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27 de octubre de 2026

Del papel amate prehispánico al papel de China: así nació el papel picado que adorna las ofrendas en Día de Muertos

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Símbolo del viento que guía a las almas en los altares de Día de Muertos, el papel picado concentra siglos de historia que van desde el papel amate prehispánico hasta el trabajo con cincel de los maestros artesanos de San Salvador Huixcolotla, Puebla.

El papel picado llena de color las celebraciones del Día de Muertos, una tradición milenaria que reúne historia, simbolismo y costumbres transmitidas de generación en generación. Foto: Archivo

Las calles se llenan de tiras amarillas, moradas, naranjas y rosas que se mueven con el viento. En octubre y noviembre, el papel picado aparece sobre las calles, en los mercados y en los altares de Día de Muertos, donde sus figuras de calaveras, flores y otros motivos acompañan el recuerdo de quienes ya no están.

Aunque hoy parece un adorno inseparable de las celebraciones mexicanas, detrás de sus delicados recortes hay una historia más compleja: una tradición que reúne antecedentes indígenas, técnicas de elaboración que evolucionaron con el tiempo y el trabajo de comunidades artesanas que han convertido el papel en una expresión de identidad cultural.

El papel picado llena de color las celebraciones del Día de Muertos, una tradición milenaria que reúne historia, simbolismo y costumbres transmitidas de generación en generación. Foto: Agencias

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Para entender la historia del papel picado es necesario mirar más allá de las hojas delgadas y coloridas que se utilizan actualmente. En Mesoamérica, mucho antes de la llegada de los españoles, distintas culturas elaboraban papel amate a partir de la corteza interna de ciertos árboles, como el jonote y algunas especies de higuera. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) este material tenía usos ceremoniales, rituales y administrativos, además de emplearse en la elaboración de códices.

El papel amate también tenía un significado relacionado con la cosmovisión de los pueblos indígenas. En algunas comunidades, las figuras recortadas en este material se vinculaban con las representaciones de deidades y fuerzas de la naturaleza. Estas prácticas muestran que el papel y sus formas no eran únicamente soportes para escribir o decorar, sino que también podían tener una función simbólica y ritual.

Lámina 1 del libro Códice Boturini elaborado en papel amate. Foto: INAH

Con la llegada de los españoles durante el siglo XVI, se incorporaron nuevos materiales y técnicas de fabricación. El papel producido mediante métodos europeos comenzó a circular en la Nueva España y, con el desarrollo del comercio, otros tipos de papel estuvieron cada vez más disponibles. Asimismo, la llegada del papel de China junto a sus técnicas, utilizado para envolver mercancías y comercializado entre Asia y América durante la época colonial, también modificó su aplicación. La incorporación de estos materiales transformó las posibilidades de corte, manipulación y decoración, aunque no permite establecer por sí sola una fecha exacta para el nacimiento del papel picado como se conoce hoy.

Algunas explicaciones sobre esta tradición destacan la influencia de las técnicas europeas de papel recortado, mientras que otras ponen énfasis en los antecedentes indígenas y en la evolución de las prácticas artesanales mexicanas. Ambas perspectivas ayudan a comprender el contexto cultural en el que surgieron distintas formas de trabajar el papel, pero es importante distinguir esos antecedentes de la historia documentada de la técnica actual.

Con el tiempo, el papel de colores y las herramientas de corte permitieron crear diseños cada vez más elaborados, con figuras simétricas, flores, animales y motivos religiosos o festivos. En comunidades artesanas como San Salvador Huixcolotla, Puebla, esta práctica desarrolló características propias y se convirtió en un oficio transmitido entre generaciones.

Papel picado de San Pablito, Pahuatlán, Puebla 1995 Foto: INAH

Así, el papel picado que hoy adorna las ofrendas de Día de Muertos es resultado de una evolución histórica en la que confluyeron materiales, conocimientos y tradiciones diversas. Su historia no se limita a un único punto de origen: también refleja la manera en que las comunidades mexicanas adaptaron técnicas y recursos para dar forma a una expresión cultural propia.

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