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Nevaco Global
26 de septiembre de 2026

Xi Jinping se marcha de EEUU sin obtener grandes concesiones de Trump pese al boato

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Los presidentes de China, Xi Jinping, y EEUU, Donald Trump, en la Casa Blanca, el 25 de septiembre de 2026. / ALEX WROBLEWSKI / AFP

No recibía un presidente estadounidense a otro en la Base Conjunta Andrews desde 1962. Las imágenes de los uniformados alisando las últimas arrugas rebeldes de la alfombra roja mientras Xi Jinping contempla la escena desde lo alto de la escalinata de su avión han circulado sin mesura en las redes sociales chinas. También aquellas de Xi impertérrito mientras Trump encadena muecas por el zumbido del avión sobre sus cabezas. A los chinos, la visita de su presidente a Estados Unidos les ha generado un súbito interés. Desatienden asuntos tan áridos como las ventas de soja o las restricciones a las exportaciones de chips, pero la pompa y circunstancia que derrocha la primera potencia mundial con su huésped estimula el orgullo de un pueblo que aún no ha olvidado su siglo y medio de humillaciones.

Las tres búsquedas más populares hoy en Baidu, algo parecido al Google chino, tienen que ver con su presidente: sus conversaciones con Trump, su presencia y la de su esposa, Peng Liyuan, en la cena de gala, y sus felicitaciones al pueblo chino por el Festival de Medio Otoño. En las portadas de los digitales chinos no caben más fotografías de su presidente en Washington y sus editoriales anuncian una época de bonanza global si ambas potencias perseveran en su armonía presente. “El desarrollo de los vínculos bilaterales desde la década de 1970 muestra claramente que, siempre y cuando China y Estados Unidos mantengan la línea de no conflicto y no confrontación, pueden crear mejor el espacio y usar su sabiduría y capacidades para encontrar el camino correcto y convivir en este planeta que ambos llaman hogar”, sostiene el matutino 'China Daily'.

Quizá con ese despliegue de lujos y atenciones solo pretenda Trump igualar a los que disfrutó meses atrás en Pekín. Quizá sabe, como saben los que tratan con él, que masajear el ego del invitado aceita los acuerdos. Quizá es su acreditada admiración hacia cualquier dictador, como le afean estos días desde las filas demócratas y las propias. No hay dudas, en cualquier caso, de que China acude a la cumbre en unas condiciones de igualdad que décadas atrás parecían utópicas.

China ha traído piedras de la cara oculta de la Luna y planea desvirgar Marte; lidera las energías verdes (coches eléctricos, paneles solares, baterías), la robótica y otros sectores que definirán la economía del futuro; empata con Estados Unidos en inteligencia artificial y la persigue de cerca en chips y semiconductores. En estos días recordaban los internautas chinos que Huawei presentó un teléfono plegable siete años antes que Apple. Ha resistido China los embates tecnológicos y comerciales de Washington sin perder el paso e incluso ha mejorado en su asignatura más difícil, la del poder blando, con la opinión pública de una mayoría de países mirándola ya con más simpatía que a Estados Unidos. Los labubu y Tiktok, Shenzhen y Chongqing como paradigmas del urbanismo futurista… China es finalmente cool.

En ese cuadro, y con la certeza de que las tierras raras le aseguran la victoria en cualquier guerra comercial, ha aterrizado Xi en Washington para discutir numerosos asuntos geopolíticos y económicos. Falta ahora traducir su fortaleza en resultados y Trump no es un negociador pusilánime. La tregua comercial firmada el pasado año en Corea del Sur apenas ha sido extendida estos días en dos meses (desde noviembre a enero) a pesar de que Pekín buscaba alargarla hasta el final del mandato de Trump. Necesita China la calma para impulsar su economía, lastrada por el consumo interno flácido, la crisis inmobiliaria y el paro juvenil. Washington, en cambio, quería presionar a Pekín para que cumpla los compromisos en la lucha contra el fentanilo o la compra de productos agroalimentarios.

Taiwán medirá el éxito del viaje de Xi. Ha llegado con ambiciosos planes: según el Ministerio de Exteriores chino, ha pedido a Trump que declare su “oposición a la independencia” de la isla, frente a la tradicional política de “no apoyo de la independencia”. Sólo para los profanos es un matiz semántico irrelevante. Supondría un cambio sísmico que adelgazaría la confianza de Taipei en el auxilio militar estadounidense y abriría la puerta a la cancelación de las ventas de armamento. Trump ya ha detenido la mayor operación nunca aprobada, de 14.000 millones de dólares, a la espera de cómo se desarrollen las negociaciones. No ha mostrado nunca Trump simpatía por la isla, acusándola sin pruebas de robarle la industria de semiconductores y mostrando sus reticencias a desplazar su Ejército a casi 10.000 millas para defenderla. Pero contra las tentaciones fenicias de Trump juegan las presiones políticas porque muchos en Washington ven en el compromiso con Taiwán un asunto identitario innegociable. Pekín ha señalado estos días las ventas de armas como “una línea roja” y advertido de que una gestión errónea del tema taiwanés podría causar una “colisión” entre ambos países. No hay noticia aún de la respuesta de la Casa Blanca a la petición de Xi.

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Para nadie es un secreto que las marcas chinas automotrices están creciendo a un ritmo récord en los mercados donde tienen presencia y un claro ejemplo es BYD , quien ya anuncia abiertamente su intención de construir varios de sus modelos híbridos en suelo europeo. “Nos estamos preparando para ser más europeos en la producción”, declaró la vicepresidenta de BYD , Stella Li, en una de sus participaciones recogidas por Reuters durante el pasado Salón del Automóvil de Múnich. BYD está construyendo actualmente su fábrica en Hungría y su primer coche debería salir de la línea de montaje en el último trimestre de este año y en 2026 ocurrirá lo mismo con su futura fábrica en Turquía. Los aranceles serán cosa del pasado para BYD. Además, Li señaló que para satisfacer la demanda de vehículos eléctricos en Europa BYD tardará poco: “Dennos entre dos y tres años”. Será interesante la guerra comercial que se avecina en los próximos años, con cada vez más marcas asiáticas llegando a suelo europeo para producir sus coches y evitar las cargas aduaneras. Un movimiento necesario para seguir con el crecimiento sostenido de BYD en todo el mundo. En 2024 sus ventas globales llegaron a 4.2 millones de automóviles y no quieren quedarse ahí. Los coches que venden fuera de China les han hecho perder cuota de mercado en su propio país, así que toca compensar con nuevas fábricas por todo el mundo, empezando por Europa. No solo eso, sino que también llegarán nuevos modelos en los próximos seis meses, con la introducción de tres o cuatro híbridos: “Dentro de uno o dos años nuestros híbridos enchufables dominarán las ventas en Europa”, afirmó una convencida Stella Li. Además, BYD también atacará el segmento del lujo con su marca Yangwang , que llegará a Europa a lo largo de 2027. Está claro que BYD ha llegado a Europa para quedarse y conquistarla. - La noticia Stella Li, vicepresidenta de BYD: "dentro de uno o dos años, nuestros autos híbridos enchufables dominarán las ventas" fue publicada originalmente en Motorpasión México por Pablo Monroy .

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