abcSe agota el tiempo
El tipo de interés que pagan los bonos estadounidenses es el mejor termómetro de lo cerca o lejos que estamos de que se resuelva el cierre de Ormuz . Hasta ahora, el mercado ha sido bastante complaciente y en ningún caso ha puesto en precio que la situación pudiera escalar de forma significativa. Sin embargo, tras los últimos datos de inflación y el magro resultado alcanzado hasta ahora en las negociaciones diplomáticas, el mercado ha empezado a enseñar la patita .El viernes pasado, los tipos de interés de las principales referencias estadounidenses se situaron por encima de los niveles que, hasta ahora, habían provocado una reacción por parte de las autoridades. El bono estadounidense a diez años paga algo más del 4,50 % y el de treinta años supera el 5 %. A estos niveles, el engranaje empieza a crujir. Conviene recordar que esto es precisamente lo que ha torcido el brazo a Trump cada vez que, en los últimos años, alguno de sus controvertidos planteamientos ha sido cuestionado por el mercado.Esta vez no tiene por qué ser distinto. Trump, por así decirlo, no es un hombre de convicciones especialmente firmes. Del mismo modo que los aranceles eran sus mejores amigos y su palabra favorita, y no tuvo ningún pudor en renunciar a esa política cuando la subida de los tipos de interés anticipaba problemas en la curva, ahora tampoco tendrá inconveniente en abandonar sus planteamientos de máximos para resolver esta crisis, aunque se deje algunos jirones más de credibilidad en la gatera a cambio de que los mercados se reconduzcan.Noticia relacionada opinion No No EL QUINTO EN DISCORDIA El petróleo se despide José Ramón IturriagaEn algún momento pudo sentirse tentado de ser el hacedor de un nuevo orden mundial, pero una vez más se impondrá su visión mercantilista del poder, que no le permite ser el responsable de que la economía -y los mercados- se tuerzan. Ese es el idioma que realmente entiende. Lo demás son eslóganes y banderas que utiliza en la medida en que le resultan útiles. Y la crisis de Oriente Medio empieza a pasarle factura.No creer en nada y ser un ignorante supremo puede tener alguna ventaja: permite pasar de pantalla sin siquiera ruborizarse. Probablemente es eso lo que estamos a punto de presenciar. En los próximos días, Trump alcanzará algún tipo de acuerdo, desde luego muy alejado de lo que exigía hace apenas unos días, que le permitirá cerrar este capítulo y que, en clave de mercados, será bien recibido. Otra cosa será el papel de Estados Unidos en el mundo: así de ufano estaba el dirigente chino la semana pasada cuando invocaba a Tucídides.Nuevo presidente de la FedEl nuevo presidente de la Reserva Federal , Kevin Warsh , tiene por delante una difícil papeleta. Y no tanto por la forma en la que ha sido elegido -haber sido el candidato de Trump es algo que le acompañará siempre- como por las extraordinarias circunstancias a las que le va a tocar enfrentarse. El perfil de Warsh, hasta que fue ungido por el extravagante presidente estadounidense, cumplía sobradamente con los requisitos para el cargo. Y con mucha probabilidad, con independencia de que haya sido el candidato de Trump, estará a la altura de su responsabilidad.En cualquier caso, conviene recordar que las decisiones en la Reserva Federal se toman de forma colegiada y que el voto del presidente es uno más. Las circunstancias actuales no son las ideales para un cambio en la política monetaria. La subida de los precios como consecuencia del shock de oferta derivado del cierre de Ormuz cierra la puerta a cualquier bajada de tipos. Ahora toca esperar y ver hasta qué punto el impacto en la inflación es transitorio o no.En teoría, y siempre que todo se resuelva como hasta ahora se ha venido creyendo, los precios podrían reconducirse en los próximos meses. De ser así, lo que estamos viendo ahora no sería más que un paréntesis que permitiría retomar el guion previsto con algunos meses de retraso. Pero, dado que la situación no termina de reconducirse, podemos concluir que no hay nada escrito en piedra.Además, no es descartable que, una vez en el cargo, el señor Warsh trate de reivindicar su independencia y tarde más de lo previsto en cambiar el rumbo. No conocemos las conversaciones que hayan podido mantener Warsh y Trump, pero sí conocemos de sobra las malas artes del presidente estadounidense, por lo que no sería extraño que Warsh, como otros antes, acabe defraudando al presidente imprudente.Con casi total seguridad, la mayoría de los presidentes estadounidenses han deseado tipos de interés bajos. Pero ninguno lo ha perseguido con la vehemencia y el mal estilo del actual. Por mucho que presuma del arte de la negociación, esta es otra muestra más de que el traje de presidente de Estados Unidos le queda varias tallas grande.Pico demográficoEl último número de la revista Política Exterior, publicación decana e imprescindible de la geopolítica en lengua española, aborda uno de los grandes desafíos a los que se enfrentará el mundo en los próximos años: la proximidad del pico demográfico y la entrada en una nueva era de despoblación.La probabilidad de que la población mundial alcance su máximo a lo largo de este siglo es hoy más alta que nunca. Las últimas proyecciones de Naciones Unidas apuntan a una probabilidad cercana al 80 %, muy por encima del 30 % estimado hace apenas una década. Este cambio de perspectiva refleja una tendencia cada vez más extendida: la caída sostenida de la natalidad en gran parte del planeta.Actualmente, alrededor de una cuarta parte de la población mundial vive en países que ya han alcanzado su techo demográfico, como China , Alemania o Japón . A este grupo podrían sumarse en los próximos años economías relevantes como Brasil o Vietnam . Sin embargo, no existe una única causa que explique el descenso de los nacimientos. El fenómeno se observa en contextos muy distintos -países avanzados y economías en desarrollo, culturas y sistemas políticos diversos-, lo que dificulta identificar soluciones sencillas.Si se cumplen las previsiones, la población mundial superará los 10.000 millones de personas hacia mediados de la década de 2080. A partir de ese momento, comenzaría un descenso gradual que transformaría profundamente la estructura económica y social global. Uno de los principales retos sería el creciente desequilibrio entre una población envejecida y una fuerza laboral cada vez más reducida, con el consiguiente impacto sobre el crecimiento económico y la presión sobre los recursos y los sistemas públicos.Aunque las generaciones mayores gozan hoy de mejor salud y mayor capacidad de participación económica que en el pasado, el envejecimiento generalizado plantea desafíos importantes. Destaca, en primer lugar, la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, pero también surgen nuevas cuestiones. La automatización se perfila como una palanca clave para compensar la escasez de mano de obra, aunque su desarrollo podría no ser suficiente ni estar orientado en la dirección adecuada. El auge reciente de la inteligencia artificial generativa, centrada en tareas cognitivas, reabre el debate sobre la necesidad de impulsar con mayor intensidad la automatización del trabajo físico.En este contexto, la inmigración podría adquirir un papel estratégico muy distinto al actual. Las regiones con mayor crecimiento demográfico, especialmente África, podrían convertirse en la principal fuente de población joven para economías envejecidas que competirían por atraer talento. Este escenario obligaría a replantear en profundidad las políticas migratorias y la percepción social de los flujos de población.El horizonte de un mundo en contracción demográfica plantea interrogantes de gran calado. Las prioridades actuales podrían ser cuestionadas por las generaciones futuras, que analizarán con otra perspectiva decisiones como las restricciones migratorias o la inversión en determinadas tecnologías. En última instancia, más allá de las políticas públicas, emerge una exigencia clara: anticiparse a un entorno demográfico radicalmente distinto será tanto un reto colectivo como una responsabilidad individual.