La factor�a se situar�a a escasa distancia de un arsenal militar y supondr�a exponer ante un "rival sist�mico" los movimientos de fragatas espa�olas, seg�n fuentes militares
La f�brica china de coches SAIC Motor ha escogido el puerto de Ferrol para poner su primera planta en Espa�a. Exist�a la posibilidad de que este proyecto se materializara en Vigo o en Gij�n, pero finalmente los chinos cerraron un acuerdo para hacerlo a las puertas de la r�a, a escasa distancia del arsenal militar de Ferrol, puerto clave de la Armada, punto de amarre y mantenimiento de las Fragatas F-100 y los Buques de Aprovisionamiento C.
Adem�s, en ese puerto tiene un astillero Navantia, con una plantilla propia directa de 1.885 trabajadores y un impacto total de 9.000 puestos de trabajo en la zona sumando la industria auxiliar y la cadena de valor. Y es en esa zona geogr�fica, estrat�gica para la industria naval espa�ola, donde China quiere montar veh�culos y que sus barcos transiten para llevarlos a otros puntos de Europa.
Aunque los planes pasan por que la f�brica est� operativa en 2028, todo esto inquieta a fuentes castrenses consultadas por este diario. Tanto, que el Ministerio de Defensa cuenta con informes que reflejan lo que unos y otros ven como �una amenaza�. En el mundo militar y en el de la seguridad s�lo ven pegas a este proyecto. Seg�n ha sabido este diario, Espa�a corre el riesgo de que la OTAN y la Uni�n Europea dejen de ver a Ferrol como un puerto seguro. Porque la presencia china a la entrada de la r�a supondr�a exponer ante un �rival sist�mico� -como la Uni�n Europea define al gigante asi�tico- a un conocimiento casi diario de movimientos de las fragatas espa�olas y las tecnolog�as.
Son dos tipos de buques los que pueden interesar a los de Xi Jinping. Por un lado est�n las F-100, las unidades lanzamisiles de la Armada que act�an como escoltas de otro tipo de embarcaciones -portaeronaves, principalmente- y de las que Espa�a tiene cinco operativas: la �lvaro de Baz�n, Almirante Juan de Borb�n, Blas de Lezo, M�ndez N��ez y Crist�bal Col�n.
Todas ellas tienen su base en Ferrol y participan en misiones multinacionales de la OTAN. La �lvaro de Baz�n, por ejemplo, est� en un despliegue muy exigente de 165 d�as, enfilando el camino ahora hacia Ecuador tras participar en ejercicios en Hawai con la U. S. Navy. La Juan de Borb�n mand� hasta abril la Agrupaci�n Naval Permanente n�mero uno de la OTAN, mientras la Blas de Lezo particip� en las costas de Estados Unidos en el Fleetex-250, un ejercicio multinacional con motivo de la conmemoraci�n de la independencia del pa�s.
Estos barcos tienen integrado adem�s el sistema Aegis estadounidense que utiliza potentes radares y ordenadores para rastrear y guiar misiles para destruir blancos enemigos.
Por otro lado, est�n las fragatas de la clase F-110. El programa de fragatas F-110, cuya orden de ejecuci�n se firm� en 2019 y construcci�n comenz� tres a�os despu�s, contempla la fabricaci�n de cinco unidades por un valor total de 4.325 millones de euros. Se trata de unos buques de escolta polivalentes, con capacidad antia�rea, antisuperficie y antisubmarina, y pudiendo operar de forma combinada con otras unidades.
La primera de las fragatas de este tipo, la F-111 Bonifaz, alcanz� el pasado mayo el hito de arrancar por primera vez dos de sus cuatro generadores di�sel. Si la f�brica china se sit�a a la entrada de la r�a, podr�a seguir los avances de pruebas de navegaci�n de los barcos. Adem�s, la presencia de una f�brica china podr�a disminuir el inter�s de posibles compradores extranjeros, como Portugal, B�lgica o Pa�ses Bajos.
El gigante asi�tico tiene puestos los ojos en los puertos europeos desde hace a�os. Tanto en los comerciales como en los militares. As�, la preocupaci�n por su presencia en infraestructuras cr�ticas es un hecho.
�Durante a�os, en Europa contempl�bamos la llegada del capital chino a nuestras infraestructuras portuarias como una oportunidad econ�mica. Puertos necesitados de inversi�n tras la crisis financiera de 2008 encontraron en las empresas estatales chinas un socio dispuesto a aportar mucho dinero cuando pocos m�s estaban interesados. Hoy, aquel entusiasmo ha dado paso a la desconfianza�, explica a este peri�dico un funcionario de la delegaci�n de la UE en Pek�n. �Lo que antes se ve�a como una simple operaci�n comercial ahora se analiza desde una perspectiva de seguridad�.
Esta expansi�n china comenz� oficialmente en 2013, cuando el presidente Xi Jinping present� la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el ambicioso proyecto destinado a reconstruir las antiguas rutas comerciales que durante siglos conectaron China con Europa. La denominada Ruta de la Seda Mar�tima se convirti� r�pidamente en uno de sus pilares fundamentales. Mientras los trenes atravesaban Asia Central, una aut�ntica autopista naval empezaba a tomar forma desde el Mar de China Meridional, cruzando el Oc�ano �ndico, bordeando �frica y penetrando en el Mediterr�neo hasta alcanzar los principales puertos europeos.
El ejecutor de esa estrategia fue Xu Lirong, presidente y secretario del Partido Comunista en Cosco, una doble condici�n que ilustra c�mo funcionan las grandes empresas estatales chinas. Bajo su direcci�n, el conglomerado ha pasado de ser una naviera a convertirse en uno de los mayores operadores portuarios del mundo. Controla una flota de m�s de 400 portacontenedores y mantiene participaciones en cerca de un centenar de puertos repartidos por m�s de medio centenar de pa�ses. Para Pek�n, cada nueva terminal adquirida supone asegurar las cadenas globales de suministro por las que circula buena parte de las exportaciones que sostienen la segunda econom�a mundial.
El mejor ejemplo de esta estrategia se encuentra a las puertas de Atenas. Cuando Grecia qued� al borde de la quiebra tras la crisis de deuda, Cosco aprovech� la oportunidad para hacerse primero con la gesti�n y posteriormente con el control mayoritario del puerto del Pireo.
Pek�n suele presentar el puerto griego como la demostraci�n de que sus inversiones generan crecimiento y empleo. Pero para muchos responsables europeos, este caso demostr� hasta qu� punto un activo estrat�gico puede quedar bajo la influencia de un estado extranjero cuya pol�tica exterior y sus empresas p�blicas responden a los intereses del Partido Comunista Chino (PCCh).