María Morollón tiene 34 años, es ingeniera química y graduada en Magisterio, pero su vida dio un giro radical que la llevó muy lejos, ... hasta África. Tras años realizando voluntariados con niños vulnerables en España, Jordania o la India, descubrió que su verdadera vocación era volcarse con los más desfavorecidos y hacer de ello su forma de vida. En 2017 viajó por primera vez a Uganda y, tras varios veranos colaborando en el país, decidió instalarse allí de manera permanente hace cuatro años.
Fue durante su labor en una ONG local enfocada en la educación cuando empezó a cruzarse con historias que cambiarían su rumbo. «En las puertas del colegio, al finalizar las clases, muchos niños permanecían horas esperando hasta muy tarde», cuenta. «No tenían adonde ir». En ese momento decidió dar un paso más y fundar la Asociación Nafasi Uganda, registrada formalmente tanto en España como en el país africano.
De esta manera, María ha logrado crear un auténtico núcleo familiar. Actualmente acoge en su propia casa a siete menores sin referentes familiares, quienes acuden a colegios internos durante el curso escolar y pasan los periodos vacacionales con ella. Además, la entidad apoya económicamente la escolarización de otros niños de la zona cuyas familias carecen de recursos. En este hogar, los propios jóvenes, habiendo vivido situaciones de desamparo similares, se apoyan mutuamente. Vivir tan lejos de Cáceres y ser la piedra angular de un proyecto tan poderoso no es fácil, pero tiene claro que no lo cambiaría. «No diría que me sacrifico porque, al final, es lo que me gusta. El sacrificio hubiese sido tener que trabajar en una oficina», explica.
No es la primera vez que comparte su historia, pero ahora lo hace para dar a conocer una iniciativa solidaria que se llevará a cabo el próximo 15 de noviembre. Se trata de un concierto benéfico en el Corral de las Cigüeñas, en el que actuarán los grupos Bellacos y Starmen. Las entradas cuestan cinco euros y se ha habilitado una fila cero.
La vivienda actual en la capital ugandesa ha quedado pequeña para dar respuesta a los casos de vulnerabilidad que siguen apareciendo. Para poder atender a más menores, explica María, la asociación ha adquirido un terreno en el que ya se han instalado infraestructuras básicas como letrinas, un pozo de agua, garita de seguridad y zonas de cultivo. El objetivo final es la construcción de un centro de acogida con capacidad para hasta 60 niños. Aprovechando que los menores se encuentran internos en el colegio, María ha regresado temporalmente a España para impulsar diferentes iniciativas solidarias como esta. El proyecto tiene un coste de 130.000 euros.
Para llevar a cabo este evento se han implicado distintas empresas y entidades. María Guerrero es otra de las organizadoras de la cita y explica que forma parte de un colectivo de amigos en Cáceres que decidió unirse para apoyar a la cooperante. La relación comenzó de forma puntual a través de una profesora del Colegio María Auxiliadora mediante recogidas de ropa y calzado. Sin embargo, al conocer más a fondo la difícil situación y la desprotección infantil en la zona, el grupo sintió la necesidad de organizarse de manera solidaria para ofrecer una ayuda de mayor alcance.
Los grupos Bellacos y Starmen actuarán el día 15 en una cita en la que colaboran numerosas entidades de la ciudad
Los alumnos del colegio María Auxiliadora participan en la captación de recursos y contactando con empresas
Más allá de la recaudación económica, la iniciativa busca inspirar a la ciudadanía cacereña bajo el lema «personas haciendo cosas por personas», tal y como explicaron durante la rueda de prensa en la que presentaron este propósito. Aunque reconocen que no pueden cambiar el mundo por completo, afirman que sí es posible mejorar la vida de esos niños y niñas. Con este evento pretenden transmitir una solidaridad alegre y demostrar que, incluso desde los pequeños gestos, se puede apoyar activamente a quienes trabajan día a día por los derechos humanos en situaciones de extrema vulnerabilidad.
El Colegio María Auxiliadora de Cáceres representa un pilar fundamental en este proyecto. Tal y como explica Inés María Jiménez Cortijo, tras el éxito de iniciativas previas —como la venta de lápices ecológicos o la recolección de material—, la comunidad educativa ha renovado y profundizado su alianza con la organización para apoyar a Nafasi. Los estudiantes han liderado la organización de eventos, la captación de recursos, el contacto con empresas colaboradoras, la planificación de calendarios de difusión en redes sociales, la venta de entradas para conciertos solidarios y la logística de sorteos.
«Porque creemos en ello, siempre nos marcamos un objetivo: inculcar a nuestro alumnado valores como empatía, solidaridad y compromiso; todo aquello que evidentemente debe quedar reflejado en los estudiantes. ¿Y qué mejor forma de hacerlo? No dejar esos valores en meras palabras o simples reflexiones, sino en acciones concretas y reales», señala la profesora. Inés recuerda además que, el día que se reunieron con María para entregarle la recaudación, «ella se ofreció a dar un taller en el colegio para explicar a nuestros alumnos la realidad diaria de los niños allí. Eso caló profundamente en el alumnado y les hizo comprender que sus acciones tenían un impacto positivo para intentar cambiar vidas y construir una sociedad y un mundo más justo y solidario», destaca.
«Vivo en África y acojo a niños; no es un sacrificio, lo sería trabajar en una oficina»
«Vivo en África y acojo a niños; no es un sacrificio, lo sería trabajar en una oficina»
Copyright © Corporación de Medios de Extremadura S.A.Avenida del Diario HOY, S/N. 06008Badajoz