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Nevaco Global
4 de julio de 2026

El 4 de julio más aciago para Trump en la Casa Blanca: sin acuerdo con Irán, con la capital en obras y los sondeos en contra

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Donald Trump señala hacia el nuevo Air Force One, regalado por Qatar, antes de embarcar, en la Base Conjunta Andrews.

Evan Vucci

Reuters

Trump organiza el evento Salute to America 250 en Washington, con gran despliegue militar y de seguridad, pero la celebración enfrenta problemas logísticos, críticas y baja participación.

El estado de la capital y la puesta en escena del aniversario muestran signos de decadencia, con obras inconclusas, infraestructuras deterioradas y polémicas relacionadas con monumentos y gastos.

La imagen internacional de Estados Unidos se encuentra en mínimos históricos, con aliados que han perdido confianza y una gestión exterior criticada, especialmente en el conflicto con Irán.

Las encuestas reflejan una caída significativa en la popularidad de Trump, atribuida a la inflación, la inseguridad y el descontento generalizado en medio del 250 aniversario del país.

Washington D. C. está preparada para el mayor evento de su historia reciente. El eje es el llamado Salute to America 250, una jornada completa en la explanada del Monumento a George Washington, con desfile, vuelos militares, acrobacias aéreas sobre la ciudad y unos fuegos artificiales que la organización —la sociedad público-privada Freedom 250, creada por el propio Trump— promete como los más espectaculares de la historia.

Se espera más de un millón de asistentes y un discurso presidencial de cierre. Alrededor, la gran Feria Estatal Americana que recorre desde el 25 de junio el Mall del Capitolio hasta llegar al obelisco ha sido declarada por primera vez "acontecimiento especial de seguridad nacional".

Para la ocasión, se han desplegado cinco mil efectivos de la Guardia Nacional y el aeropuerto Reagan quedará cerrado desde el mediodía del día 4 hasta la jornada siguiente. El presidente lo ha vendido, sin complejos, como "el mitin más espectacular que se recuerde".

El problema es que la escenografía se cae a pedazos, y a veces literalmente. La feria estatal, pensada como gran escaparate patriótico, ha exhibido gradas semivacías, estados que declinaron participar alegando coste y política, y fachadas que resultaron ser lonas de vinilo grapadas sobre madera contrachapada.

La maqueta a escala del arco triunfal que preside el recinto se deformó con el calor y se convirtió en carne de mofa en las redes. A ello se suma la cancelación de conciertos por motivos de seguridad e incluso se ha prohibido la presencia de una vaca de exhibición llamada Melania.

La celebración, en suma, ha ido tropezando con todo tipo de obstáculos antes incluso de encenderse la primera traca.

Mención aparte, como decíamos, merece el arco. Trump quiere levantar junto al cementerio de Arlington un arco de triunfo de 76 metros inspirado en el de París —casi treinta veces más alto que el original y llamado a ser el tercer edificio más alto del Mall—, con un coste estimado que ronda o supera los cien millones de dólares.

La Comisión de Bellas Artes, que él mismo ha designado, aprobó el diseño; los demócratas han presentado una proposición para bloquearlo y un grupo de veteranos y un historiador lo han llevado a los tribunales, aunque la jueza Tanya Chutkan declinó paralizarlo.

Preguntado a quién homenajea el monumento, el presidente respondió sin rodeos: "A mí". Los críticos lo comparan con los arcos de Corea del Norte y Turkmenistán.

La magnitud del aniversario contrasta con una realidad incómoda: desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la posición estadounidense en el mundo no había sido tan endeble.

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