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Nevaco Global
6 de junio de 2026

Pasando el Estrecho

Cargando análisis estratégico...

El conflicto deja secuelas profundas, pero no la crisis energética esperada.

Dos buques de guerra de la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) navegan por el Golfo Pérsico.Rouzbeh Fouladi

En lo que espero que sea el último artículo relacionado con la guerra de Ormuz, hoy vamos a repasar los impactos menos esperados del conflicto que puede (o no) estar llegando a su fin. Los petroleros ya están pasando, de distintas maneras.

Quizá lo más llamativo ha sido el impacto económico. Precisamente porque ha habido menos del esperado. Si bien el precio del barril Brent ha subido, y se han producido algunos conatos de desabastecimiento, la inflación no se ha disparado. Esto se ha debido principalmente a tres factores.

El primero ha sido el uso masivo de las reservas estratégicas de combustible en todo el mundo. A diferencia de shocks anteriores, este ha tomado a los países preparados y dispuestos a reducir sus reservas. Eso sí, esto implica que están a los niveles más bajos de los últimos años, calificados de "críticos" por la Agencia Internacional de la Energía. Si el impacto del conflicto en el suministro se prolonga (y se va a prolongar, porque la recuperación de la capacidad de exportación y refino no puede ser inmediata después de los bombardeos), la recuperación de las reservas va a llevar mucho tiempo.

El segundo ha sido la enorme (y quiero decir enorme) bajada de las importaciones globales chinas. La disminución ha sido mucho mayor que la proporción que compraba a través de Ormuz, o eso dicen las cifras de Vortexa, que indican una caída del 38%. Eso indica un uso aún mayor de reservas estratégicas, y también unas reservas mucho mayores de lo que se estimaba (y se le estiman cinco veces mayores que las estadounidenses, es decir 1'4 millones de barriles de crudo, derivados aparte).

Un tercer factor que ha reducido el impacto ha sido la vuelta masiva al mercado del crudo venezolano, con una subida del 61% (más de la mitad hacia EE. UU.; el resto hacia India y Europa principalmente), coincidiendo con el fin del embargo acordado entre Trump y la sucesora de Maduro en la dictadura caribeña. Se trata de un crudo mucho más caro de refinar, pero capaz de mantener los precios por debajo del techo. Otros proveedores también han hecho lo posible por aumentar la producción. Y cabe resaltar que, pese a las sanciones, las exportaciones rusas por volumen no han bajado, aunque ahora vayan muy mayoritariamente vía "flota fantasma" y se reduzcan principalmente a crudo, no a producto refinado.

Si asumimos que Trump es capaz de contener a Netanyahu (algo que no está claro) y que Irán quiere realmente negociar (algo que tampoco está claro), el conflicto armado puede estar terminando. Francia y Gran Bretaña han anunciado una fuerza conjunta dispuesta a limpiar de minas Ormuz en cuanto ambas partes firmen el acuerdo (es decir, cuando sepan que nadie les va a disparar). Dados los precedentes, y el hecho de que las negociaciones están en manos del sector más radical de la Guardia Revolucionaria, no se puede asegurar que el conflicto se vaya a resolver de un modo medianamente satisfactorio. Pero Trump ya ha recibido la orden legislativa de acabar con la guerra, por lo que el único modo de presionar realmente a Irán (la invasión) parece complicado.

Lo esté o no, las consecuencias han sido muy serias en muchos frentes, y (salvo las medidas sobre la vivienda adoptadas por Sánchez al calor de la guerra) van a durar. El interés por "descarbonizar" la energía sigue aumentando, impulsando la recuperación de las centrales nucleares. La diversificación de proveedores recupera importancia (Venezuela incluida). Las exportaciones de expertos y armas ucranianos al Golfo van a representar otro espaldarazo a una industria que ya lideraba la producción de armamento en la antigua URSS. Y finalmente, Ormuz, hace unos meses cuello de botella por el que pasaba el 20% del crudo del mundo, va a perder muy de prisa su carácter estratégico para todos los que pueden permitírselo.

Ya hemos hablado aquí de los oleoductos alternativos que van a dar al Mar Rojo, y de sus problemas de capacidad y de vulnerabilidad a los houties de Yemen. El segundo problema se resuelve con drones interceptores ucranianos, y el primero se está resolviendo a toda velocidad con los proyectos de ampliación (o multiplicación) ya iniciados y que se están acelerando. En menos de 5 años, es probable que sólo Irán dependa de Ormuz, aunque se siga usando en condiciones de paz... y siempre que la Guardia Revolucionaria fracase en su intento de consolidar su derecho a cobrar tasas por "asesoramiento de seguridad y conservación ecológica".

A corto plazo, si todo va bien, seguiremos notando el impacto de la guerra hasta que se recupere la capacidad de refino y embarque, y se recuperen también las reservas. Pero el sistema de abastecimiento ha resistido mucho mejor de lo esperado, gracias principalmente a China. Y es probable que sea la última crisis de este tipo con capacidad de hacer grave daño.

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