El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, buscará aprovechar su presencia como invitado en la próxima cumbre del G7 para concretar reuniones bilaterales con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, según informó este miércoles la cancillería brasileña.
El objetivo de estos encuentros sería revertir los aranceles a las exportaciones brasileñas hacia Estados Unidos, que podrían alcanzar el 37,5%, así como las restricciones de la Unión Europea a la importación de carne y otros productos de origen animal.
La semana pasada, la administración de Trump propuso la aplicación de un arancel del 25% a las exportaciones de Brasil por supuestas prácticas comerciales desleales, además de establecer un gravamen adicional del 12,5% para países que no combatan el trabajo forzoso en sus cadenas productivas. De concretarse, la tasa total de aranceles para Brasil se acercaría al 40% ya aplicado el año pasado y que luego fue revocado parcialmente.
Por su parte, la Unión Europea anunció el viernes pasado que a partir de septiembre impondrá restricciones a la importación de carne y productos de origen animal provenientes de Brasil, debido al uso de antimicrobianos prohibidos en el bloque. Estas medidas se suman a la presión internacional sobre las exportaciones brasileñas de origen agropecuario.
El embajador Philip Fox-Drummond Gough, secretario de Asuntos Económicos y Financieros del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, expresó: “El mensaje principal es que nos sorprendió la forma en que se adoptaron estas medidas y que nos generan preocupación”. La declaración ocurrió durante una conferencia de prensa, de acuerdo con el reporte oficial.
El Gobierno de Brasil reaccionó duramente al anuncio de Washington y atribuyó la decisión a las gestiones del senador Flávio Bolsonaro, principal candidato opositor en las elecciones presidenciales de octubre e hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, quien mantuvo reuniones en la Casa Blanca poco antes de la imposición de los nuevos aranceles.
Lula da Silva también llevará a la cumbre del G7 en Evian, Francia, una agenda centrada en el multilateralismo y la demanda de una mayor contribución financiera de los países ricos ante emergencias globales. Aunque Brasil no cuenta con derecho a voto en el grupo, el mandatario intervendrá al menos tres veces en los actos oficiales durante el 16 y 17 de junio, defendiendo el peso económico y regional de su país.
De acuerdo con portavoces de la cancillería brasileña, entre los siete documentos que se debaten en la cumbre, dos podrían impactar de forma directa las posiciones del gobierno brasileño. Uno de los textos aborda las alianzas internacionales para el desarrollo y el financiamiento de la ayuda de emergencia, un rubro que experimentó una marcada reducción en los últimos años. Brasil plantea la necesidad de un aporte más significativo por parte de los países desarrollados, en contraste con las propuestas de recortes y mecanismos alternativos.
El segundo documento de interés para el gobierno trata el crecimiento económico equilibrado. En sus mensajes, Lula insistirá en la urgencia de reformar la gobernanza de instituciones como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y las Naciones Unidas, además de manifestar su rechazo a medidas unilaterales en economía impulsadas por la Casa Blanca.
Durante el almuerzo de trabajo del 17 de junio, Lula participará en un debate sobre inteligencia artificial y protección de menores en internet, un campo en el que Brasil se posiciona como referente tras la aprobación en marzo del Estatuto Digital de la Niñez y la Adolescencia.
La diplomacia brasileña también busca contribuir a los textos sobre cooperación internacional en la lucha contra ciertos tipos de cáncer y el narcotráfico. Esta última cuestión adquirió mayor peso en la relación con Estados Unidos después de que dos organizaciones criminales brasileñas, Comando Vermelho (CV) y Primeiro Comando da Capital (PCC), fueran catalogadas como terroristas por Washington.