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Nevaco Global
3 de noviembre de 2026

¿Qué puede pasar si Trump pierde el control del Congreso en los dos últimos años de su mandato?

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Sede del Congreso de EEUU, en Washington / Valerie Plesch/dpa - Archivo

Donald Trump no estará en las papeletas de las elecciones legislativas que mañana se celebran en Estados Unidos, conocidas como las midterm, pero el resultado determinará su margen de acción en los últimos dos años de su mandato. En juego está el control del Congreso, sus dos cámaras, controladas hasta ahora por los republicanos, el partido del presidente. Si los demócratas recuperan el Legislativo, como anticipan algunas encuestas, la vida de Trump será bastante más complicada de lo que ha sido hasta ahora. La oposición podrá investigar al presidente y los altos cargos de su Administración, bloquear la agenda legislativa de los conservadores o frenar sus nombramientos. Pero al mismo tiempo tendrá difícil desandar el camino de estos dos años o convertir en ley sus propias iniciativas porque el presidente tiene autoridad para vetar las leyes que aprueba el Congreso.

Uno de los dilemas que enfrentan los demócratas tiene que ver con sus prioridades: mirar al futuro o mirar al pasado. Tratar de propulsar su agenda para demostrarle al país que están preparados para gobernar o embarcarse en un sinfín de investigaciones contra Trump y los altos cargos de su Administración. Esto último es lo que hicieron durante los dos últimos años del primer mandato de Trump, cuando abrieron dos impeachments contra el presidente para tratar de apartarlo del poder. Ninguno de los dos funcionó. En aquella época los demócratas controlaban la Cámara de Representantes y los republicanos, el Senado.

"Esa pregunta sigue en el aire", asegura a EL PERIÓDICO el historiador estadounidense Michael Kazin, quien mantiene contactos estrechos con algunas figuras del liderazgo demócrata. "Muchos demócratas creen que sería un error centrarse exclusivamente en perseguir a Trump, al que le quedan solo dos años de mandato. Prefieren mirar hacia el futuro y aprobar leyes, por más que Trump las vaya a vetar. De ese modo podrían mostrarles a los votantes lo que quieren hacer si gobiernan y culpar a Trump de bloquear leyes con un apoyo mayoritario entre la población". Para que el Congreso pueda revertir los vetos del presidente, son necesarios los votos de dos tercios de legisladores en cada una de las cámaras, un escenario improbable que requeriría el apoyo de numerosos republicanos.

Trump ya ha dejado entrever que no pretende cooperar con el Congreso si los demócratas recuperan la mayoría. O al menos ponérselo fácil. "Lo que pasará es que lo vetaré todo y entonces los demócratas vendrán para tratar de negociar conmigo", dijo recientemente, si bien se ha abierto a trabajar con ellos en el problema de la vivienda o la reforma del código penal.

El liderazgo demócrata está trabajando en dos líneas de actuación paralela. Por un lado, ha encargado a los diputados de los comités judicial y de supervisión que preparen investigaciones contra Trump, su familia y su Administración por los numerosos casos de presunta corrupción aireados estos años. Por otro lado, preparan una batería de iniciativas legislativas para los primeros 100 días del nuevo Congreso, que comenzará a operar a partir de enero de 2027.

"Tenemos que bajar los precios de la alimentación y la gasolina. Dos, tenemos que conseguir que la asistencia sanitaria sea asequible para todos. Y en tercer lugar, exigiremos responsabilidades a los corruptos que han sometido al pueblo estadounidense a unos niveles de corrupción sin precedentes", dijo recientemente Hakeem Jeffries, el líder de los demócratas en la Cámara Baja. Esos planes incluyen medidas para revertir los recortes masivos a los programas de sanidad pública para las rentas bajas, la extensión de los subsidios sanitarios para las coberturas privadas, cuyas primas han aumentado un 58% en lo que va de año, o la intención de anular los aranceles del presidente.

El partido que controla el Congreso tiene el poder sobre el monedero. Decide en qué se gasta el dinero de los estadounidenses. Esa será una de las grandes bazas de los demócratas si recuperan el control. Básicamente, les permitirá dejar sin fondos algunas políticas que no les gustan. Eso podría incluir la guerra de Irán, si bien se espera que los republicanos aprovechen hasta la toma de posesión del nuevo Congreso para aportar fondos a la campaña militar. Es lo que han hecho ya con el Departamento de Seguridad Interna, la agencia que lidera las deportaciones y el arresto de inmigrantes irregulares.

Trump apenas ha utilizado al Congreso en estos dos primeros años de mandato. Ha gobernado principalmente a golpe de decreto, de modo que por más que se convierta en un pato cojo, la expresión que se utiliza en EEUU para referirse a los presidentes que gobiernan sin el control del legislativo, es posible que el potencial vuelco no tenga un impacto profundo. Como otros presidentes en circunstancias similares podría volcarse en la política exterior, menos constreñida que en otros ámbitos, lo que no augura nada bueno, dada la política neoimperialista desplegada por Trump desde su regresó al poder y las guerras muy cuestionables en las que se ha embarcado.

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