El presidente chino lleg� a la Casa Blanca como igual y aprovecha una Washington absorbida por la guerra de Ir�n para consolidar su proyecto de poder
Mientras decenas de jefes de Estado contin�an en Nueva York el ritual anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas, con sus discursos sobre multilateralismo y paneles para administrar las guerras del mundo, los dos hombres m�s poderosos del planeta, los que de verdad pueden alterar esas contiendas, se sientan en otra mesa.
Donald Trump y Xi Jinping, cara a cara en Washington. Otra fotograf�a de lo que el presidente estadounidense bautiz� como el G-2: una rendici�n sem�ntica para colocar al l�der supremo de China a su misma altura.
Xi llega a la cumbre con algo m�s que una lista de asuntos pendientes: la sensaci�n de que el tiempo corre a su favor. En Pek�n, el recibimiento trascendi� la etiqueta. China llevaba a�os reclamando que Estados Unidos la trate como una potencia de igual rango.
Que Xi haya sido agasajado con extraordinarios honores y que Trump hable de �l como de un amigo respetado es material pol�tico de primera clase para la propaganda china. A un a�o del congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) que debe rubricar su cuarto mandato, Xi exhibe ante su pueblo una imagen invaluable: negocia de t� a t� con un presidente estadounidense que, delante suya, ense�a su rostro m�s d�cil.
El guion es todav�a m�s confortable porque Trump llega desgastado. La guerra con Ir�n ha elevado el coste pol�tico y econ�mico de la Casa Blanca; las legislativas de noviembre se acercan. Michael Schuman, analista de The Atlantic, ha descrito la escena con crudeza: Xi ha sabido neutralizar a Trump. Mientras la atenci�n de Washington salta de Teher�n a Ucrania, Pek�n refuerza su m�sculo industrial, blinda su autonom�a tecnol�gica y se presenta ante el Sur Global como la potencia estable.
"A lo largo de sus 14 a�os en el poder, el presidente chino ha actuado deliberada y sistem�ticamente para debilitar a Estados Unidos", apunta Schuman. "Su viaje a Washington parece estar perfectamente sincronizado para explotar la debilidad de su anfitri�n y principal rival estrat�gico, debilitado �ltimamente por el aumento de los precios internos, la ca�da en picado de los �ndices de aprobaci�n y la costosa guerra en Ir�n. Esta coincidencia temporal hace que el espect�culo del supuesto l�der del mundo libre adulando a un dictador comunista sea m�s que vergonzoso".
La guerra arancelaria puede ser el mejor ejemplo para ilustrar el actual cambio. Washington calcul� que una China debilitada por el ladrillo y el consumo flojo no resistir�a. No ocurri�. La tregua que ambos pactaron evit� una escalada y las exportaciones chinas volvieron a acelerarse: su super�vit global camina hacia el bill�n de d�lares por segundo a�o consecutivo. La amenaza de los aranceles no desaparece, pero ha dejado de parecer el garrote infalible que promet�a Trump.
Xi tiene otra palanca: las tierras raras y otros minerales cr�ticos. Estados Unidos conserva su superioridad en semiconductores de vanguardia; China puede complicar cadenas de suministro enteras. De esta cita no se esperaba una gran paz comercial, sino la prolongaci�n de la tregua, como as� ha ocurrido. Hay una nueva fecha l�mite para cerrar un acuerdo comercial: el 10 de enero.
Estos d�as, algunos funcionarios chinos presum�an que, frente a Trump o a cualquier otro presidente estadounidense, Xi siempre juega con la baza del tiempo. Estar al frente de un r�gimen autoritario, pero previsible y estable, se ha convertido en una ventaja en el tablero geopol�tico actual.
Y donde esa paciencia puede producir mayor r�dito es en Taiwan. En mayo, Trump reconoci� haber hablado con Xi sobre una venta pendiente de armas a la isla por 14.000 millones de d�lares y la defini� como una ficha de negociaci�n. La operaci�n sigue paralizada.
Para Pek�n, que Washington consulte con China el armamento destinado a Taipei ya supone una concesi�n excepcional: contradice d�cadas de pol�tica estadounidense y abre la puerta a cambiarla por aviones Boeing, compras agr�colas o mayores compromisos sobre el fentanilo. Aunque a los principales socios asi�ticos de Trump (Jap�n y Corea del Sur) esto no les haga ninguna gracia: si la disuasi�n estadounidense se convierte en moneda de cambio electoral, el estrecho de Taiwan se vuelve menos seguro.
Xi llega tambi�n a Washington diplom�ticamente reforzado. Se dej� ver en septiembre con el ruso Vladimir Putin, el iran� Masoud Pezeshkian y el turco Recep Tayyip Erdogan en la cumbre de la Organizaci�n de Cooperaci�n de Shangh�i en Kirguist�n; en Nueva Delhi comparti� despu�s escenario con Putin y el indio Narendra Modi en los BRICS.
El l�der chino es el protagonista de nuevos bloques que ya no aceptan que Occidente dicte s�lo las reglas. Ante los BRICS, Xi volvi� a denunciar que "el unilateralismo y la pol�tica de poder" avanzan contra corriente y declar� imparable la marcha hacia un mundo multipolar.
Xi adopta cada vez m�s la pose de medidor del Sur Global mientras que Estados Unidos paga el coste militar y reputacional con la guerra de Ir�n. China se presenta como la potencia paciente que no dispara, no invade y no se desgasta, aunque compre petr�leo iran�, estreche su alianza cada vez m�s con Rusia y proteja sus propios intereses con el mismo c�lculo fr�o que reprocha a Washington.