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Nevaco Global
2 de noviembre de 2026

El Estados Unidos que no se mueve: un viaje a Tennessee, el coraz�n del trumpismo

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Es un estado que vota republicano sin fisuras, funciona como un microcosmos de las contradicciones del pa�s, de los grandes debates pol�ticos y jur�dicos y de las cuestiones que durante el �ltimo siglo han marcado la sociedad

Para entender Estados Unidos hay que entender el fen�meno Donald Trump. Y por extra�o que parezca, para comprender de verdad al presidente, un millonario neoyorquino con residencia en Florida y con enorme apoyo popular en tres elecciones consecutivas, hay que viajar al condado de Davidson, a 15 kil�metros del centro de Nashville, en Tennessee. All� est� The Hermitage, la plantaci�n de 450 hect�reas que incluye la mansi�n, el museo dedicado y las caba�as de los esclavos de Andrew Jackson, el s�ptimo presidente del pa�s.

A menudo se buscan referentes para Trump en los a�os finales del siglo XIX, esa �poca dorada para �l en la que asegura que EEUU fue m�s rico y pr�spero que nunca antes, cuando la naci�n se financiaba mediante los aranceles a las importaciones y sin que existiera un impuesto permanente sobre la renta. Fue la �poca de William McKinley, uno de los grandes defensores del proteccionismo y de la guerra con Espa�a por Cuba. Tambi�n se habla de los a�os 20 y 30 del siglo pasado, con las pulsiones aislacionistas y de nuevo en favor de los aranceles. Incluso de las escuelas filos�ficas anticomunistas de la Guerra Fr�a. Pero el mejor espejo para estudiar al l�der MAGA, y el apoyo casi ciego de millones de personas, es el de Jackson.

La admiraci�n de Trump por el ex presidente es muy conocida. Nada m�s llegar a la Casa Blanca, en enero de 2017, orden� colocar su retrato en el Despacho Oval, cerca de su escritorio. Y cuando visit� The Hermitage poco despu�s lo evoc� como "uno de nuestros grandes presidentes", especialmente por como hab�a desafiado a la "�lite arrogante" de Washington. El Republicano reivindica aspectos del legado jacksoniano que encajan con su propio discurso: la defensa de los trabajadores, el nacionalismo econ�mico y la imagen de un h�roe solitario enfrentado a los poderes establecidos en nombre de la gente com�n. El lado oscuro, simplemente, es ignorado.

A pocos d�as de las elecciones, el museo tiene muchos visitantes. La exposici�n no hace comparaciones directas entre el pasado y el presente, pero la cantidad de similitudes y referencias, no es casual. John Mechan, bi�grafo de Jackson, explica que "analizar a Jackson es enfrentarse a lo mejor y lo peor de nosotros mismos". Porque Jackson encarna como pocos las contradicciones fundamentales de Estados Unidos: fue defensor de la esclavitud, responsable de la expulsi�n de los pueblos ind�genas, populista y alguien que desafi� la autoridad de los tribunales. A �l se le atribuye, probablemente de forma exagerada, haber dicho algo como: "John Marshall ha tomado su decisi�n, ahora que la haga cumplir si puede", un desaf�o al presidente del Tribunal Supremo por una sentencia sobre la expulsi�n de los ind�genas que el presidente no quer�a respetar.

Al mismo tiempo, Jackson fue un l�der que (tras defender la Uni�n y respetar el resultado de las elecciones que hab�a perdido) que simboliza la era en la que muchos estados eliminaron los requisitos de propiedad para votar y el sufragio se extendi� a casi todos los hombres blancos adultos. Jackson no inici� ese proceso, pero su candidatura lo aceler�. En 1824 vot� alrededor del 27% de los hombres blancos con derechos; en 1828 fue el 50% y en 1840 la cifra roz� el 80%.

Los carteles de las paredes de The Hermitage hablan de c�mo a lo largo de su carrera el presidente dem�crata siempre culp� al establishment de conspirar, maniobrar y hacer chanchullos, incluyendo su derrota en las presidenciales de 1824. Jackson arremet�a contra los bosques igual que Trump lo hace contra las instalaciones de energ�a renovable con aut�ntica pasi�n. "Qu� buen hombre preferir�a un pas cubierto de bosques y poblado por unos pocos miles de salvajes a nuestra creciente Rep�blica", dijo entonces. Pero hay m�s. Jackson ten�a un gabinete en la sombra lleno de aduladores. Y una de sus primeras decisiones fue despedir a 'funcionarios', igual que Trump con Elon Musk. �l y su equipo vieron su victoria en 1828 como un mensaje del pueblo para "limpiar Washington de corrupci�n", y pensaba que "un grupo permanente de empleados del gobierno demasiado a menudo acababa corrompido". E incluso hay un detalle muy personal: Donald Trump ha recuperado una estatua de Col�n para la Casa Blanca, algo que tuvo en mente desde que visit� la mansi�n de Jackson y descubri� que hab�a un retrato del descubridor en el hall de la entrada.

Tennessee, un estado abrumadoramente conservador y que vota republicano sin fisuras, funciona como un microcosmos de las contradicciones de Estados Unidos, de los grandes debates pol�ticos y jur�dicos y de las cuestiones que durante el �ltimo siglo han marcado la sociedad. La pena de muerte y los l�mites del poder estatal. El derecho a llevar armas y las matanzas en colegios. La manipulaci�n de los distritos electorales, los problemas en las m�quinas de votaci�n y el papel del Tribunal Supremo. La llegada de grandes fortunas a ciudades que cambian r�pidamente. O el choque entre la promesa sobre crecimiento tecnol�gico e inteligencia artificial y sus costes para las comunidades locales.

