El conflicto entre Estados Unidos e Irán continuará dejando consecuencias económicas en América Latina y el Caribe durante todo 2026, incluso si las tensiones militares disminuyen en los próximos meses.
Así lo advierte la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que alerta de que la escalada en Oriente Próximo seguirá repercutiendo en el precio de la energía, la inflación y el crecimiento de las economías latinoamericanas.
En un informe, el organismo estima que el precio medio del petróleo será entre un 20% y un 25% superior al registrado en 2025, un incremento que ya está teniendo efectos sobre los combustibles, los fertilizantes, el transporte y, en consecuencia, sobre el coste de numerosos productos básicos.
La CEPAL sostiene que el impacto no desaparecerá aunque las partes retomen las negociaciones.
La recuperación de la producción energética en la región del golfo Pérsico, la normalización del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz y la estabilización de las cadenas de suministro requerirán tiempo, mientras persistan los riesgos geopolíticos y el aumento de los costes logísticos.
El secretario ejecutivo de la CEPAL ha señalado que la crisis vuelve a demostrar hasta qué punto la economía mundial está interconectada y cómo un conflicto localizado puede trasladar rápidamente sus efectos a otros continentes.
Los primeros efectos ya son visibles. Durante la primavera, el precio internacional del petróleo experimentó una fuerte escalada, al igual que los fertilizantes, especialmente la urea, uno de los productos esenciales para la agricultura.
También aumentaron de forma considerable la gasolina, el diésel y el combustible para la aviación.
Sin embargo, el organismo advierte de que las consecuencias más importantes llegarán en los próximos meses.
El encarecimiento de la energía y de los fertilizantes acabará repercutiendo en la producción agrícola, elevando posteriormente el precio de los alimentos y aumentando la presión sobre las economías domésticas.
La CEPAL subraya que los efectos serán muy distintos según el perfil de cada país.
Los grandes exportadores de petróleo y gas, como Guyana, Venezuela, Trinidad y Tobago, Colombia, Brasil o Ecuador, podrían beneficiarse de unos mayores ingresos por las ventas de hidrocarburos.
En cambio, la mayoría de los países latinoamericanos, que dependen de las importaciones energéticas, sufrirán un aumento de su factura exterior.
Centroamérica, República Dominicana, Haití y varios países del Caribe figuran entre los más expuestos, mientras que economías como Chile y Perú también afrontarán un importante incremento de sus costes energéticos.
Además del impacto sobre el comercio, el organismo identifica otros riesgos para la región. El aumento de la inflación podría obligar a los bancos centrales a retrasar nuevas bajadas de los tipos de interés, dificultando el acceso al crédito y frenando tanto la inversión como el consumo.