El escenario geopolítico actual afronta un nuevo paradigma: Estados Unidos y China luchan por la supremacía económica, tecnológica y militar, anhelando el estatus de gran superpotencia líder mundial. El objetivo es el control de industrias estratégicas clave como los semiconductores, el procesamiento de tierras raras y el dominio de los mercados energéticos. Para este fin, se inician conflictos bélicos y guerras comerciales donde el respeto al derecho internacional está siendo desplazado por la "ley del más fuerte". Por debajo de estas dos grandes superpotencias se encuentran actores secundarios importantes, como Rusia e Irán, por un lado, e Israel por otro, mientras Europa juega un papel cada vez menos relevante en la escena internacional.
El liderazgo de una de las dos grandes superpotencias se ve condicionado por la elevada interconexión económica entre ambos bloques, con ambas potencias necesitándose mutuamente. China arrastra un problema estructural de superproducción desde hace décadas, necesitando mercados masivos para sus exportaciones, siendo EE.UU. el principal mercado global por su inmensa capacidad de compra y propensión al consumo. Simultáneamente, Estados Unidos acumula elevados déficits fiscales y exteriores, lo que le ha impulsado a iniciar guerras comerciales indiscriminadas e intermitentes para corregirlos. Sin embargo, EE.UU. depende de China para el suministro de tierras raras, y de Taiwán para la producción de semiconductores, esenciales para el despliegue de la IA y la defensa de alta tecnología. Ninguna de las dos superpotencias puede permitirse el lujo de un enfrentamiento total, ya sea comercial o bélico, sin arriesgar su propia estabilidad económica.
Europa ha perdido su capacidad de liderazgo al quedar rezagada en sectores tecnológicos críticos y perder protagonismo en la escena internacional. Mientras Estados Unidos lidera en Inteligencia Artificial y China el suministro de materiales críticos, Europa permanece aferrada a marcos normativos que se perciben hoy como paradigmas obsoletos, como la prohibición de ayudas de Estado a industrias o seguir aferrándose al respeto al derecho internacional en un mundo de la ley del más fuerte.
El concepto tradicional de poder bélico ha mutado drásticamente. Aunque Estados Unidos y Rusia conservan el liderazgo en armamento convencional e infantería, la aparición de tecnologías disruptivas como drones, IA y ciberataques ha alterado las reglas del juego. Estos avances permiten que naciones teóricamente más débiles logren prolongar conflictos, resistiendo a potencias con superioridad tradicional, como en el caso de Ucrania frente a Rusia o Irán ante Estados Unidos e Israel. Las invasiones terrestres masivas ya no son una opción, debido a su cuestionable eficiencia y al alto coste económico y político. Esto ha provocado largos conflictos de baja intensidad, orientados a la asfixia económica del adversario, lo que prolonga las crisis en el tiempo. En este entorno, aunque las armas nucleares mantienen su valor disuasorio, el armamento convencional ya no garantiza victorias rápidas o definitivas.
El objetivo de los conflictos en Ucrania y Ormuz es el control del suministro de los recursos energéticos. Ucrania es vital para el flujo de gas hacia Europa, mientras que el estrecho de Ormuz controla el suministro crítico para el crudo y gas que abastece a Asia. En estos conflictos: China apoya discretamente a Rusia, mientras Estados Unidos se alinea con Israel para frenar la influencia de Irán.
Esta lucha por la hegemonía global tiene un elevado coste económico: incremento de la deuda pública e inflación, además de la ruptura de cadenas de suministro esenciales. Debido a esta interdependencia mutua, el liderazgo de una única superpotencia, de producirse, tardará mucho tiempo en materializarse.
Conclusión: la elevada interconexión económica entre China y EE.UU. hace imposible en el corto y medio plazo un único liderazgo global. Esta situación seguirá generando tensiones geopolíticas y volatilidad macroeconómica y en los mercados financieros en el corto plazo.
Este contenido ha sido publicado en la Revista julio/agosto sobre Perspectivas segundo semestre: Irán, BCE y FED agitan el tablero de los mercados y marcan los valores elegidos para invertir.