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Nevaco Global
8 de noviembre de 2026

El futuro de Galicia se diseña y se viste aquí

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Galicia tiene en la moda uno de sus focos más potentes para proyectarse al mundo. Cada colección es el resultado de un conjunto de decisiones (diseño, colores, tecnología o materiales), pero también una forma de expresarse; de decir cómo somos, qué pensamos y sentimos. Cómo observamos el mundo. Cada diseñador, cada marca, que se hace un hueco en el mercado lanza un mensaje de autoestima: desde aquí se puede crear, dirigir y competir. El sector de la moda se ha ganado a pulso que se apueste por él, con decisión y estrategia. Con una triple visión: empresarial, educativa y cultural. La moda debe ocupar un lugar central en la Galicia que queremos construir.

No se trata de sucumbir a un chovinismo fatuo, sino de aplicar una estrategia inteligente y el sentido común. Y los números. Porque hay razones más que suficientes para defender esta bandera. El 51% de la producción textil española tiene sello gallego. El 49% de las exportaciones textiles, también. El sector da empleo directo a más de 30.000 personas. Una de cada dos prendas que se visten en España se concibe en nuestro territorio. Por si todo esto no fuera suficiente, tenemos la inmensa fortuna de contar con Inditex, un gigante que ha sido comparado en diferentes ocasiones con el “Apple de la moda”. Inditex cerró 2025 con unas ventas mundiales de 39.864 millones (una cifra que superará de largo este año).

Inditex es un motivo de orgullo. Pero su dimensión y su impacto mundiales no pueden ni deben eclipsar lo mucho y bueno que sucede en el ecosistema del textil gallego. Las admirables trayectorias de Adolfo Domínguez y Roberto Verino, la personalidad de Bimba y Lola o el trabajo de otras firmas de menor tamaño, pero igualmente valiosas, son la muestra de una maravillosa diversidad. Diseñadores, muchos jóvenes emprendedores y empresas ya consolidadas se abren camino en los mercados nacional e internacional con esfuerzo, talento y anticipación de tendencias. Todas merecen reconocimiento, visibilidad y oportunidades para crecer. Se han hecho acreedoras a un firme apoyo. De las administraciones, pero también de los consumidores. Los gallegos deben sentir el orgullo de vestir diseños creados aquí. Deben convertirse en una suerte de embajadores de nuestras mujeres y hombres creadores.

El ilusionante presente tiene raíces. No se ha construido sobre la nada. La semilla está en otros nombres que forman parte de la historia del sector. Florentino Cacheda, con su vinculación a Lalín, o Gene Cabaleiro, referente de la creatividad de Galicia Moda, son hitos de una historia que merece ser conocida y transmitida. A esa trayectoria se incorporan nuevas voces, algunas de las cuales se reunieron esta semana en un encuentro organizado por Cointega, cuyo desafío es garantizar el relevo generacional.

La continuidad necesita cooperación. Las grandes compañías, las firmas consolidadas, los talleres y los nuevos creadores pueden encontrar espacios de colaboración en la mentoría, la formación, los proveedores y el intercambio de conocimiento. Convertir la experiencia acumulada en oportunidades para otros ampliaría la base empresarial y creativa. Las empresas tractoras deben tirar de los jóvenes emprendedores, alimentando un espíritu de comunidad. El clúster del textil está dando pasos en la dirección de conectar, agrupar y sintonizar a un sector durante demasiado tiempo fragmentado. El minifundismo, también en la moda, conduce a la frustración.

Y no olvidemos la cohesión territorial. Una marca, un taller o un centro de diseño pueden contribuir a sostener la actividad en nuestros concellos y comarcas. A dar vida a espacios condenados al vacío. Las distancias geográficas ya no son una condena. La moda ofrece la posibilidad de desarrollar una carrera desde Galicia y conectarse con el mundo. La tecnología ha roto las fronteras. La moda puede aportar razones para quedarse, regresar o emprender aquí.

Esa aspiración exige empleos atractivos, formación y reconocimiento. Las dificultades para encontrar patronistas y personal de fábrica, advertidas por las empresas, reclaman, por ejemplo, una respuesta coordinada. En particular, merece atención el conocimiento de las mujeres que han sostenido la costura y la confección: transmitirlo implica mejorar condiciones y abrir posibilidades de promoción.

Las universidades gallegas deben ser centros de referencia, capaces de estimular la creatividad y enseñar a entender el negocio. El marketing, la logística, la automatización, el impacto de la Inteligencia Artificial, la organización de la producción y el control de costes resultan decisivos para transformar una idea brillante en una empresa viable. Hace falta conectar universidad, formación profesional, escuelas de diseño y tejido empresarial. La universidad gallega, una vez más, debe aterrizar en la realidad. Una vez más, va demasiado lenta.

La moda es una actividad industrial de primera magnitud. Reducirla a la colección más o menos estrafalaria de un grupo de jóvenes es una caricatura injusta que desprecia la experimentación y desconoce la complejidad de llevar una prenda al mercado. La imaginación merece respeto. Pero por sí sola no basta, precisa de método, conocimiento y gestión.

Su dimensión cultural es única. Trabaja con la belleza y la libertad. Dialoga con la artesanía, el paisaje, el arte o la memoria para transformarlos en propuestas contemporáneas. La identidad gallega aporta una sensibilidad desde la que conversar con el mundo. Cuando un creador proyecta su nombre, contribuye a presentar a Galicia como un espacio de ideas, talento y modernidad. Esa modernidad debe ir acompañada de la calidad, durabilidad, trazabilidad y aprovechamiento de materiales. Éxito empresarial y sostenibilidad son dos caras de la misma moneda.

El sector de la moda gallega es, en fin, un universo que concentra la esencia de lo mejor de un país y su gente: tradición y modernidad, pasado y futuro, memoria y creatividad, raíces e innovación, artesanía y tecnología, emprendimiento e industria, singularidad y cooperación, respeto y productividad…

Galicia puede y debe visitarse, pero también puede y debe vestirse. Nuestro país encuentra en el sector textil una de las palancas más potentes para estar de moda. Mucho más.

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