El dólar completó tres jornadas sucesivas de pérdida frente al peso. En el mercado cambiario, la moneda nacional ganó otros $12,55 para que la tasa de cambio cerrar en $3.121.
De acuerdo con los mercados, durante toda la sesión, el peso experimentó un comportamiento bajista, con un mínimo fue de $3.107 y un máximo de $3.130,35.
En el frente internacional, el precio del crudo continuó aumentando. La referencia Brent subió 1,12 % y se ubicó en US$88,70 por barril.
En este contexto, la perspectiva para el peso colombiano sigue alineada con una tendencia lateral y amplia volatilidad, lo que soportaría niveles entre $3.400 – $3.580 en el cuarto trimestre de este año.
El Gobierno inició su mandato en un contexto marcado por la apreciación cambiaria, una de las realidades económicas más relevantes de esta nueva etapa, explicada por factores idiosincráticos y, en particular, por el aumento de la confianza asociado al cambio político en el país.
De acuerdo con los analistas de Corficolombiana, en lo corrido del año, el tipo de cambio ha caído 16,5 %, hasta alcanzar su nivel más bajo desde abril de 2019.
Para los hogares, el principal beneficio de la apreciación es el mayor poder adquisitivo. En promedio, la masa salarial en dólares ha crecido 41 % a mayo, incrementando su capacidad de compra de bienes importados.
“En menor medida, estimamos que la apreciación contribuyó a reducir la inflación anual en cerca de 20 puntos básicos con corte a junio, un efecto acotado que ha sido contrarrestado por las crecientes presiones de demanda sobre los precios. Además, este efecto se ve parcialmente contrastado para aquellos que perciben ingresos en dólares, como los receptores de remesas”, sostienen los expertos.
Como consumidores, todos los colombianos con ingresos en pesos se benefician de la apreciación. Esto radica en el aumento del ingreso real y de la capacidad de compra de los hogares, pues abarata los bienes importados y fortalece el poder adquisitivo.
De hecho, la TRM implícita en las importaciones de bienes, es decir, la tasa de cambio a la que se importaron mercancías entre enero y mayo cayó 12,4 % anual; mientras que el índice de precios de las importaciones descendió 5,1 % anual durante el primer semestre. Este menor costo beneficia tanto a los consumidores que adquieren bienes importados como a las empresas que utilizan insumos del exterior en sus procesos productivos, reduciendo gradualmente sus costos y transmitiendo una parte de este alivio a la inflación.
Otro impacto es para los receptores de remesas, que se concentran en hogares de bajos ingresos y que dependen en mayor medida de estas transferencias para financiar su consumo. Aunque en el primer semestre los ingresos por remesas en dólares aumentaron 4,2 % anual, al convertir estos recursos a pesos, su valor pasó de $26,9 billones a $24,4 billones (-9,1 % frente al mismo periodo del año anterior.
Por otra parte, el sector externo es probablemente el componente de la economía más sensible a las fluctuaciones de la tasa de cambio y, por tanto, uno de los principales focos de atención para la política económica.
“Con cifras hasta mayo, estimamos que la apreciación del peso en lo corrido de 2026 generó un ahorro neto cercano a $3,4 billones para el país, pues el menor costo en pesos de las importaciones más que compensó la pérdida de ingresos del sector exportador. En este contexto, los sectores con mayor dependencia de las compras externas figuran entre los principales beneficiados de la coyuntura cambiaria actual”, indican los analistas.
Es el caso del comercio, particularmente en segmentos como productos farmacéuticos, vehículos y maquinaria y equipo. No obstante, los exportadores han sido los principales perdedores en esta coyuntura, pues dejaron de recibir aproximadamente $12,2 billones como consecuencia exclusiva de la apreciación. Este choque se suma al incremento de los costos laborales y a los nuevos aranceles impuestos por Estados Unidos, el principal socio comercial del país, configurando un entorno cada vez más desafiante para el sector transable.
Si bien el balance agregado del comercio exterior ha sido favorable hasta ahora gracias al buen desempeño de los productos minero-energéticos, una apreciación persistente podría traducirse en una pérdida gradual de competitividad para el resto del aparato exportador.