCA, lleva más de tres décadas como miembro de la entidad y no tiene campos propios. Esa es una de las principales críticas que le hacen en un mundo de dueños.

Pereda Born (62), en tanto, es descendiente de la familia Bunge y Born —su bisabuelo cofundó el holding— y preside el Grupo Bermejo, un conglomerado de agronegocios con campos en Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes. El primero dice que el segundo quiere manejar la SRA como una empresa, y el segundo dice de su ex compañero de fórmula que rompió promesas de alternancia y sospecha de los datos del balance que presentó.

La disputa central de la campaña y los señalamientos tienen que ver con los llamados registros genealógicos, un tema explotó públicamente en marzo, cuando cabañeros de todo el país denunciaron que el sistema no funcionaba y que estaban imposibilitados de inscribir sus animales. Hubo presentaciones judiciales y la oposición reveló que la erogación prevista para la actualización del sistema se había cuadruplicado.

La lectura opositora del balance difundido en la recta final de la campaña especifica $7.410 millones gastados en concepto de desarrollo de software y otros $1.613 millones en concepto de previsión por el reclamo de facturas impagas a la empresa proveedora, lo que equivale a aproximadamente 6 millones de dólares en total. Está escrito en la presentación financiera. La empresa contratada fue Mobile Computing, que luego cambió su nombre por Grid Dynamics Holdings y se negó a someterse a la auditoría externa que ordenó la SRA.

Infobae habló con ambos postulantes. Pino asegura que Pereda continúa siendo vicepresidente de la entidad y que participó activamente de todos los procesos vinculados a los registros, del plan estratégico y, en forma personal, de la designación de equipos. “No puede presentarse ahora como un tercero ajeno, ni menos aún hacerse el distraído. El proveedor incumplió en tiempo y forma y estamos actuando administrativa y judicialmente para resguardar a la institución”, destacó.

– Se cuestionó mucho su habilitación para presentarse a una nueva reelección.

– En 2023, en asamblea y con aprobación de una amplia mayoría de los socios, se decidió terminar con las reelecciones indefinidas y establecimos un límite de tres mandatos. Una obviedad: eso es a partir de la modificación del estatuto. Las normas rigen desde su sanción, no retroactivamente. Carlos Odriozola y yo estamos plenamente habilitados. No hay ninguna denuncia administrativa o judicial que invalide el proceso. Es un tema completamente resuelto. Todo está en orden y habilitado. Lo importante es que sea el socio quien elija.

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Islandia rechaza volver a negociar su entrada en la UE por un margen de apenas unas décimas a falta de terminar el recuento
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Islandia rechaza volver a negociar su entrada en la UE por un margen de apenas unas décimas a falta de terminar el recuento

