El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, prometió este lunes mantener la presión económica sobre Irán, en el inicio de una reunión de líderes financieros del G20 marcada por la guerra y las tensiones comerciales.
La administración de Donald Trump trabaja para persuadir a sus socios del G20 de que refuercen la presión económica sobre Irán durante las conversaciones en Asheville, Carolina del Norte, que se prolongarán hasta el martes en medio de un renovado intercambio de fuego con Teherán.
"Vamos a seguir ejerciendo presión, y ya hemos tenido muy buenas conversaciones aquí", dijo Bessent a la prensa antes de iniciar las reuniones al pie de los Apalaches en el este del país.
Señaló que un punto de inflexión en esta campaña de presión de Estados Unidos podría llegar "en cuestión de semanas o meses", y añadió que no es necesario que la economía iraní se derrumbe en la guerra de Oriente Medio para lograrlo.
El primer intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán en un mes planea sobre las reuniones mientras los líderes llegaban el lunes por la mañana al complejo montañoso del Omni Grove Park Inn.
La Unión Europea ya pidió "proseguir los esfuerzos diplomáticos" para alcanzar un acuerdo de paz y acogió con satisfacción las iniciativas destinadas a lograr que Irán ponga fin a sus "actividades desestabilizadoras y participe en negociaciones de paz de buena fe", también mediante la presión económica liderada por Estados Unidos.
El ministro de Finanzas francés, Roland Lescure, dijo a periodistas que escucharían los planes de Estados Unidos.
"Todos tenemos que trabajar en esto. Estados Unidos tiene una visión de cómo reforzar las sanciones. Vamos a debatir con ellos si podemos ayudar en ese frente", afirmó.
Bessent dirigirá las discusiones en dúo con el presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed), Kevin Warsh.
Washington, que tiene la presidencia este año del grupo de las mayores economías mundiales, espera enfocar las conversaciones en alternativas para impulsar el crecimiento, la desregulación, y en la reducción de los «desequilibrios» comerciales.
Para empezar, precisamente, la guerra en Medio Oriente, iniciada por Estados Unidos e Israel hace seis meses, que ha causado una crisis energética y disparado los precios en todo el mundo.
El otro punto de tensión es la ofensiva arancelaria de Trump. Pese a que la Corte Suprema tumbó la mayoría de sus aranceles, el Ejecutivo estadounidense está lejos de rendirse en la imposición de nuevos impuestos a bienes importados y reanudó las hostilidades con Canadá, miembro del G7 y del G20.
"Ahora que estamos en una guerra comercial con Canadá, no hay unidad del G7. Y sin unidad del G7, es difícil llegar al G20 y tener discusiones delicadas", dijo a la AFP Josh Lipsky, investigador del centro de pensamiento Atlantic Council.
"Creo que la mayoría de países escucharán respetuosamente (a Estados Unidos), pero se mantendrán cautos debido a los retos macroeconómicos tanto en sus propios países como en Estados Unidos", agregó, al referirse a la persistente inflación y al reciente aumento en las tasas de interés de la deuda pública.
El G20 fue creado tras la crisis financiera asiática entre 1997 y 1998 para fortalecer la economía global y la estabilidad financiera. Incluye a 19 países y 2 entidades regionales: la Unión Europea y la Unión Africana.