La España de 2008 ofrece una lección económica que Europa debería evitar en la búsqueda de un nuevo modelo de crecimiento
La vieja economía de España luchó (devaluación interna incluida) durante años para adoptar el modelo de crecimiento de la próspera Europa y lo consiguió a base de 'sudor y lágrimas'. Ahora, la próspera Europa necesita un nuevo modelo de crecimiento y mira con tentación el de la antigua economía de España. Esta paradoja es cierta, aunque con matices. Europa necesita un nuevo modelo de crecimiento porque China le ha 'robado' el suyo y se está comiendo su superávit comercial y por cuenta corriente. Hay que admitir que los chinos fabrican bienes similares a los europeos, pero más rápido, en mayor cantidad y mucho más baratos (lo de la calidad ya es más opinable). Sin el motor de las exportaciones, Europa necesita un nuevo modelo de crecimiento (coinciden los expertos) y todo hace indicar que el objetivo sería alcanzar un punto más equilibrado en el que la demanda interna juegue un papel más importante. Es decir, donde el consumo y la inversión (dentro del continente) tengan un mayor peso en el PIB. Este modelo, si se logra mantener el equilibrio, parece atractivo, el problema es que encontrar y mantener el equilibrio es, precisamente, lo complicado. España demostró entre 1999 y 2008 que basar el crecimiento en la demanda interna puede funcionar durante unos años, pero si no se aplican políticas restrictivas (saber retirar el ponche cuando la fiesta alcanza el momento álgido y todo el mundo quiere más ponche) en el momento adecuado, las burbujas de crédito y en el precio de los activos se convierten en serias amenazas. Los propios economistas de ING avisan en una nota de que los cambios de modelo no siempre han salido bien en los países de la zona euro.

