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16 de octubre de 2026

San Francisco de Macorís y Villa Riva en la Restauración

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El Historiador Pedro Archambault (1938) relata el heroísmo de San Francisco de Macorís en la resistencia a la Anexión de la República Dominicana a España, obligando al general anexionista Juan E. Ariza a su retirada de la heroica villa. Los dominicanos dirigidos por el Capitán Santiago Mota, Cayetano de la Cruz, el comandante Olegario Tenares y Manuel M. Castillo, izaron la bandera en la plaza patriótica. Este ejemplo fue seguido por Basilio Gavilán y Estevan Adames que extendieron a Cotuí y la Vega la proclama de la separación de España.

Archambault resalta que el gobierno de Pimentel fue dictatorial persiguiendo a los restauradores entre ellos Benito Monción, Carlos Medrano, José Cabrera, Ulises Francisco Espaillat, Pablo Pujols, Julián Belisario Curiel, Pedro Curiel, Manuel Rodríguez Objío, Máximo Grullón y Pedro Valverde. Pimentel se moviliza de Santiago a Puerto Plata, pero Gregorio Luperón le escribe que dimitiera del poder porque su gobierno tenía mucho rechazo. Los pueblos que reaccionaron con la propuesta de Luperón fueron: Santiago, los de la Línea Noroeste, Moca, la Vega y Macorís. Al regresar a Santiago Pimentel renuncia y se intenta atropellarlo, pero los consejeros recordaron su participación en Beler lo impidieron, Luego, el 4 de agosto de 1865 un manifiesto contra Pimentel en Santo Domingo declara a José María Cabral Protector de la República formando su gobierno por Asamblea Constituyente. Se trasladó a Santiago y se reunió con los principales restauradores, encargando al general Luperón de gobernar Santiago, después, Luperón nombró a Benito Monción produciéndose resistencia a Cabral, pero Luperón los perdona y culmina la resistencia.

El historiador Emilio Rodríguez Demorizi en su libro Proceres de la Restauración resalta a Luis Castillo que aparece en el pronunciamiento de San Francisco el 3 de septiembre de 1863, en el mismo evento, aparecen el teniente Nolasco de Frías, Eugenio García, Felipe Neri García, Francisco García, Juan A. García, Rufino García, Tomás García, Francisco García Cobos, Alejandro Garrido, Tomás Glas y Lucas, Gaspar Hernández, Manuel de Jesús Hernández, Guillermo Hollingshead, Gregorio López, F. Lucas, Luciano, José María de María, Fernando Martínez, León Méndez, Narciso Mendoza, Pedro Mendoza, Máximo Delmonte, Vicente Núnez, Francisco Paula, Santiago de Paula, Antonio Paulino, L. Paulino, Miguel Paulino, Ramón Paulino y Tiburcio De Peña, aparece como comandante de armas de San Francisco el general Pedro Florentino en 1856. También, presenta la labor restauradora de Manuel María Castilo que aparece en el pronunciamiento del 3 de septiembre de 1863.

El 14 de septiembre de 1863 el gobierno provisional lanzó un decreto en el que declaraba a Pedro Santana como “Culpable de Alta Traición”. Ante este escenario y por las incursiones del ejército español, Gregorio Luperón como jefe de operaciones, reorganizó las campañas militaras en varios pueblos del norte, entre los que se encontraban la Guarnición de San Antonio del Yuna (Villa Riva), que luego es visitada por este al repeler un ataque del ejército invasor. En tal sentido, dice Archambault: “Reforzó a Matanzas, situó una fuerte Guarnición en San Antonio del Yuna y concentró las demás fuerzas disponibles en el Cotuy, en donde sitúo su cuartel general.

Mientras tanto el general Santana les escribía a cuantas personas creía capaces de neutralizarse y su propaganda cundía frecuentes alarmas por esa provincia.

En Yamasá los coroneles Adames, Trinidad y Gavilán capturaron al peninsular coronel Gardiano con un paquete de comunicaciones del General Santana. Se lo enviaron a Luperón a la Vega, en donde un consejo de guerra condenó a muerte al coronel Gardian, siendo ejecutado por orden del General Mejía.

Después el general Gregorio Luperón se puso en marcha y al llegar a Cevicos, camino de la capital recibió el aviso de que una columna española acababa de desembarcar en el puerto Fluvial del Almacén del Yuna (Villa Rivas). Al saberlo partió con un destacamento de caballería y llegó a dicha villa; pero la guarnición del Yuna había rechazado los invasores que habían reembarcado para Samaná” (Archambault, 1986, 180).

La importancia de Villa Riva para los restauradores era estratégica debido a que el ejército español tomó la Bahía de Samaná como lugar predilecto de sus operaciones, porque le permitía incursionar por el río Yuna y llegar otros pueblos. El puerto Fluvial de Villa Riva debía permanecer como punto estratégico para frenar la movilidad de los españoles, impidiéndole el acceso por agua, lo que implicaba luchas estratégicas que se evidenciaron cuando se repele su intervención.

