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Nevaco Global
29 de septiembre de 2026

Por inbox, crece el mercado negro digital de vida silvestre; Facebook lidera mensajes de tráfico

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A través de la pantalla táctil de un teléfono inteligente, la fauna de la selva o el bosque mexicano puede extinguirse. No es necesario usar motosierras, ni el fuego de los incendios forestales, pues sólo una frase basta: Precio por Inbox.

Una muestra de ello es el informe más reciente del Sistema de Monitoreo Global (GMS), desarrollado por la organización internacional ECO-SOLVE, una iniciativa global contra el crimen organizado respaldada por la Unión Europea y Estados Unidos, donde México ha quedado posicionado en un alarmante segundo lugar global en venta ilegal de especies en peligro de extinción y exóticas a través de plataformas digitales, y expone la siguiente realidad: entre abril de 2024 y abril de 2026, las plataformas digitales como Facebook Marketplace registraron más de 25 mil publicaciones ilegales directamente vinculadas al tráfico de fauna a escala mundial, donde sólo en el país se reportan dos mil 448 de ellas.

El volumen abarca casi 280 mil especímenes vivos y productos derivados. Sin embargo, llama la atención la concentración del mercado: 77.3% de los anuncios se canalizan a través de redes sociales. Facebook encabeza la lista con 71.5% de todas las detecciones globales.

Esto muestra que el tráfico ilegal de vida silvestre ha encontrado en el algoritmo a su mejor y más eficiente aliado comercial, y en los muros interactivos de las redes sociales como Facebook Marketplace, su vitrina más impune y lucrativa.

“Lo que antes requería internarse en los oscuros pasillos de los mercados clandestinos urbanos o rurales, o tejer contactos en el inframundo del crimen organizado, hoy está al alcance de un simple toque sobre la pantalla. Facebook, WhatsApp, Instagram y diversos portales eCommerce se han transformado en el gran escaparate global donde se pueden adquirir a precios que van desde los 500 hasta los 50 mil pesos monos araña, guacamayas militares, reptiles, hormigas, arañas, jaguares, leones, osos perezosos hasta dientes, garras, taxidermia y vesículas de totoaba o pepinos marinos. Las especies abundan como el scroll del mercado negro digital, y las autoridades están rebasadas para frenar la problemática en México”, señala Alex Olivera, director del Centro para la Diversidad Biológica en México.

La venta ilegal de flora y fauna silvestre no es nueva, pero como todo comercio, la modernidad digital llegó y ha puesto al país en las alertas mundiales. Pero no nos confundamos con la superficie visual de la red. El verdadero veneno de la transacción no ocurre a la vista del público general. El modus operandi de las redes delictivas ha evolucionado hacia una sofisticada estructura de dos tiempos. La publicación en el muro de un grupo de eCommerce o en el Marketplace de la red social de Mark Zuckerberg actúa únicamente como el señuelo público.

“Una vez que el comprador muestra interés mediante un comentario o reacción, la conversación migra de inmediato a la clandestinidad cifrada de WhatsApp o Telegram. Es en la mensajería instantánea donde se negocian los precios reales, se envían videos en alta definición del animal aterrado dentro de una caja de cartón o en una jaula, y se acuerdan las entregas mediante mensajería privada o encuentros en puntos neurálgicos de las grandes metrópolis”, platica Víctor Ruiz, CEO y Fundador de SILIKN, una empresa de ciberseguridad que trabajó con Investigaciones Excélsior para adentrarse al mundo de la venta ilegal de animales exóticos y en peligro de extinción en las vitrinas digitales del país.

Mientras que a escala global la demanda se divide entre el coleccionismo de mascotas exóticas vivas (22.5%) y el comercio masivo de partes y derivados (77.5%) —como las escamas de pangolín, el marfil o el almizcle de ciervo—, el caso mexicano refleja una perversa dualidad: la búsqueda compulsiva de estatus mediante la posesión de grandes depredadores vivos y el consumo de lujo reflejado en pieles, cabezas disecadas y joyería con partes animales.

Ocupar el segundo lugar mundial en anuncios detectados de venta ilegal de vida silvestre –sólo por detrás de Tailandia– no es un accidente geográfico ni una casualidad estadística. Es el reflejo directo de una profunda cultura de impunidad digital y de un apetito comercial voraz. Con más de dos mil 400 publicaciones ilegales rastreadas en el país en un periodo menor a diez meses, la biodiversidad mexicana sufre un saqueo sistemático para abastecer caprichos individuales e industrias clandestinas.

“En el catálogo delictivo nacional, las prioridades del mercado negro están perfectamente trazadas. El mono araña de Geoffroy y el mono aullador encabezan la lista de primates más codiciados por compradores urbanos. Les siguen felinos de gran tamaño como tigres de bengala, leones africanos y jaguares, utilizados frecuentemente por integrantes del crimen organizado y generadores de contenido como auténticos símbolos de poder e impunidad en plataformas como Instagram y TikTok. En el ámbito de las aves, las guacamayas militares, las guacamayas rojas y los tucanes sufren una extracción implacable de sus hábitats en la selva Lacandona y el sur del país”, se puede leer en el Sistema de Monitoreo Global (GMS) de la organización internacional ECO-SOLVE.

A esta oferta de animales vivos se suma el lucrativo tráfico de derivados: artículos labrados en marfil, pieles de jaguar convertidas en sacos o tapetes, y buches de pez totoaba extraídos del golfo de California, cuyo valor en el mercado negro asiático supera al del oro.

“Este mercado es muy importante para la venta de especies ilegales o en peligro de extinción. Inclusive, hay fauna en la que ya el crimen organizado está involucrado debido a su alto valor que alcanza una vez que llega a Asia. Estamos hablando de las tortugas casquito, que pueden valer miles de dólares en el mercado asiático, inclusive hormigas silvestres también pueden valer mucho en países de Europa. El órgano reproductor del pez totoaba puede valer también miles de dólares, y a pesar de estar en peligro de extinción se vende en China muy bien. Es por ello, inclusive, que a la totoaba y al pepino marino se les conoce como cocaínas del mar, porque su venta es equiparable a las drogas.

“Desde los marketplaces digitales las redes internacionales venden y trafican una especie que pudo salir desde la selva de Chiapas, desde el mar del alto golfo de California, y mandarlo por paquetería o dentro del equipaje vía aérea”, agrega Olivera.

Los ejercicios de verificación directa en plataformas digitales confirman la accesibilidad con la que se ofrecen especímenes de alto valor ecológico y legal, y para Olvera, Facebook se lava las manos pues cuentan con tecnología para detectar y erradicar las publicaciones, pero no lo hace.

“Lo que se debe hacer es responsabilizar a Meta. Debe tener mejores filtros para cuando se denuncia una publicación, hacer un perfil del usuario y evitar que vuelva a suceder.

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