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Nevaco Global
1 de noviembre de 2026

Luciana De Luca: “Hay una Santa Fe de mentira, mítica, que yo tengo en la cabeza y sobre la que estoy escribiendo”

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La biografía que ofrece página de la editorial que publica sus libros dice que Luciana De Luca nació en Buenos Aires y que creció en el litoral santafecino. Dice también que es autora de las novelas Otras cosas por las que llorar y El amor es un monstruo de Dios, esta última finalista del premio Fundación Medifé Filba 2024 y traducida al portugués y al italiano. También en ese texto es posible leer que sus cuentos se publican en distintas revistas literarias en español e inglés y que es autora de libros infantiles celebrados y reconocidos.

No dice que nació en 1978 y que dejó Santa Fe a los 12 años. “En Santa Fe vivíamos bastante cerca del cementerio. Había muchas maneras de recordarnos diariamente que teníamos el cementerio cerca, por ejemplo la presencia constante de los coches fúnebres que pasaban por la esquina de mi casa. Además, vivíamos en un barrio donde había mucha gente mayor que se iba muriendo. Entonces los coches fúnebres venían cada vez más seguido”, le contó hace un tiempo a Silvina Friera. En sus primeras novelas había gente mayor y también había cementerios.

La última novela de Luciana se llama Pez, piedra, pájaro y, al igual que las dos anteriores, fue publicada por Tusquets. Tengo el placer de haber leído y escrito la obra de Luciana y después de leer y presentar la nueva novela confirmo que me interesa mucho lo que hace. Y lo escribo así (“lo que hace”) porque hay obra y trabajo en su producción. Hay imaginación, creatividad y actividad laboriosa con la lengua en sus ficciones y también en sus cuentos para chicos. No es producto del azar ni de la casualidad de una buena historia bien formulada. Se llama literatura.

Sus novelas son diferentes entre sí pero también es posible hallar puntos de contacto como el interés por lo monstruoso, los linajes y las mujeres aunque en Pez, piedra, pájaro, aparece por primera vez una cosmogonía. Ya en El amor es un monstruo de Dios había personajes como la giganta, que podrían remitir a cierto motivo legendario, pero la nueva novela narra la creación de un caserío/mundo (en el siglo ¿XVI? ¿XVII?), un caserío/mundo que comienza con personas que llegan desde el agua y fundan ese lugar y también otras que más tarde lo seguirán habitando. Se trata de una novela producida por una imaginación más frondosa aún que el bosque que se narra y que es, también, un protagonista importantísimo de esta historia.

Hay extrañeza y metamorfosis en personajes y escenas y un linaje que arranca con una niña, Jacobed, que nace con dientes y que luego será amorosa madre de mellizas sin padre alguno y con personalidades contrapuestas. Una de ellas, salvaje e indómita, Zeta, quiere comerse el mundo y es capaz de convertirse en árbol y otra, Primavera, es más sumisa y quieta, solo vive por amor. Y, por último, llegará el tiempo del niño que no es niño y que en cambio es pez, será piedra y luego pájaro.

Pez, piedra, pájaro es una muestra más del talento de De Luca y su delicada orfebrería con la lengua, esta vez mucho más cerca de la poesía. Los lectores hallarán en esta novela breve y singular un universo fuera de todo registro realista y con motivos clásicos de las mitologías aunque no solo de las ya existentes en diversas culturas ya que Luciana consagra su imaginación a la creación de mitos nuevos y fascinantes, atravesados por una cosmovisión del presente.

Lo que sigue es una adaptación del diálogo que mantuvimos días atrás durante la presentación de la novela, en una lindísima librería de Palermo.

— Me gustaría saber cómo arrancó esta novela en tu cabeza, es decir, qué hubo para que existiera Pez, piedra, pájaro.

— Bueno, primero hubo Pez, piedra, pájaro. Es decir, fue el nacimiento de Pez, de esa criatura de esa criatura que nace de una manera inesperada para su familia y que su familia lo recibe con cierta naturalidad. A nadie le parece una aberración. Empezó por ahí y creo que en algún momento, muy pronto, sucedió que necesité construir todo un mundo para soportar eso. Yo nunca calculo inicialmente hacia dónde voy a ir ni calculo el tono ni la estructura. Hay algo de sentarme a leer y escuchar lo que voy escribiendo. Y esta vez empezó por el final. En un momento de hecho hubo, bueno, le había cambiado el nombre a la novela y todos fueron muy buenos y no me dijeron nada, pero después volvimos al título original.

— En un comienzo fue Pez y había una presencia ahí; había una madre un poco borrada, deslucida, y estaba Zeta como personaje principal. Es decir que empecé escribiendo sobre Zeta y Pez.

— Una de las principales preocupaciones de tu obra tiene que ver con el mundo de las mujeres.

— Sí, sí, hay algo ahí que no puedo eludir de alguna manera. Tampoco quiero. Pero me parece que está bien no poder eludir una preocupación y quedarse escribiendo sobre eso. Es como si casi quisiera agotar mis preguntas, que no se van a agotar nunca, y la feminidad, digamos, como punto para observar, que tampoco se va a agotar nunca. Cuanto más me acerco, menos lo entiendo.

— Por el tipo de literatura que hacés, por el tipo de historia que es Pez, piedra pájaro, me pregunto cómo hacés para aislarte de todo y ponerte a escribir algo que requiere semejante atención en relación a la historia pero también a la lengua. Hay, por supuesto, una historia, que es una historia del origen de una cultura. En este caso, en esta cosmogonía, se cuenta el modo en que nacen quienes habitan esa tierra, hasta cómo se alimentan, cómo viven, cómo no hay sol.

— Vuelvo a esto: en un país como el nuestro, en donde se toma la Bastilla todos los días, ¿cómo hacés para poder aislarte y trabajar sobre algo así? ¿Cómo te concentrás?

— Bueno, pero hay sacrificios que valen la pena. Estoy dispuesta. Hablando en serio, no lo sé, hay algo de recluirme adentro de mi cabeza. Empecé a escribir desde muy chiquita y durante mucho tiempo yo no pensaba dedicarme a la literatura. Tampoco pensaba dedicarme a nada en particular, era solo algo que me gustaba mucho. Creo que aprendí a recluirme en mi cabeza y a tener como un pequeño resguardo, una buhardilla en la que siempre estoy pensando en la escritura. Y pensar en la escritura no es solo pensar en escribir sino mirar las cosas de una manera que sea permeable, poder usar para la escritura. Yo escribo muy despacio. Me lleva mucho tiempo y corrijo mucho. Aprendí con los años, antes no corregía, no editaba y por eso no publicaba. Y creo que para mí el salvoconducto o lo que me permitió poder pensar en publicación fue que aprendí a corregir.

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