Podía darse por seguro que el revés asestado por el Tribunal Supremo en febrero, cuando consideró inconstitucionales sus aranceles indiscriminados, no detendría a Donald Trump. ... El presidente de Estados Unidos prosigue desde ayer su guerra comercial, y en este caso el lobo se viste de cordero con la supuesta pretensión de impedir que entren en aquel país productos obtenidos mediante trabajo forzoso. La Administración estadounidense ha investigado a 60 naciones por este concepto, entre las que figuran las de la Unión Europea. Formar parte siquiera de este bloque de sospechosos incomoda a Bruselas, que esgrime el rigor de su propia legislación. Pero en lo que importa, la tarifa global del 10%, se aferra al mal menor y poco le faltó al portavoz de Comercio para aplaudir, por entender que el republicano cumple con el acuerdo bilateral que suscribió con Ursula von der Leyen en su complejo de golf escocés; e incluso incorpora algunas exenciones que permiten a los dirigentes comunitarios concebir esperanzas de retomar en algún momento la previsibilidad en los intercambios. Europa respira aliviada además porque, de momento, la multa de 890 millones a Google no ha captado la atención del republicano.
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