Los restauradores intentaron en varias ocasiones tomar el Puerto de Samaná, pero sus ataques fueron repelidos por las fuerzas de intervención española que habían consolidado su fuerza en Samaná como lugar importante de movilización, control y dominio. Francisco Febres-Cordero Carrill en su artículo “La Guerra de la Restauración desde las filas españolas”, (1863–1865), publicada en Clío n. 183 del 2012 sostiene que: “Sucesivamente, varios pueblos fueron atacados y tomados por los restauradores. Por su inigualable valor estratégico, la Bahía de Samaná fue uno de los objetivos más preciados de los ataques de los dominicanos. El 17 de septiembre unos tres mil hombres se concentraron en el río Yuna, con el fin de tomar la bahía. Al enterarse de los planes, el comandante de Samaná ordenó el bloqueo de la desembocadura del río Yuna en la bahía, abortando así cualquier posibilidad de ataque. Mas los restauradores no cejaron en su intento, y en repetidas ocasiones perpetraron varios ataques, pero siempre fueron repelidos, ya que a Samaná se le designó como el centro de las operaciones navales de la guerra, lo que causó que siempre estuviera fuertemente armada y custodiada” (Cordero Carrillo, 2012, 213).

La lucha de los dominicanos no cedió ante algunos fracasos, sino que las luchas se extendieron por todo el país, logrando que: “El 3 de marzo de 1865 Isabel II firmó el decreto que derogó la reincorporación dominicana a la Monarquía Española, y en julio de 1865, el alicaído y derrotado Ejército Español comenzó el abandono efectivo de Santo Domingo, Monte Cristi, Samaná y Puerto Plata rumbo a la Península, Cuba o Puerto Rico” (Cordero Carrillo, 2012, 225).

En las Notículas de la Revista Clío número 8 de 1934 se hace referencia al cambio de nombre de Almacén del Yuna por el de Villa Riva, tomando el apellido del empresario cibaeño que se dedicó al desarrollo del Cibao. También, resalta los últimos días de la esposa del prócer cibaeño. Hace mención del nombre de Santa Paula que se le dio a Santa Capuza poblado cerca de las Garitas después de las terrenas. “VILLA RIVA y SANTA PAULA. Hoi, 12 de abril, hace cuarenticuatro año.; que, en: honra de D. Gregorio Riva, al poblado del Almacena del Yuna se le puso el nombre de Villa Riva. En esos mismos días se le dio a Santa Capuza el nombre de Santa Paula en honra de la esposa del prócer cibaeño. La última -mejor emplazada y con mejor puerto en 1a gran bahía que Las Cañitas iba a ser el punto de partida .de la línea férrea tendida desde ahí hasta! Moca y hasta La Vega. Fue un error topográfico y económico haberlo sustituido por otro. Las Cañitas, desde entonces, obtuvo el nombre de Villa Sánchez.

Don Gregorio Riva -no Rivas como generalmente se escribe- fue un promotor de obras de progreso. El ferrocarril en referencia vino a ser un sustituto -cuando debía ser una Línea paralela- de la vía fluvial del Yuna canalizado, según una de sus iniciativas. Su noble compañera dona Paula Álvarez de Riva- le sobrevivió muchos años y al ahora acaba de morir, en su residencia de la Vega, cuando solo le faltaban tres para ser centenaria” . . .  (Clío, 1934,63).

San Antonio del Yuna, el Almacén del Yuna o Villa Riva como se le denomina en la actualidad, no puede entenderse sin los aportes de Gregorio Riva, quien jugó un papel fundamental en el desarrollo económico de este pueblo, al convertirlo en un lugar céntrico por la influencia del ferrocarril. De acuerdo con Sergio Riva, hijo de Gregorio Riva en el artículo: “Gregorio Riva. Apuntes para su Biografía”, publicado en la Revista Clío, número 110 de 1957, la genealogía de la familia de Gregorio Riva se presenta en la cita a continuación: “Nació en la Villa de Moca, el 24 de diciembre del año 1833, y falleció en La Vega, el 19 Dicbre. 1889. Allí reposan sus restos en una de las naves laterales de la Iglesia Mayor. Hijo legítimo de Ramón Valentín Riva y María Ramona Guzmán, nativo de la Línea Noroeste, paraje de El Pino el primero, y de Estancia Nueva, campo de Moca, la segunda.

Cuando ocurrió el terremoto del año 1842, que destruyó a Santiago, pereció entre los escombros de su casa Ramón Valentín, accidentalmente allí, dejando tres hijos que había procreado con María Ramona Guzmán: Amalia, Gregorio y Telésforo.

La Viuda, dos ó tres años después, casó con Basilio Fondeur, de origen francés, hijo de Achille Fondeur y Margarita Foben, de Bordeaux (Francia). De este segundo matrimonio procrearon: Julio, Sinforosa Clementina, Emilia, Virginia y Guadalupe, que luego casaron, respectivamente, con Juliana Guzmán, Joaquín Ortega, Ventura Grullón, Eco. Gwmán, Jovino Álvarez y Ventura Álvarez. Los tres primeros hijos casaron a su mayor edad, con Paula Álvarez, Gregorio, Amalia con Eulogio Vázquez y Telesforo con Calixta Salazar Vda. Rosario. El Gregorio de Jesús, cuando niño, fue enviado a hacer sus Estudios Superiores a una Universidad de Pto. Rico muy celebre, allá por los años 1846, y fue condiscípulos de Emeterio Betances, Ulpiano Cordwa y Tomas y Antonio Cocco” … (Rivas, 1957, p.4).

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