El turismo es un motor de crecimiento económico a nivel global, pero los ingresos que genera no siempre se quedan en las localidades turísticas. Además, si no es sostenible, satura y gentrifica.
De visita en Ciudad de México, a miles de kilómetros de su casa, usted compra una entrada para el Museo Nacional de Antropología. Su único objetivo es disfrutar de los tesoros que alberga el museo del Paseo de la Reforma. Pero, al pagar su boleto, activa una red económica global. Su dinero (guardado en su banco, en su país de origen) va a cruzar fronteras, bancos y plataformas en segundos. Eso vuelve interesante al turismo. Es una experiencia personal, pero también un negocio global. Y sus efectos llegan a comunidades, ciudades y regiones.
Exportar es vender productos nacionales a personas de otros países. El turismo hace algo parecido, pero con servicios y experiencias. El visitante compra en el sitio pero paga con dinero de fuera.
Cuando se trata de turistas extranjeros, ese dinero implica divisas, moneda extranjera que ayuda al país que lo recibe a pagar sus importaciones y su deuda externa y apoya su estabilidad financiera.
Organizaciones como la OCDE, la Organización Mundial del Turismo o Turismo de las Naciones Unidas miden los gastos de los visitantes extranjeros, son los “ingresos por turismo internacional”.
El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por sus siglas en inglés) estima que estos tienen un peso enorme en la economía global (un 10 % del PIB aproximadamente). En 2024, el sector aportó casi once mil billones de dólares (más de nueve mil billones de euros).
Ese cálculo incluye los efectos directos e indirectos del turismo, es decir, tanto los ingresos generados por el gasto del turista (transporte, alojamiento, restauración, etc.), como el de las empresas turísticas para poder operar (alimentos, bebidas, mobiliario, sábanas y toallas, etc.).
Además, empleó a más de 357 millones de personas, lo que equivale a cerca de uno de cada diez trabajos. No es un sector marginal, ni solo “temporada alta”.
El gasto del turismo internacional también fue muy alto en 2024. El WTTC lo estima en unos 1,9 billones de dólares en 2024. Esa cifra describe compras, hospedaje, comida y servicios turísticos.
El turismo puede parecer un proceso simple para el visitante: llegar, dormir, disfrutar, comer. Pero depende de transportes, pagos y distribución digital. Y también depende de alimentos, energía y personal capacitado en el lugar de destino.
Piense en una visita guiada a un centro histórico. El guía trabaja localmente, y eso crea ingreso directo. Pero puede que el pago haya pasado por alguna plataforma bancaria extranjera.
El alojamiento ofrece otro ejemplo claro: un hotel puede formar parte de una cadena, con dueños extranjeros y préstamos en otros países. De ahí que parte de sus ganancias puedan acabar saliendo del destino turístico.
Lo mismo ocurre con las aerolíneas, las empresas de comunicaciones globales (para llamadas y datos), los seguros de viaje y el cambio de moneda. Todo ese entramado conecta el turismo en una localidad determinada con los negocios internacionales.
Más turistas no siempre significan más bienestar local. Importa cuánto del gasto paga salarios y proveedores del lugar, y cuánto sale por importaciones o por intermediarios globales.
A ese escape de fondos muchos especialistas lo llaman filtraciones. En palabras sencillas, es dinero que no se queda cerca. Puede irse para pagar insumos importados o comisiones digitales.