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Nevaco Global
22 de septiembre de 2026

Más MAGA que republicanos

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A siete semanas de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, que supondrán la renovación de toda la cámara de representantes y de 35 de los 100 senadores, el Partido Republicano aparece como una fuerza política más alineada con el movimiento trumpista MAGA (Make America Great Again) y menos afín al conservadurismo tradicional de su historia reciente. Mediante el patrocinio de candidatos que le son afines, Donald Trump ha conseguido marginar a algunos líderes de la vieja guardia republicana y promover a quienes le sostienen en lo esencial. No ha sido un proceso fácil, teniendo en cuenta la caída de popularidad que ha llevado a algunos candidatos al Congreso o al Senado a prescindir de su presencia en la campaña electoral de algunos estados. Sin embargo, la amenaza de utilizar de manera discriminativa los 356 millones de dólares recolectados por MAGA ha inclinado la balanza del lado de quienes comulgan con su política, a pesar de las críticas que esta suscita en su propio electorado, como consecuencia de la guerra de Irán y del impacto negativo de los aranceles.

Aunque las encuestas nacionales no son suficientes para vaticinar el resultado de unas elecciones a nivel de estado y de distrito electoral, el descenso continuado de la popularidad del presidente (35% a favor y 61% en contra, según el último sondeo de ABC-Washington Post) ha introducido en las filas republicanas la idea de que Trump no es invencible. Los fracasos cosechados en el exterior y en política interior han acentuado las tensiones dentro del Partido Republicano entre partidarios de los postulados MAGA y los republicanos que añoran un pasado más estable y predecible. Su enfrentamiento con medios de comunicación convencionales, sus choques con la justicia, incluso con el Tribunal Supremo, y con el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, provocan una pérdida de autoridad que empieza a trasladarse a las filas del partido de gobierno.

Los republicanos cuentan con que la división también aqueje al Partido Demócrata, cuyas primarias han puesto de manifiesto la tensión entre candidatos progresistas (algunos apoyados por los Socialistas Democráticos de América, encabezados por el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani) y los sectores más moderados. Sin embargo, el Partido Demócrata acude a los comicios con la ventaja de no tener que rendir cuentas por la gestión de gobierno y relativamente unido en la crítica a la política de Trump. Todo ello ha empezado a levantar dudas, dentro del Partido Republicano, sobre su futuro tras la presidencia de Trump. Por mucho que el actual ocupante de la Casa Blanca insinúe la posibilidad de seguir en el cargo, en contra de todas las disposiciones legales, la mirada de muchos de líderes republicanos está puesta en las elecciones presidenciales de 2028. En estas, las dos almas que actualmente conviven en el partido tendrán que zanjar su disputa eligiendo, muy probablemente, entre J.D. Vance, que aspira a recoger la tradición populista de MAGA, y Marco Rubio, que puede ser el candidato de quienes aspiran a que el partido vuelva a una senda conservadora más convencional, dentro de lo posible en un contexto en que las fuerzas del populismo erosionan en todo el mundo las opciones políticas del establishment tradicional.

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La segunda cumbre del año entre Donald Trump y Xi Jinping, prevista para este jueves, 24 de septiembre, en Washington, llega en un momento particularmente delicado de la relación entre Estados Unidos y China. Si el encuentro de mayo en Beijing permitió hablar de una cierta “estabilidad estratégica”, aunque con interpretaciones diferentes en ambas capitales, la cita de septiembre deberá demostrar hasta qué punto aquella estabilidad puede trascender la tregua táctica. Las expectativas, sin embargo, son prudentes. El abanico de cuestiones que previsiblemente estarán sobre la mesa es amplio: comercio y aranceles, tecnología y cadenas de suministro, inteligencia artificial, Taiwán, Irán y Oriente Medio, Ucrania e incluso determinados asuntos económicos como Boeing o el acceso de empresas chinas al mercado estadounidense. Trump ha señalado que espera hablar prácticamente “de todo”. Pero no se anticipan grandes acuerdos en los asuntos estructurales. 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