Tennessee representa, en buena medida, ese Estados Unidos conservador, que recela de Washington, de los debates identitarios y los cambios culturales. Un territorio que parece haber consolidado su identidad pol�tica alrededor del Partido Republicano, la iglesia y el trabajo duro. Los carteles de las autopistas dice 'Dios es real' y 'Dios existe', el look cowboy se impone y una parte importante de sus votantes mantiene una fidelidad casi inquebrantable a sus candidatos, incluso ante las denuncias de corrupci�n, las controversias pol�ticas o las consecuencias de la guerra con Ir�n, cuestiones que parecen tener un peso limitado.

"Me parece realmente incre�ble", apunta Sam, un jubilado que presume de que de peque�o viv�a al lado de Elvis Presley en Menphis. "Todo el mundo parece muy preocupado por el precio de la gasolina y la lista de la compra y parece ignorar la corrupci�n. Es algo que nunca entender�", lamenta hablando de las midterms, de la complacencia de sus vacinos y muy interesado en la percepci�n europea sobre la calidad de la democracia en su pa�s. Y espec�ficamente, sobre la separaci�n de poderes.

En abril de este a�o, el Supremo fall� en el caso Louisiana v. Callais sacudiendo lo que quedaba de la hist�rica Ley de Derechos Electorales de 1965, aprobada en medio de la lucha por los Derechos Civiles, que hab�a permitido a ciudadanos y asociaciones impugnar el dise�o de distritos electorales que ten�an claramente efectos racistas, sin necesidad de que hubiera habido expresamente esa intenci�n al configurarlo. Los magistrados conservadores, que tienen una mayor�a de 6 a 3, abrieron la puerta a cambios y la senadora Marsha Blackburn, republicana, azuz� a los legisladores para que redibujaran r�pidamente los l�mites del �nico distrito con mayor�a afroamericana. Ocho d�as despu�s, el Distrito Nueve, que antes ten�a un 60% por ciento de poblaci�n negra y un 25% de poblaci�n blanca, pas� a tener un 32% poblaci�n negra y un 58% blanca, y pas� de ser urbano a rural.

Ah� compite Justin Pearson, un joven afroamericano que a priori no tiene ninguna posibilidad en una zona que voto por Trump en 2024 con m�s de 20 puntos de ventaja. Pero el distrito sufre las consecuencias de oleoductos y de los planes de expansi�n de centros de datos masivos de Elon Musk. Pearson ha logrado movilizar a vecinos contra la contaminaci�n lum�nica y sonora, un tema que genera extraordinario conseno entre todos los votantes y por todo el pa�s, de Virginia a Oklahoma, de Texas a Oreg�n. "A diferencia de mi oponente, respaldado por Trump, no soy millonario. No he aportado ni un mill�n de d�lares de mi propio dinero a mi campa�a. No tengo una mansi�n multimillonaria al estilo de una plantaci�n. Tampoco cuento con el apoyo de corporaciones que dificultan la vida de la clase trabajadora", repite una y otra vez ante peque�as audiencias. Apenas 50, 100, 200 personas como mucho en gimnasios, inglesias y centros c�vicos de las afueras de Menphis.

Estamos en un estado de renta media-baja, con focos de riqueza en las grandes �reas urbanas y grandes bolsas de pobreza en el campo. Si algo lo describe son las desigualdades. Las carreteras en el Este, cerca de Knoxville, muestran remolques, coches abandonados, construcciones baratas y mucha comida basura. Las afueras de Nashville, en cambio, est�n llenas de enormes mansiones. Y el centro de la ciudad, o la propia Menphis, pueden competir con cualquiera de las ciudades m�s ricas, modernas y boyantes. La m�sica, y en especial el country, ha creado muchos millonarios, pero en los �ltimos a�os gente del mundo de las finanzas. Deportistas, nepobabys e influencers conservadores han escogido la zona, atra�dos por los bajos impuestos y por la disponibilidad de enormes extensiones de terreno barato.

El n�mero de viviendas vendidas en el �rea metropolitana que se encontraban en el 1% superior del pa�s por precio —alrededor de 3 millones de d�lares o m�s en 2025— se ha triplicado desde 2017, seg�n un an�lisis de Bloomberg de datos de Realtor.com. Tennessee figura por eso mismo entre los estados m�s amenazados por la p�rdida de tierras de cultivo debido al desarrollo residencial, seg�n la organizaci�n American Farmland Trust. Se estima que una d�cima parte de sus granjas desaparecieron en los cinco a�os previos a 2022, seg�n datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Hasta hace no tanto, los pol�ticos quer�an ser gobernadoras para el salto al Senado. Ahora, la tendencia empieza a cambiar. Blackburn es un buen ejemplo. Tennessee, haciendo caso al presidente, vota como si fuera un refer�ndum sobre �l, como si su nombre estuviera en las papeletas. Pero en realidad, la que est� por todas partes es la senadora. Hace dos a�os gan� la elecci�n y aunque le quedan cuatro m�s de mandato ha optado por presentarse a gobernadora. Su explicaci�n p�blica es que quiere mostrar un liderazgo que mantenga a su estado de derechas durante esta generaci�n y la siguiente. Tambi�n argumenta que como Trump est� devolviendo poder a los estados, hacen falta gobernadores fuertes que lleven esa "revoluci�n" a casa.

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