¿Puede McAllen tener más pobreza que Monterrey?
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Alrededor de la podredumbre política venezolana hay socialistas tan pillos e incoherentes que desprestigiarán al PSOE y a la izquierda mundial indiferente a esa gangrena.
Un ícono es el ex juez Baltasar Garzón, famoso desde 1998 por una orden internacional de captura contra Pinochet, convaleciente en Londres tras una cirugía. Inmediatamente “se convirtió en paladín de la justicia internacional”. Antes, había interrumpido su carrera para ser diputado del PSOE (1993) y secretario del “Plan Nacional sobre Drogas”. Al retomar la magistratura, reactivó el caso GAL, generó “gran escozor entre los socialistas” y persiguió a la cúpula militar de ETA. Tras los ataques del 11S persiguió a Osama Bin Laden y, después, intentó procesar a Berlusconi. En 2005 suspendió nuevamente su oficio para dictar cursos sobre extremismo político en NYU. En 2010, su curriculum sufrió un duro revés. Fue acusado de “prevaricación y cohecho” por rechazar una querella contra el banco que le había financiado sus cursos en NY y por grabar “conversaciones entre acusados y sus abogados”. En 2012, inhabilitado como magistrado, fundó ILOCAD (International Legal Organization for Cooperation and Development) para defender “a quien se lo pida” y le pague. Según el representante de la BBC en Madrid, Garzón había logrado “incomodar a diestra y siniestra”. Luego, con incentivos comerciales y mayor flexibilidad moral, acepta a quien asuma sus jugosos honorarios. Así llegó a la élite chavista en España. Por ejemplo, el Banco de Andorra lo contrató “para desbloquear las cuentas del magnate venezolano Diego Salazar, cuyo abogado era Dominique de Villepin”, ex Canciller socialista francés. Nervis Villalobos, socio de Salazar, viceministro de Energía chavista, también investigado en España, fue defendido por Garzón, quien “cobró 176.400 dólares por asesorar a dos venezolanos acusados de expoliar 2.000 millones”. Como buen socialista negó ese contrato para luego alegar que “de algo tenía que vivir”.
Cuando en 2020 detuvieron a Alex Saab en Cabo Verde para extraditarlo a los EEUU, el testaferro de Maduro acudió al astro defensor. La OFAC estadounidense lo había sancionado por “orquestar una red de corrupción que permitió al régimen obtener importantes ingresos de las importaciones y la distribución de alimentos. Saab (se benefició) de contratos sobrevalorados, como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, o CLAP”. Garzón defendió a quien enviaba a Venezuela alimentos de pésima calidad, con denuncias por descomposición, adulteración, gorgojos o gusanos, que provocaban, además de malnutrición infantil, riesgos gastrointestinales. Todo por unos millones de dólares para poder vivir.
En 2021, tanto la calidad de los productos CLAP como sus estragos ya eran discutidos en revistas académicas. En los medios, las alarmas sonaron antes. El País mencionó desde 2018 el decomiso en Colombia de “casi 400 toneladas de alimentos en mal estado (que iban para) Venezuela”. BBC habló del “fraude con los CLAP desarticulado en México”. Aún hoy, el superhéroe justiciero proclama ser adalid de la lucha anticorrupción. “El éxito es levantarte cada día, ser coherente y, como servidor público, estar a disposición de los demás” pregona. Pero como abogado privado no tuvo reparo en defender un mercachifle sin escrúpulos que, detenido en los EEUU, abrazó la causa socialista. Desde su cautiverio, tal vez bajo influencia ideológica garzoniana, Saab escribió conmovedoras cartas. “América odia el Socialismo. ¿Por qué? Porque si el pobre progresa, sería menos explotado”. Maduro, Chávez y la Revolución Bolivariana, habrían rechazado las sanciones y acusaciones de EEUU por atacar un régimen que buscaba la emancipación.
La entrega de Saab a la justicia gringa agravó la situación legal de otro arquetipo socialista, faro político y moral en Latinoamérica: José Luis Rodríguez Zapatero, quien acaba de ser imputado por blanqueo de capitales con fondos de PDVSA o los CLAP. Multimillonario, misionero y sectario, es célebre su lema “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”. Cultiva su séquito político en Colombia. “Me identifico plenamente con (su) visión”, trinó en 2024 Iván Cepeda. Antes, Gustavo Petro, más concreto, discutió con él “cómo lograr una Colombia en Paz y una América en Paz”. Tal vez sabía que Zapatero aspiraba al Nobel. El “presunto malhechor” no ha sido condenado pero sí sólidamente imputado. En España provocó un verdadero tsunami. En Colombia, el silencio de toda la izquierda es abrumador, aunque los cargos incluyan pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias por mínimo 2 millones de dólares y blanqueo. El prontuario informal es más abultado: colaborar con una dictadura, involucrar a sus hijas en negocios turbios y ser “cómplice de la represión y (el sometimiento) de millones de personas en medio de una crisis humanitaria, económica y política sin precedentes”. El presidente del Cambio, versátil tribuno que pronto quedará cesante, podría ofrecerle a Zapatero una defensa político-activista y bien paga, la especialidad de Garzón.
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