El edificio Europa, sede del Consejo EuropeoSIERAKOWSKI FREDERIC
Europa negocia con Marruecos acuerdos comerciales por valor de 62.200 millones de euros, mientras que España exige explicaciones por la crisis migratoria y las incursiones navales de la Armada marroquí. Bruselas debe demostrar que la asociación estratégica con Marruecos no está por encima de la soberanía española.
La entrada masiva de personas en Ceuta y la posterior confirmación de la presencia de buques de guerra marroquíes en aguas españolas abren un interrogante que afecta a la seguridad nacional, a la credibilidad de la UE y al futuro de una relación económica multimillonaria. España necesita garantías concretas, debido a que la cooperación con Marruecos no debe convertirse en una crisis humanitaria, con el resultado de la muerte de cerca de un centenar de invasores, además de una crisis política cuyas consecuencias están todavía abiertas.
La magnitud de este episodio obliga a investigar cómo se desarrollaron los hechos, qué capacidad de respuesta tuvieron las autoridades y qué papel desempeñó la cooperación fronteriza entre ambos países. También resulta motivo de preocupación que buques de la Marina Real marroquí entraran sin autorización en aguas pertenecientes a la soberanía española.
El Gobierno español ha mantenido oculta esta incursión en las aguas territoriales españolas, llegando a ocultar estos datos incluso durante la comparecencia de Pedro Sánchez en el Parlamento el pasado 3 de septiembre, aunque, a posteriori, se ha sabido que fue necesaria la intervención de las autoridades españolas, junto con una interlocución al más alto nivel, para resolver este suceso.
Estas razones dan lugar a la necesidad de llevar a cabo una investigación rigurosa: qué embarcaciones entraron en las aguas territoriales españolas, qué órdenes recibieron, la duración de esta situación y cuál fue la respuesta de los organismos españoles. España necesita conocer los hechos para disponer de garantías de que una situación semejante no volverá a repetirse.
La importancia de esta crisis se entiende mejor al observar la dimensión económica de las relaciones entre Marruecos y la UE. Según la Comisión Europea, el comercio de mercancías entre ambas partes alcanzó los 62.200 millones de euros en 2025, de los que 36.700 millones correspondieron a las exportaciones europeas hacia Marruecos y 25.500 millones a importaciones procedentes de Marruecos. A estas cifras se suma el comercio bilateral de servicios, que ascendió a 16.200 millones en 2025.
Estos datos dejan claro que la UE es el principal socio comercial de Marruecos y también uno de sus mayores inversores, con un vínculo que abarca la automoción, maquinaria, agricultura, textiles, fertilizantes, infraestructuras, energía y servicios, dando lugar a que una parte importante de la actividad industrial marroquí esté integrada en la cadena de suministros europeos.
Estas relaciones comerciales explican el interés de Bruselas por mantener una estabilidad política con Rabat, pero es necesario plantearse si la importancia económica de Marruecos impide que la UE responda con firmeza cuando uno de los Estados miembros afronta una crisis fronteriza.
En este sentido, la contestación debe ser negativa, dado que los acuerdos generan beneficios para ambas partes, pero sin dejar de exigir el respeto a las fronteras. Tampoco es posible que se sustituya el diálogo diplomático por una política de hechos consumados, con una máxima que hace necesario el respeto a las fronteras y a la integridad territorial de uno de sus socios.
De lo contrario, en el caso de producirse un deterioro político con Marruecos, podrían producirse parones en las principales líneas de cooperación, como la transición energética, donde Marruecos aspira a reforzar su capacidad de producción eléctrica renovable desarrollando infraestructuras que le permitan reforzar su posición como socio energético de Europa.
El alcance de estas iniciativas de cooperación de la UE con Marruecos responde a una planificación económica a largo plazo, aunque una crisis fronteriza puede afectar a su calendario, a las condiciones y a la confianza política entre los socios.
Quizás el acuerdo más polémico podría ser la situación del Sáhara Occidental, cuya inclusión en acuerdos comerciales o pesqueros ha generado litigios ante la justicia europea, lo que deja claro que Marruecos no puede dar por hecho que el interés europeo en la estabilidad del Mediterráneo le vaya a permitir resolver todos los obstáculos comerciales y jurídicos pendientes.
Por todas estas razones y teniendo en cuenta estos condicionantes, Marruecos deberá demostrar que puede ser un socio estratégico fiable, sin que para Europa la cooperación se convierta en una renuncia a exigir responsabilidades y garantías para una de sus fronteras exteriores. Tiene una clara oportunidad en la próxima cumbre que tiene previsto celebrar con Francia, en la que los alauitas pretenden convertir a los franceses en un socio preferente que pueda representarles en los asuntos correspondientes a la UE, antes del tiempo electoral que supondrán las elecciones presidenciales galas de 2027.