Prevemos que, en su mensaje sobre la economía, Warsh señalará la solidez general y la resiliencia frente a las diversas perturbaciones. Los nuevos aranceles no modifican de forma significativa la carga global.
En el momento de redactar este artículo, el mercado ha logrado descontar una pequeña parte de una bajada de tipos en la reunión de julio, aunque tanto nosotros como el consenso no esperamos ninguna subida. Prevemos que, en su mensaje sobre la economía, Warsh señalará la solidez general y la resiliencia frente a las diversas perturbaciones que, de otro modo, podrían llegar a afectar al crecimiento.
Hasta ahora, la influencia ha sido muy limitada y esperamos que siga siendo así. El propio Warsh se ha mostrado muy reservado en cuanto a sus indicaciones prospectivas y ha hecho hincapié en la independencia, mientras que los demás miembros del FOMC han mantenido el mismo mensaje.
En los últimos días, la política comercial ha vuelto a cambiar —los aranceles del 10% previstos en la Sección 122 han expirado y han sido sustituidos por los de la Sección 301—, pero consideramos que el impacto general a futuro será moderado. La mayor parte del impacto en los precios ya se ha reflejado desde que entraron en vigor las distintas medidas legislativas en 2025 y los nuevos aranceles no modifican de forma significativa la carga global (aunque pueden aumentar la incertidumbre).
Nuestra propia estimación, que creemos que comparte la Fed, es que estas perturbaciones en los precios del petróleo son temporales y, en cierta medida, tienden a revertirse hacia la media. Existe el impacto natural y mecánico del aumento de los precios del petróleo en la cesta de consumo de productos con alto consumo energético, pero, por lo demás, los efectos de segunda ronda no parecen ser importantes y las expectativas de inflación se mantienen, en general, bajo control. No obstante, siempre es posible que se produzca una escalada y que las subidas del precio del petróleo se prolonguen, y una serie de perturbaciones temporales deja de parecer temporal si se prolonga mucho más de lo que espera el mercado.
La diferencia en los factores relacionados con la oferta entre EE.UU. y Europa depende en gran medida del contexto. Sí observamos una presión por el lado de la demanda en los componentes relacionados con el desarrollo de la inteligencia artificial, lo que está repercutiendo en la inflación. Sin embargo, en estos momentos sigue siendo lo suficientemente pequeña y controlada como para que, en nuestra opinión, no justifique subidas de tipos.
La independencia de los bancos centrales en general, y de la Reserva Federal en particular, es fundamental para lograr los mejores resultados para las personas a las que sirven. La Fed y su presidente, Warsh, son conscientes de ello y lo reiteran con frecuencia.
La IA ya es un motor de la economía y parece que va a seguir ejerciendo su influencia. Un crecimiento sólido (pero también un mayor riesgo) caracterizará la expansión continuada. Es difícil determinar si esto exigirá una reacción por parte de la Fed, ya que es posible que el crecimiento potencial evolucione en paralelo al crecimiento real, lo que implicaría un sobrecalentamiento mínimo o nulo. La Fed y el mercado deberán evaluar la trayectoria de la inflación y el mercado laboral, junto con el crecimiento, para determinar si se está produciendo un sobrecalentamiento o un enfriamiento.
A corto plazo, no se aprecian diferencias significativas. Aunque el carácter global de la crisis energética genera presiones similares tanto en Estados Unidos como en Europa, hasta ahora las economías han tenido una evolución diferente. El BCE ya ha decidido subir los tipos una vez este año, mientras que la Fed mantiene los tipos sin cambios.
Hay que estar atentos a cualquier referencia, en la rueda de prensa, al carácter restrictivo o no de la política monetaria actual. Hasta ahora, Warsh se ha mostrado muy cauteloso en cuanto a las orientaciones futuras y a su propia síntesis de la situación actual, pero si considera que la política monetaria es restrictiva en este momento, esto abogaría por «pasar por alto» la crisis de suministro energético, en lugar de subir los tipos de interés como respuesta.