El ‘no’ se impone al ‘sí’ por la mínima en un referéndum marcado por la pesca, la soberanía nacional y la creciente incertidumbre geopolítica en el Ártico Islandia se asoma a Europa con un referéndum que reabre el viejo dilema sobre entrar en la UE Islandia ha cerrado la puerta a reabrir las negociaciones para ingresar en la Unión Europea por un margen que no podía ser más ajustado. A falta de cerrar dos distritos electorales donde ya ganaba el “no”, la opción negativa se impone con un 51,8% frente al 48,2% del “sí”, frenando así el proceso que el Gobierno de centroizquierda de la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, había trazado para replantear la relación del país con Europa. El referéndum había cobrado fuerza ante la creciente incertidumbre económica y geopolítica que en los últimos años ha sacudido al país nórdico y que ha reabierto el debate sobre su lugar en Europa. Según la cadena pública RÚV, la participación ha sido muy alta, comparable a la de las últimas elecciones generales, en las que votaron alrededor del 80% de los electores. Este resultado tan ajustado no significa que Islandia haya rechazado definitivamente y para siempre entrar en la UE, ya que la consulta del sábado preguntaba a los ciudadanos si autorizaban al Gobierno a volver a sentarse a negociar con Bruselas, no si querían ser miembros del club comunitario. Pero el resultado de las urnas refleja que el país está prácticamente dividido en dos por la cuestión, después de una campaña marcada por el coste de la vida, la inflación, el contexto de seguridad geopolítico en el Ártico y el control de los recursos naturales como la pesca. El principal temor entre los partidarios del “no” era que una eventual entrada en la UE obligase a Islandia a ceder parte del control de sus ricos caladeros y a someterse a la política pesquera común de los 27 socios de la UE. En este sentido, la pesca no solo representa la principal fuente de riqueza del país (40% de las exportaciones y alrededor del 7% del PIB) , sino que también forma parte de la identidad económica y nacional de Islandia. Los expertos señalan que la gestión de los recursos marinos ha sido, además, uno de los argumentos que más han movilizado a los votantes durante la campaña. Con estos resultados, el Gobierno de Reikiavik, que impulsó el referéndum tras la formación de la coalición de Gobierno en 2024, se reunirá en los próximos días con la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento para votar la retirada de la solicitud de adhesión a la UE, como ya ocurrió hace una década. Entonces, las negociaciones suspendidas en 2013 no llegaron a abordar los temas más delicados, como la pesca y la agricultura, y el proceso se dejó de lado con un cambio de Gobierno que no era favorable a entrar a formar parte de la UE. El mayor argumento para la campaña del “no” ha sido señalar que Islandia ya se beneficia de la integración europea, al formar parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y de la zona Schengen, sin tener que ser miembro de la UE, una fórmula similar a la de otro país nórdico, Noruega. En este sentido, Islandia ya ha incorporado alrededor del 75% de la legislación de la Unión Europea a través de su pertenencia al EEE. Sin embargo, los defensores del “no” han argumentado que, con una población de apenas 400.000 habitantes, el país seguiría siendo un Estado muy pequeño dentro del bloque y tendría dificultades para hacer oír su voz e influir en las decisiones que se toman en Bruselas. Durante la campaña, la misma primera ministra Frostadóttir ha enfatizado que solamente estaría a favor de la adhesión a la UE si el país conseguía negociar un buen acuerdo con la UE. Los defensores del “no” han sostenido que, durante el proceso de negociaciones iniciado en 2013, la UE ya rechazó hacer concesiones significativas a Islandia en materia de pesca. La política pesquera común establece unas reglas comunes para el acceso y la gestión de los caladeros de los Estados miembros, y los partidarios del rechazo consideran que no había motivos para pensar que Bruselas estuviera ahora dispuesta a cambiar su posición en este ámbito. En cambio, muchos de los detractores de la adhesión consideran que la capacidad para decidir sobre asuntos como el de la pesca constituye uno de los pilares de la soberanía del país, conseguida en 1944 tras siglos de dominio colonizador por parte de Noruega primero y después de Dinamarca. Otro de los argumentos esgrimidos por los partidarios del “no” para defender la soberanía nacional frente a Bruselas es que, en apenas un siglo, Islandia ha pasado de ser uno de los países más pobres de Europa a convertirse en una de las economías más prósperas del mundo sin necesidad de formar parte de la UE. Los defensores del “sí”, en cambio, han situado la actual incertidumbre económica en el centro de la campaña, poniendo el foco en la inflación, el elevado coste de vida y la volatilidad de la corona islandesa. Rechazo mayoritario en las zonas rurales El referéndum sobre la UE también ha dejado una fractura evidente entre el entorno urbano de la capital, Reikiavik, donde la opción del “sí” ha ganado más votos, y las regiones más aisladas de la costa que dependen más estrechamente de la pesca y la agricultura, donde la opción del “no” ha ganado de forma mayoritaria. Durante la campaña, el Gobierno favorable a la adhesión trató de tranquilizar al sector pesquero, responsable del 40% de las exportaciones y de alrededor del 7% del PIB, asegurando que el control de los caladeros sería una línea roja en unas eventuales negociaciones con Bruselas. Sin embargo, finalmente se ha impuesto el argumento de quienes consideran que ceder a la UE el control sobre los recursos naturales supondría una pérdida de soberanía, uno de los principales pilares del discurso euroescéptico. Este resultado también ha supuesto un revés para los que pensaban que el nuevo escenario de incertidumbre geopolítica justificaba un acercamiento a Bruselas. La guerra de Ucrania, el aumento de la tensión entre Rusia y Occidente y, sobre todo, las amenazas de Donald Trump sobre Groenlandia han colocado al Ártico en el centro de la geopolítica internacional, donde Islandia se encuentra estratégicamente situada entre Europa y América, siendo parte de la OTAN, pero sin tener un ejército propio. Para el Gobierno de Frostadóttir, una mayor integración europea podía reforzar la posición internacional del país en un momento de incertidumbre, pero el argumento geopolítico no ha sido suficiente para convencer a una mayoría de islandeses. Con todo, el estrecho margen de los resultados deja entrever que el debate sobre la UE no desaparecerá, ya que la sociedad continúa estando dividida y la relación con la UE seguirá siendo un asunto de fondo.

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