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Nevaco Global
26 de agosto de 2026

¿Qué está pasando entre Estados Unidos y Canadá? La guerra comercial escala tras romperse las negociaciones

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La relación entre Estados Unidos y Canadá atraviesa uno de sus momentos más tensos de los últimos años. Las negociaciones comerciales entre ambos países han quedado suspendidas y la respuesta ha sido inmediata: nuevos aranceles estadounidenses, represalias anunciadas desde Ottawa y otra amenaza de Donald Trump que apunta directamente a la industria del automóvil y al acero canadiense.

El desencuentro terminó de estallar el pasado viernes, cuando el primer ministro canadiense, Mark Carney, ordenó detener las conversaciones con Washington y el regreso a Ottawa del equipo negociador. Canadá sostiene que Estados Unidos introdujo en la recta final unas condiciones que consideraba inaceptables y perjudiciales para sectores estratégicos de su economía.

Horas después llegó el siguiente paso. Desde las 00:01 del sábado 22 de agosto están en vigor aranceles adicionales estadounidenses del 50% sobre determinados productos canadienses. La Casa Blanca había retrasado tres días la entrada en vigor de los nuevos gravámenes para dejar margen a las conversaciones, pero el acuerdo finalmente no llegó.

La medida no significa que todas las exportaciones de Canadá a Estados Unidos estén gravadas ahora con un 50%. Los nuevos aranceles afectan a una selección concreta de productos que, según el Gobierno canadiense, representan alrededor de 28.000 millones de dólares canadienses, equivalentes aproximadamente a 20.000 millones de dólares estadounidenses.

La relación incluye más de 550 productos, desde determinados alimentos y bebidas hasta bienes de consumo, ropa, material deportivo o productos electrónicos. La Administración Trump ha utilizado la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930 para justificar unos gravámenes con los que asegura responder a prácticas comerciales canadienses que considera discriminatorias.

Entre las áreas señaladas por Washington están los productos lácteos, las bebidas alcohólicas y determinados aspectos relacionados con el mercado del automóvil.

Para Ottawa, la interpretación es muy distinta. Carney acusa a Estados Unidos de exigir concesiones que Canadá no está dispuesto a asumir y ha defendido que su Gobierno no aceptará un acuerdo que limite su capacidad para decidir su propia política económica y comercial.

Canadá ya ha anunciado que habrá respuesta. El Gobierno de Carney prepara contraaranceles por un valor equivalente al de las nuevas medidas estadounidenses. El primer ministro ha definido la estrategia como una respuesta “dólar por dólar” y ha fijado el próximo 8 de septiembre como fecha para su entrada en vigor.

La lista definitiva de productos todavía se está perfilando. El Ministerio de Finanzas canadiense informó este martes de que François-Philippe Champagne se reunió el lunes 24 de agosto con sus homólogos provinciales y territoriales para analizar las represalias, recoger propuestas sobre los productos que podrían quedar afectados y estudiar las ayudas necesarias para trabajadores y empresas.

Entre los sectores sobre los que Canadá ha puesto el foco aparecen el acero, los lácteos, la electrónica, la maquinaria agrícola y otros bienes estadounidenses, aunque el Gobierno continúa trabajando sobre el alcance final de las contramedidas.

La escalada no terminó con los aranceles que entraron en vigor el sábado.

Donald Trump anunció este lunes en su red Truth Social que pretende elevar hasta el 50% los aranceles sobre automóviles, camiones, piezas de automoción y acero procedentes de Canadá a partir del 1 de enero de 2027.

La medida anunciada para 2027 debe distinguirse de los aranceles que ya están aplicándose. Trump la ha comunicado públicamente, pero se trata de un nuevo paso futuro y no de un gravamen que esté vigente en estos momentos.

El presidente estadounidense ha vuelto a acusar a Canadá de mantener barreras comerciales perjudiciales para los agricultores y empresas de Estados Unidos y ha utilizado el anuncio para presionar a las compañías a trasladar producción al territorio estadounidense. Si finalmente se aplica en los términos anunciados, el sector del automóvil estaría entre los más expuestos.

Estados Unidos y Canadá no funcionan como mercados completamente separados en sectores como la automoción. Durante décadas han desarrollado cadenas de suministro profundamente integradas y es habitual que componentes fabricados en uno de los países crucen la frontera para incorporarse a vehículos ensamblados en el otro.

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