Cien años de cooperativismo argentino
A 100 años de la primera ley para el sector, Argentina celebrará en diciembre un consenso transversal perenne de su historia política
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Para José Luis Daza, viceministro de Economía de Luis “Toto” Caputo, “ya están los brotes verdes”, aunque para verlos habría que mirar de cerca, muy de cerca.
Eso dijo el funcionario hace unos días en una entrevista, casi como una respuesta anticipada a quienes aseguran que la recuperación de la economía no está, no se ve y no se siente ni en el bolsillo de los argentinos ni en las cuentas bancarias de las empresas del país. La referencia botánica, que remite a declaraciones de los años macristas, llegó acompañada de una arenga: “Se están creando las bases, se están creando las empresitas, se están creando los empleos poco a poco, que todavía no se ven”, dijo Daza en radio Mitre.
La frase recuerda el “bienestar que no se nota” que en 2022 refirió un funcionario del equipo económico de Martín Guzmán y el “crecimiento invisible” que el 1 de marzo de 2018, al abrir el período de sesiones ordinarias del Congreso, mencionó el entonces presidente Mauricio Macri.
Hay algo concreto, en ese sentido: los números no parecen acompañar del todo. Apenas unos días antes de esa entrevista, el Indec había confirmado que la actividad económica cayó 0,5% mensual en mayo, la segunda baja consecutiva tras el retroceso de 1,5% de abril. La suba interanual fue de apenas 0,2%, con ocho de los quince sectores del Estimador mensual de actividad económica (EMAE) en verde: minería lideró con un alza de 15,7%, seguida por electricidad, gas y agua (8%) y el agro (4,6%). Del otro lado, pesca se desplomó 29,3% y también cayeron la industria (5,6%) y el comercio (4,3%).
Habrá que esperar unos días más para que estén los datos oficiales de junio, y por lo tanto de la primera mitad del año. Mientras tanto, las consultoras ya tienen medido ese mes y calculan julio, que acaba de terminar. Son informes que no auguran grandes remontadas –aunque en algunos casos sí subas semestrales– y están surcados por conceptos que siguen mostrando los diferentes ritmos con los que se mueve la economía local: subas asintomáticas, economía dual, vías que se bifurcan, el mentado serrucho. Formas de referirse a un crecimiento económico que no termina de despegar.
En ese contexto, el Gobierno insiste con que ya se siente la mejora y Daza oficia de abanderado de la “tendencia-ciclo”, una serie estadística que filtra la estacionalidad y los componentes irregulares. Una cuestión bastante técnica que se puso de moda en las últimas semanas.
Según el viceministro, la volatilidad de la serie mensual se duplicó largamente desde 2024: la desviación estándar pasó de 0,9 ese año a 2,2 en lo que va de 2026. Saltos de ±3% mensuales, explicó, implican que la economía caiga a un ritmo anualizado de 30% un mes y crezca 43% al siguiente, algo que —según su argumento— “no pasa en ninguna economía real”. Dice que, en procesos de estabilización y reforma como el que atraviesa el país, las estadísticas miden con rezago a una economía que ya cambió de comportamiento y de agentes.
Con ese criterio, sostuvo, la Argentina acumula 26 meses consecutivos de crecimiento, algo que no ocurría en los quince años previos, cuando la actividad chocó cuatro veces contra el mismo techo: en 2013, 2015, 2017 y 2022. Ese tope, remarcó, ya fue superado, y esta vez con superávit fiscal, sin emisión monetaria, con superávit externo y con el Banco Central comprando reservas. Básicamente, pide mirar los números de otra forma. De la forma correcta, según su opinión. El segundo “¿será?” de esta nota.
Otra vez: todo muy técnico. Las series estadísticas de producción tienen componentes que hacen que en algún mes se produzca más que en otro. La famosa estacionalidad. Por eso, en general, el Indec y los privados muestran series de datos desestacionalizadas para entender mejor qué pasó de un mes al otro y poder hacer comparaciones más allá de ese efecto calendario, cíclico y recurrente que se da porque, por ejemplo, los hoteles trabajan más en verano que en abril.
“La serie tendencia-ciclo es una transformación estadística que cambia todo el tiempo”, resumió Gonzalo Carrera, economista senior de la consultora Equilibra. “Es verdad que en el EMAE crece hace 26 meses en la serie, pero hace un par de meses esa misma serie mostraba estancamiento. Es algo en constante revisión. Crece sobre todo por el PBI primario (agro, minería, energía y pesca). El resto, PBI No Primario, que es el el 87% del producto, tiene una serie estancada desde febrero del año pasado, y en niveles similares a los del 2º trimestre de 2022. La mayoría de los sectores tienen un crecimiento muy magro en el último año, con minería y energía que explican que la tendencia ciclo se sostenga (el Indec no abre la serie por sectores) y comercio e industria como los más golpeados este último año. Además, con el freno de crédito, la intermediación financiera también dejó de crecer desde agosto del año pasado”, destacó Carrera.
"Hay un motor que está a full y otro que está apagado“. Así definió Hernán Lacunza, el exministro de Economía de Mauricio Macri, un contexto en el que las variables financieras —inflación en baja, dólar planchado, riesgo país y tasas a la baja— conviven con una producción, un empleo y un consumo que todavía no arrancan.
Lacunza, que ahora aspira a una candidatura presidencial, según reveló la semana pasada, usó datos de su consultora Empiria sobre el ingreso disponible de los hogares para explicar por qué la desinflación no siempre se traduce en alivio.
Según esos números, casi un cuarto del ingreso familiar se destina hoy a servicios, alquileres y expensas —contra apenas 15% de hace algunos años— y otro 24% queda comprometido en cuotas de préstamos ya tomados. En la práctica, buena parte del salario queda comprometida antes de llegar al supermercado, lo que explicaría en parte el salto de la morosidad, otra luz roja de estos tiempos.
Esa ecuación conecta, además, con la geografía productiva del país. Mientras la minería, la energía y el agro —con apenas 250 mil empleos directos, según los cálculos que citó Lacunza— traccionan el crecimiento, la industria y la construcción, que entre las dos emplean a unos 8 millones de personas, siguen golpeadas. El economista advirtió que la demanda social ya no pasa por bajar la inflación, sino por conseguir trabajo, y que la tolerancia social ante esa espera tiene un límite.
El diagnóstico de los “dos motores” tiene, además, sustento estadístico. Equilibra calculó que, desde que asumió el Gobierno de Javier Milei, el PBI creció 6,5% y alcanzó su pico histórico. Pero el promedio esconde una realidad mucho más fragmentada: los sectores “ganadores” mencionados traccionan ese número, mientras la industria (-13%), la construcción (-12%) y el comercio (-2%) cayeron, y el grueso de las actividades quedó estancado.
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La obra, financiada con una mezcla de recursos públicos y donaciones privadas, busca estar lista antes de la posesión presidencial del 7 de agosto