En un entorno financiero marcado por los giros geopolíticos y la volatilidad, la cautela y la estrategia se convierten en las mejores aliadas del inversor. Óscar del Diego, director técnico y de análisis de Ibercaja Gestión analiza la radiografía macroeconómica actual, desgranando por qué el mercado podría estar sobreestimando las próximas decisiones del BCE y cómo la crisis energética frena el despegue de Europa frente a la resiliencia de Estados Unidos. Una hoja de ruta imprescindible que explica por qué la renta fija privada de calidad y los sectores de baja volatilidad son los refugios idóneos para capear el temporal sin bajarse del tren del largo plazo.
Nosotros pensamos que estamos en un tiovivo. Cuando creemos que la situación se ha normalizado por los aranceles, llega Trump y se saca de la manga una guerra que no esperábamos, volviendo a generar incertidumbre. Todo dependerá de lo que pase en los próximos días o semanas con el estrecho de Ormuz.
En nuestro escenario, el mercado ha pasado a estimar demasiadas subidas de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo . Hay días en los que esto se refleja más en el precio y otros menos, pero durante estas semanas hemos tenido oportunidades interesantes para alargar las duraciones de nuestras carteras. Sin ser agresivos, ya que la información de las negociaciones no nos deja del todo tranquilos, apostamos por aprovechar estos momentos de tensionamiento para ampliar la duración dentro de rangos conservadores, moviendo parte de la cartera a vencimientos de 3 o 4 años.
Actualmente, el mercado descuenta que el BCE subirá los tipos dos veces este año, aunque ha habido momentos en los que estimaba hasta tres subidas. No creemos que se llegue a ese punto y, si ocurre, consideramos que ese escenario ya está incorporado en el precio de las rentabilidades de los bonos.
Seguimos apostando desde hace tiempo por la renta fija privada de alta y media calidad, similar a la calidad media de los bonos españoles. Creemos que no compensa pasar a la parte de alto riesgo porque los spreads todavía son reducidos en el actual contexto de incertidumbre, mientras que la deuda pública ofrece muy poca rentabilidad. Por tanto, combinamos una parte de la cartera a corto plazo con otra a plazos de 3 o 4 años para asegurar una rentabilidad atractiva en este periodo.
A principios de año las cosas iban bastante bien en Europa, contando con el apoyo del impulso fiscal alemán, lo que nos hacía estar más positivos en las regiones fuera de Estados Unidos. Sin embargo, el conflicto geopolítico ha enfriado los ánimos. Europa es más dependiente de la energía exterior que otras zonas geográficas, por lo que la subida de los carburantes actúa como un impuesto directo para consumidores y empresas sin ninguna contraprestación.
En esta situación, ya no estamos tan cómodos apostando por Europa, aunque por valoración sigue estando atractiva y sus resultados corporativos han sido buenos. A pesar de ello, al compararlos con los de Estados Unidos, los resultados europeos palidecen frente a los excelentes datos del primer trimestre americano.
En resumen, no es la zona geográfica que más nos entusiasme a medio plazo, pero si se firma el acuerdo de Ormuz y se reabre el estrecho, Europa debería recuperar parte del terreno perdido.
A corto plazo, si se confirma el acuerdo, esperamos un último tirón en el mercado, el cual se ha comportado bastante bien para todo lo que ha sucedido. Tras este impulso, prevemos una consolidación de niveles de cara al mes de junio. En este escenario, las estrategias de baja volatilidad deberían funcionar bien en los próximos meses. Es un entorno complicado debido al fuerte momentum en sectores cíclicos y tecnológicos, lo que eleva el riesgo de quedarse fuera, pero consideramos necesario modular y reducir ligeramente la exposición general al mercado.
Como sectores refugio bajo estas estrategias de baja volatilidad, destacaríamos salud, consumo, algo de energía y seguros. A medio plazo, nos gusta diversificar e incluir estrategias de dividendos, manteniendo siempre exposición a sectores con mayor potencial de crecimiento, como el tecnológico y el financiero, para no perder terreno en los mercados alcistas.
La inversión es un tren de largo recorrido; es imposible acertar perfectamente el momento de entrada o de salida (market timing), por lo que recomendamos permanecer invertidos dentro de unas bandas según el perfil de riesgo. Históricamente, hemos utilizado los fondos de renta fija o de rentabilidad objetivo como el primer peldaño para los clientes que se inician en la inversión. Nuestro objetivo es que vayan transitando progresivamente desde estas carteras de riesgo bajo hacia carteras más diversificadas por activos y zonas geográficas, adecuadas a su capacidad real.
Los inversores suelen tener miedo a las pérdidas. Estas carteras iniciales les ayudan a acostumbrarse a la volatilidad poco a poco para luego posicionarse donde realmente deberían estar. Este proceso debe ser progresivo, ya que es muy difícil convencer a un cliente de traspasar su cartera a la bolsa cuando todo va mal. Al contrario, es más fácil cuando el apetito por el riesgo aumenta debido a la subida de los índices. Intentamos enseñarles a seguir invertidos incluso en momentos de volatilidad, evitando el market timing. A largo plazo, quienes se acostumbran a carteras con un mayor peso en activos de riesgo son los que obtienen mejores resultados a 5 o 10 años.